
Cuando estamos pequeñitos adolecemos de muchas cosas, como la comida que algunas personas hacen para vender, hablo de las golosinas pues; pero a esa edad no tenemos dinero para comprar. En esas circunstancias había una señora llamada Encarnación que vendía comidas baratitas y gustitos fáciles de vender y para que la gente se diera cuenta de la venta, mandaba a su hija que ya era mayor y muy bonita por cierto, a avisar; pero ella no podía hablar correctamente y parecía afectada de su cerebro, sin embargo, era útil en el negocio de su mamá.
La niña Chon, como llamábamos a doña Encarnación, le decía: «Andá a avisar que todavía hay hay tamales de cotuza, que ya está la sopa de chompipe y que por la tarde habrá chilate con melcochas» «Bueno» – contestaba ella – Y empezaba a grito tendido: «Dice mamá ver tamales de tupupusa, sopa de tupipe y chalate con acochas»… Juanita se llamaba.
Cuando los cipotes oíamos el anuncio empezábamos el berrinche.
LAZAU