UNA ENFERMEDAD ANUNCIADA

Publicada: 02/04/2017

Esto que ahora me presto a escribir es por insinuaciones de muchas personas que yo sé que me quieren mucho y no voy a decir sus nombres, porque son muchos y así me lo han pedido, pero debo decir que estoy vivo primero porque Dios es grande y nunca me abandonó y luego mi familia entera que no tuve un solo día sin ver por lo menos una al frente de mis ojos, una hija o mi compañera de vida siempre estuvieron ahí los noventa días que estuve en el hospital; un día una y el otro día la otra… gracias, muchas gracias por esto.

Hay cosas que podría decir; pero quiero enfocar mi escrito en los quince días que estuve en cuidados intensivos o en coma porque se dio algo muy interesante, podrá haber psicólogos o psiquiatras que podrán conjeturar o poner entre dicho lo que yo voy a exponer en este primer escrito. Ahora bien, yo voy a exponer lo que en verdad sentí, pienso ahora y si alguien tiene una explicación científica, teológica o simplemente religiosa bienvenida será.

El caso es que me operaron de la tráquea, los médicos dijeron que enfermé por el mucho yeso que aspiré durante muchos años; pero lo que pretendo enfocar es lo que sucedió mientras estuve sin conciencia. Y es ahí donde estriba el problema porque desde el primer día tuve sueños, terribles pesadillas que hasta ahora muchas no se me olvidan.

Hay otros detalles, como es el caso que todos los sueños fueron con mis familiares. Yo andaba con ellos, pero no nos hablábamos ni nos podíamos tocar. Éramos espíritus entonces o ¿qué seríamos? porque siempre hubo un sufrimiento y tras de uno otro, o quizá descansaba y dormía mis ratos. La verdad es que no se nada; me cuentan que me vinieron a ver muchos amigos y yo no los vi ni escuché, solo me contaron después, pero si estaba echándole riata a mis pesadillas y si así es el sufrimiento en el purgatorio o en el infierno es mejor que nos vayamos portando bien y ver con el corazón a nuestros hermanos y ser luz en la oscuridad que viven muchos.

Yo recuerdo que la primera pesadilla larga y monótona, no sé si cabe la palabra, pero quiero decir que se repetía lo mismo o sea al terminase ese episodio volvía a comenzar el mismo. Vamos a ver si puedo expresarlo.

De pronto caigo acompañado con toda mi familia en un bosque donde hay todo tipo de terreno, digo, partes planas, zanjas y a veces hoyos por todos lados con la vegetación espesa, van todos conmigo y yo voy adelante con la única arma, un enorme corvo o machete bien afilado con el que voy rompiendo la maleza y defendiéndonos, de todos modos caminando, acostados panza abajo panza arriba porque nos persiguen hombres que nunca vimos y por arriba aviones que nos bombardeaban pero tampoco los vimos, solo sentíamos los bombazos. Por fin llegamos a una llanura en donde podíamos correr; pero yo no podía porque las piernas me pesaban y yo con el machete filoso me dispuse a herirme longitudinalmente los muslos de las piernas para sacarme la sangre. Así fue que saqué la sangre y corrí y corrí sin descansar; pero allá cuando llegué caí y ya no pude caminar, solo quedaron los huesos y mi familia no estaba… se perdió y vino un sufrimiento mayor… y esto era la de no terminar…

Esta es otra pesadilla quizá de otro día de los quince y es menos tenebrosa pero más difícil de contar, aunque igual con la misma frecuencia, terminando un episodio igual empezaba otro parecido y así todo el tiempo sin parar. A una de mis hijas la nombraron ministra a saber de qué, en otro país muy lejano y yo fui a visitarla y bien me acuerdo que iba yo sentadito dentro de una camioneta 4×4, pero no vi al motorista, al llegar a ese país todo bien; busqué un terreno baldío y como era un sueño, rápido hice una casa y pagué el terreno. A mi hija no la encontré, pero luego empezó mi sufrimiento: llegó un poco de gente con lazos y me amarraron de los pies y manos, me arrastraron por toda la ciudad sin que alguien intercediera por mí. Me llevaron a la casita, pero a seguir el sufrimiento de la espera de la próxima arrastrada por los mismos lugares del día anterior. La casita además se convertía en una “casa de espantos”.

Nunca tuve paz ni siquiera mientras llegaba la próxima pesadilla. Si así se vive en la otra vida prefiero esta, aunque me tocara aguantar frío aquí, trabajo forzado y comer salteado.

Otra de las pesadillas inolvidables de las tantas que sufrí, y que en realidad jamás sucedió entre mi familia no solo porque es indecoroso, sino porque entre mi familia y yo nunca hubo violencia… El caso es que cuando enfermé soñé que no quería ir al hospital y mi hijo llegó con cuatro trabajadores de él y me tomaron por la fuerza y me golpearon hasta inmovilizarme, finalmente me amarraron y me llevaron al hospital.

Lo terrible de estas pesadillas es que se repetían una tras la otra y en la siguiente no hay ni un pequeño recuerdo de la anterior. Lástima que no se pueda retroceder el tiempo y cambiar nuestros patrones de conducta y en vez de gastar el fruto de nuestro trabajo en boberías, darlo a personas necesitadas para ganar un espacio en el cielo.

Esta pesadilla si fue larga y de acción continua. Comenzó con que estaba convaleciente de una larga enfermedad y no podía caminar; me acompañaba una familiar que me subió a una silla de ruedas y me llevó a un bus que comenzó a caminar en tierra, pero de pronto íbamos sobre las aguas del mar… por fin llegamos a una ciudad bajo el nivel del mar. Yo estaba mirando desde mi lecho en una cama todo el santo día, las aguas del mar como que se iban a venir encima de la ciudad… así el sufrimiento fue continuo durante varios días; pero el bus – barco mío no venía… ni la persona que supuestamente me cuidaba… porque eso fue así, me martirizaba ver todo el día las aguas que se me venían encima, pero también el hecho que iban y venían personas; pero la que yo esperaba no. De pronto vino y estuve de regreso, sin duda para comenzar otra pesadilla.

Todos los sueños fueron agobiantes pero este que me dispongo a escribir fue extremadamente agotador. Una persona que no puedo decir su nombre y que la quise con toda mi alma, me invitó a presenciar una obra de arte allá en un lugar remoto. Estábamos allí en un salón grande pero angosto… había mucha gente sentada y las presentaciones se hacían en un entablado improvisado… todo estaba bien, pero al final los protagonistas fuimos nosotros… yo y mis hijos no para que bailáramos, sino para matarnos… y así estuvimos… corríamos buscando una salida y nada… a veces nos encontrábamos con hombres armados que nos obligaban a regresar… y…. esto se repetía y jamás terminaba. Pero esta vez sí recuerdo que de pronto me encontré con otra persona también conocida, que me dijo que quién me había llevado ahí, me quería ver muerto.

Esta vez trataré de ser más breve porque son muchos los sueños y el tiempo es corto. En éste, el escenario estuvo al lado izquierdo de la carretera llamada Los Chorros, precisamente después de ahí, estaba un edificio grande de dos plantas y por dentro con sus respectivos espacios igual que un hospital. A mí me llevaron ahí y me dijeron que para reposar. Estaba lleno de enfermos y yo era uno más… cual fue la sorpresa, que llegué ahí para que me trataran mal… me bañaban de madrugada con agua fría… me llevaban y me traían de arrastrada… las comidas heladas y duras sin sabor. Cuando algunas pocas veces me cambiaron la ropa de cama, para mientras, me tiraban a la cuenta de tres entre tres enfermeras a una silla dura que me hacían gritar; y para ajustar el martirio, llegaba a su máxima expresión cuando necesita un trago de agua, porque me moría de sed y las enfermeras estaban alrededor de una mesa allá a lo lejos, comiendo cuando era de día y jugando naipes cuando era de noche; pero el martirio consistía en que al grito de agua… agua… agua… una de ellas se levantaba con una botellita en la mano y le dejaba caer en la boca del cristiano un chorrito chiquito. Los días pasaron y yo ahí convaleciendo. La última sorpresa es que ese lugar era un hospital clandestino.

Este que voy a contar es un tanto morboso y un tanto divertido que hasta hoy que me acuerdo me da risa.

Mi hija mayor tiene un hijo tiernito y se juntó con otro hombre del que salió embarazada. La pesadilla también estriba en que ese hombre es hijo de alguien que dice ser nieto igual que yo de mi abuelo materno, y éste que se ha convertido en mi yerno, guarda un rencor infundado por su padre por problemas de herencia, lo que hace que no nos comuniquemos ni siquiera con miradas. El hombre, mi hija, su bebé y yo salimos en bus hacia México porque en Puebla me venderán un camión nuevo y barato marca Land Rober, cama alta, cuatro toneladas y que él lo manejaría y trabajaría en un negocio principalmente de granos básicos. Pero hasta aquí el problema no se había destapado en forma. Mi hija tuvo el otro bebé en Arriaga, cuando volvíamos y tuvimos que pasar a un hospital. Cuando por fin llegamos a nuestro país, aquí las indiferencias y malas miradas se convirtieron en golpes, la fatiga creció y yo perdí mi dinero. Mi yerno viajaba con producto para Quezalapa, en ese ir y venir, salió embarazado, cosa rara tuvo otro bebé y se le hicieron tres hijos; pero lo curioso del sueño es que él lo parió, provocando con esto la separación total de nuestras vidas.

Parece tontería, pero así fue el sufrimiento continuo. Esta vez el escenario es Santa Tecla con la participación de dos de mis hijas y sus esposos. Yo soy el que vivo aquí en una casa de dos plantas y permanezco todo el día en la parte alta que consta de varios cuartos, pero con un piso flojo que me provoca miedo terrible, porque a menudo cuando camino se caen piezas que van a dar al fondo. Por las noches mis hijas llegan con sus esposos con una conducta indeseable. Ellos no las quieren porque las maltratan, las golpean, lloran, suspiran y se muestran impotentes al igual que yo porque estoy viejo y enfermo. Algunas veces que intervine y los traté de sacar de la casa, casi me matan. Y esto se repite y se repite, pues el sufrimiento no tiene fin.

Con esta pesadilla voy a terminar porque son muchas y quiero dejar claro lo que yo pienso. Yo estoy bastante temeroso porque me imagino que así es el sufrimiento en el infierno.

En este último sueño quizá ya estaba volviendo en mí, porque se dio en el hospital y estaba dormido, pero veía que me llevaban para allá y para acá y también a los demás enfermos. Vi cuando varios enfermos que estaban enfrente y a mi lado se murieron y pasaron allí la noche entera y que hasta el día siguiente se los llevaron. Vi que a uno que murió en la cama de enfrente un doctor sangrón acompañado de otra doctora y otro más, le abrieron la panza y le cortaron pedacitos de cada órgano y los fueron colocando en una especie de muestrario. Luego lo cosieron y se lo llevaron. Todo esto a mí me provocó gran sufrimiento.

La pesadilla que más me deterioró fue el desprecio de mis familiares que llegaban cerquita de mi cama y se hacían los mareados y yo me quedaba muy triste e impotente… lloraba.

Pero era una pesadilla porque la verdad es que durante tiempo que estuve enfermo tan solo un día un familiar no llegó porque los buses ni los taxis no circularon; pero como buen ángel y por obra del Espíritu Santo se me apareció Lito Rivas y él me dio de comer porque yo para entonces no podía moverme.

Mucha gente me pregunta de qué estuve enfermo… pues lo único que sé es que me operaron de la tráquea… ¿Quién tuvo la culpa?… el médico que me operó dijo que el yeso que tragué en muchos años de enseñanza… pero yo estoy consciente que tuve otros desarreglos como el haber fumado durante muchos años y por eso quiero contarles que comencé a fumar cuando apenas tenía ocho años… a la casa de campo de mi abuelo llegaban personas acomodadas y se echaban sus tragos y fumaban… mis primos y yo jugábamos de carrito en el piso y entre los dedos nos pasábamos llevando las “chencotas” para luego irlas a fumar allá lejos en el cafetal y cuando ya crecimos nos comprábamos los cigarros.

Últimamente yo me sentía avergonzado, cansado y enfermo… quería dejarlo, pero no podía… le pedía a Dios ayuda y le prometía no fumar hasta las 11 de la mañana y en esta treta pasé mucho tiempo. Un día me peleé con Dios y le alcé la voz… le dije que no me ayudaba para nada, agregué, “Padre Nuestro mándame a una iglesia o a un hospital porque solo ahí no fumo”.

Habían pasado tres días cuando me cogió un dolor repentino en la garganta que aumentaba cada vez más y más, fue cuando perdí el conocimiento y me cuentan que solo dije: “Háblenle a Hugo Mata para que me lleve al hospital”

Bueno con esto termino, dándoles un consejo: Con Dios, no hay que pelearse.

LAZAU

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