
En todos los pueblos del país se habla del padre sin cabeza y el nuestro no es la excepción; mi tía abuela Serafina Arévalo Avelar decía: “Esos son puros cuentos del Chema (papá de Don Chemita Rivas hijo)…Que dicho sea de paso Don José María Rivas (padre), toda su vida fue entregada al servicio de Dios; ahora tengo la oportunidad de enaltecer su nombre y estoy seguro está en la gloria. El hijo, que también se llamaba igual, hizo de su vida lo mismo… Mi respeto para él.
“Lo que pasa – continuó diciendo mi tía abuela Serafina – que si el Chema no inventa eso, la puerta del campanario siempre va a estar botada… ¿Qué no ven que Chema la repara y a los pocos días está en el suelo otra vez?… Y es que los cipotes curiosos y traviesos para desengañarse de cómo se ve alrededor estando arriba en lo alto, la botan una y muchas veces… la gente ignorante piensa que de ahí sale el Padre sin cabeza” terminó diciendo.
Mi otra tía abuela que se llamaba Chus, hermana de la tía Sera, salió al paso y le replicó diciéndole: “Yo más creo Sera, que el que sale no es sin cabeza, sino de cuerpo entero ¿Porque acaso no te acordás que mi abuela, que en paz descanse, nos contaba que aquí vino un padre que no era muy santo y que se escurría por las noches a hacer sus travesuras?.. ¿Que no te acordás que nos contó que una vez se fue hasta Ataco de noche empantalonado, porque se iba montado en el caballo para pasar la noche “chiviando” con amigos que tenía allá?…”
Esa vez que la abuela nos contó le fue muy mal porque les ganó a sus amigos haciendo chanchuyos, lo agarraron a trompones y uno de ellos terriblemente enojado sacó el bastón en el que había adaptado un verduguillo con el que le traspasó las tripas… El Padre logró montarse en el caballo y salió en tropel para Apaneca y apenas logró llegar… Al día siguiente ya no hubo misa, mucho menos el domingo y al sospechar fueron a buscarlo y lo encontraron muerto.
En esa época el Arzobispado castigó a esta parroquia del Apaneca y a la de Ataco también… Las dos se quedaron sin párroco porque éste también atendía la de allá. Desde entonces la gente decía que había visto al Padre rondar por las noches el territorio de la casa parroquial.
Don Chico Morán, un señor sesentón y “tunantón”, contaba que el Padre ofrecía misa pero a las doce de la noche y el que asistiera se hacía rico… y agregaba que la iglesia estaba llena de señoras todas sentadas vestidas de negro y cada una tenía una candelita encendida en la mano, todas agachadas y no se le veía la cara; que cuando algún interesado o interesada se paraba en la puerta veía al cura vestido de negro allá en el fondo del altar, pero no tenía cabeza; cuando eso sucedía una de las señoras se paraba y venía a la puerta para atender la visita, le proporcionaba la ropa negra, se vestía y ya era de la grey. Los hombres se quedaban parados como era costumbre.
La abuela también nos contó que una vez le preguntó: “Y vos Chico, ¿Has visto todo eso que contás?”- y él contestó – “¡Puta, si eso quiere huevos! Ni de loco”.
Esa noche que mis tías abuelas tertuliaban les costó conciliar el sueño a causa del recuerdo de la historia que una vez les contó su abuela.
LAZAU