
Ésta digo yo que es mi primera memoria bonita porque aún recuerdo y siento el sabor de la mielita de los alborotos. Tendría yo tres o cuatro años cuando en esa época se usaban las almohadas de algodón puro y natural sin ningún procesamiento, y como entonces el clima era extremadamente húmedo, periódicamente se asoleaba el algodón extendiéndolo sobre una pieza de tela, petate o colcha para ponerlo de cara al sol… y es aquí donde cabe la importancia de lo que quiero contar.
Por la tarde al remover y juntar el algodón para volverlo a embolsar, debajo quedaba abundante semilla, y para mi capacidad pensante de niño, de esa semilla se hacían los sabrosos alborotos.
Traigo a cuentas esta historia para que quienes tienen niños interpreten las necesidades y aspiraciones de sus hijos cuando son pequeños. Yo recuerdo que como no podía hablar bien todavía, me quedé con las ganas de los alborotos hechos en casa.
Jamás imaginé a esa edad que los alborotos se hacían de maicillo.
LAZAU
Muy sabrosos los alborotos que hacía la niña Amelida que vivía junto a la escuela Rodrigo J. Leiva. Ahí pasaba a comprar las pelotitas con miel de panela
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Claro que sí. Sabrosos los alborotos, ojalá nunca se dejen de hacer y no olvidemos ese rico sabor de infancia. Gracias por tu comentario.
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