Quería un mundo mejor…

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Mi primera satisfacción fue…

y lo digo con propiedad… porque aprendió a leer.

 

Se llamaba… porque… ya murió.

Murió en la lucha… siendo el primero

para enseñarle al pueblo la única salida:

¡Morir! y ¡Como morir!

 

Era un tal Andrés,

hijo de la Eva Torres

a quien respeto… al igual que a él, su hijo…

porque los dos murieron ya…

la primera, por la sobrevivencia en los cafetales…

y él porque no había otra salida.

 

Murió aquí en Santa Tecla,

el 11 de octubre de 1979.

Nadie se hizo cargo de su cuerpo inútil…

aunque estuvo expuesto…

esperando a familiares.

Los diarios publicaron en primera página la noticia…

hasta con colores vivos y decía más o menos:

“La Policía Nacional, la Guardia Nacional,

la Policía de Hacienda y 100 soldados

del Destacamento Militar…

emboscaron a 3 guerrilleros…

acción que duro toda la noche”

 

Allí estaba Andrés Torres Sánchez…

Según cuentan no lo mataron;

sino, se mató…

pues, según dice el diario

habían agarrado unos centavitos

de un banco por allí

para gastos de emergencia…

 

Ese día estaba yo gritándole

a los niños cosas diferentes

a lo que yo estaba pensando…

A lo mejor los turbé.

 

«Cien mil colones» decía la noticia,

no era ni tanto para el costo.

Pienso que sumando

cien, más cien, más cien, no es mucho…

el objetivo es lo que importa:

Enseñar como morir por los demás…

por sus hermanos salvadoreños libres…

comidos por lo menos.

 

Dicen que cuando fueron vencidos…

el coronel entró furioso,

porque se encontró que los cien mil colones,

habían sido quemados…

¡Que desgracia! dijo

porque los quería para sí.

 

Esa noche final deliberaron supongo…

Andrés ejecutó a los dos,

a un hombre y a una mujer…

sus compañeros de lucha…

a quienes también amaba…

Él se dio un balazo en la rodilla…

y con su sangre puso las siglas

de su organización: FPL

Y se mató…

 

No lo mataron… siguió viviendo…

en el corazón y en la mente de su familia…

aunque en el fondo sufrían, pero conformes

porque antes, con palabras sabias y adecuadas

los había preparado…

convencido ahora para el caso de que

¡Su cuerpo fertilizaría la tierra!… Amén.

 

¡Ay de los que no quieren aprender!

dundos serán toda la vida

y no servirán mañana… para la historia,

y solo servirán como paja en el infierno…

y la tierra en que nacieron

les reclamará ¿Qué hiciste? ¿Qué te hicieron?

¡Nada, serán una desgracia!…

Para los que no entiendan o luchen

por algo en esta vida, a veces ingrata,

¡Habría sido mejor que no nacieran!

 

Andrés fue campesino.

Adulto a los 7 años.

Yo me lo encontraba en el camino…

le tenía miedo porque

era bien formadito… pequeñito…

músculos duros… morenito…

careto… quizá no se bañaba…

 

Iba por el camino paso a paso…

con la cuma en el hombro…

y las patas en el suelo… pun, pun…

colochito…  parecía africanito …

Yo creo que le ganaba

al “tata” en hacer más luego que la tarea.

 

De regreso me lo volvía a encontrar por la tarde…

me hubiera gustado jugar con él.

Yo era más grande ya…

privilegiado por mis abuelos

por ellos viajaba a Quezalapa

a la finca La Bellota,

para hacerle algún oficio o mandado

y usar mi morralito de trapo

con algunos comprados.

 

En ese entonces la relaciones

con Andrés eran lejanas.

La sorpresa llego años más tarde…

yo cursaba primer año de bachillerato…

cuando me lo encontré sentado

en el primer pupitre del salón de clase

de la escuela nocturna que el padre Cea fundó…

queriendo aprender, por lo menos,

a leer y a escribir tal vez.

Doña Eva Posada de Arévalo…

lo guiaba y lo animaba…

porque fue la maestra de ese nivel…

bueno… aprendió a leer… y

ese mismo año agarrándole las manos, al fin

aprendió a escribir…

y así en tres años…

con Víctor Hugo Mata y yo

ganó el sexto grado o tercer nivel.

 

Bueno, la sorpresa fue tal…

cuando se inscribió como alumno del Colegio San Andrés

Ya podía apuntar o escribir los nombres

de la gente que iba a cortar el café

a la finca de Doña María Borja…

su protectora entonces… gran cambio…

 

Andrés ¡Qué alegría!

ya era mi compañero de Colegio.

En esa época me buscaba…

porque yo… ya era profesor del Colegio.

Me decía: ¿Qué hago?, ¿Qué debo hacer?

présteme un libro… explíqueme…

Yo lo veía satisfecho cada vez

y… yo me sentía alagado.

 

Yo choteaba con mis amigos por las noches…

nunca anduvimos juntos, porque él era formal

siempre trato de reponer…

el tiempo perdido… decía él

“Porque si no lo repongo,

los santos lo llorarán a mares”

 

También todas las tardes

jugábamos fútbol.

El Andrés se empezó a meter…

Era un tractor caterpillar

Entonces ya…

le tenía miedo otra vez…

porque me podía quebrar.

A él no le importaba quien estuviera enfrente

corría en una sola dirección,

para pegarle a la pelota.

Nunca hizo un gol para gritarlo,

pero contribuyó a hacerlo.

No fue un alumno brillante tampoco

siempre fue chineando una o dos materias

– en un principio por supuesto –

inglés, principalmente;

“esa materia me cae mal” decía…

“¿Qué hago?» me dijo un día,

«como es obligación

hay que llevarla»… y en esa lucha estuvo…

hasta que a fin con entereza la superó…

Andrés saco su bachillerato.

 

En navidad, yo recuerdo en 1965

le preguntamos: ¿Y qué has pensado

hacer en los próximos años?

y contesto “Ya fui a San Salvador

y ya estoy inscrito”… cabal…

ya era alumno de la Universidad Nacional.

Yo me quedé como profesor y él… nada menos

que un alumno aventajado… y …

a los años licenciado.

De «cumero» se volvió

nada menos que en Sociólogo.

 

Recuerdos y anécdotas a montones,

que solo salen cuando uno

se muere por algo importante…

y que no debemos olvidar.

 

En el Colegio había que

comulgar todos los días

durante el mes de mayo sin fallar

en honor a la Virgen María,

hasta hacernos sentir

el sacrificio con pureza.

Como también había que pasar al frente,

en formación general

para narrar un milagro

o favor que ella nos haya

concedido alguna vez…

el tal Andrés nos hizo creer…

cuando a él le tocó su exposición,

que la Virgen le había salido

entre las Piedras Topadas y

le dijo que estudiara bastante

para favorecer a muchos que

no creen en la misión de su hijo.

 

Para nosotros los grandes…

la cosa era difícil… porque…

nada de masturbación…

ni siquiera con el pensamiento.

 

Cuando Andrés se confirmó

como estudiante… leía mucho…

y puso en práctica lo interpretado.

 

Los trabajadores del campo

una vez que lo encontraron

trotando por el camino,

antes de irse al colegio

a las cinco de la mañana.

Y… como iba y venía

entre la orilla del pueblo

y las Piedras Topadas,

hicieron la bulla que

estaba loco de remate.

Uno de ellos, que antes fueron

compañeros en las tareas del campo,

lo enfrento y le dijo lo que la gente decía…

y él, muy elocuente contesto:

«Lo que pasa es que la gente…

no sabe que el ejercicio corporal…

es salud… es medicina… es vida».

 

Un día me lo encontré,

aquí en San Salvador

“te invito a una cerveza” me dijo

al calor de los recuerdos se hicieron más…

y revueltas las palabras…

nos emborrachamos y… me llevo a su casa.

Ya muy noche, yo quería orinar

no encontraba la puerta de salida

ni sabía dónde estaba

al fin encontré una…

y donde vi blanquito…

allí me oriné.

A la mañana siguiente me di cuenta…

era el lavaplatos en la cocina

¡Que vergüenza!… ¡Qué pena!…

pero me sucedió.

 

Lo más valioso de Andrés fue

su carácter fuerte, templado y convencido;

virtudes que valieron la pena…

Andrés siempre amo a su raza.

 

El 12 de octubre amaneció muerto.

Yo, al recibir la noticia pensé…

y me hice mil conjeturas:

¿Habré hecho bien con enseñarle…

para que fuera una persona instruida?

¿Habrá sido feliz?

Quizá me equivoqué.

Y… ¿Estaría vivo con la cuma en sus hombros?

o… ¿Se habría muerto de hambre ya?

Ese fue su destino.

Finalmente pensé

Andrés enseñó a sus contemporáneos a

como cultivar la mente y…

como cultivar el corazón.

¡Que Dios reconozca…su tarea! amén.

 

LAZAU

 

 

 

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