LOS CAMINOS Y LAS CARRETAS

Los miembros de una comunidad se superan cuando sus necesidades aumentan. En esta ocasión quiero echar a andar mi imaginación en lo relacionado a los caminos. Nuestros antepasados desconocían el concepto de propiedad y por ende circulaban por todos lados como mejor les parecía, pero naturalmente para ir a un lugar determinado tenían que haber hecho ya un caminito o vereda para dos o tres personas a la par digo yo, después cuatro y así sucesivamente un grupito.

Más tarde, allá por el año 1,500 los españoles llegaron a América y trajeron el caballo; años más tarde el ganado y por ende la carreta. Todo cambió… El pensamiento de la gente fue diferente, hubo una evolución total; pero lo que me tiene entretenido en esta historia es lo que me contó mi abuelo materno cuando le pregunté por los caminos… Yo viajaba donde él en esa época para ayudarle en los oficios caseros y pude observar que en la troja todavía tenía la pieza más grande de la base de la carreta que él mismo construyó para trabajar cuando fue necesario, o los caballos no dieron abasto… Él me contó también que hacía viajes a Ahuachapán y Sonsonate, o a dónde fuera necesario… Él también me explicó que los caminos eran muy pero muy estrechos, que a veces apenas cabía la carreta; que era necesario llevar agua y guatera para los bueyes y por supuesto comida para los ayudantes; dijo que cuando viajaban lejos se ponían de acuerdo con otros y formaban una caravana. La carreta llevaba un pito que consistía en un caracol marino que al soplarlo sonaba; que muchas veces se comunicaban con otra carreta que ya venía y se interpretaban ambos para juntarse en un espacio amplio del camino para que los bueyes pastaran… Ahí había intercambio de información mutua de cómo estaba el resto por caminar, precio de los productos, un par de bromas y hasta compartir un talahuashtazo.

Otra de las cosas bonitas de ese entonces fue la encomienda a Dios manifestada en la salida del pueblo; lugar en donde había que decir una pequeña oración para que el camino se purificara y que la carreta y los bueyes aguantaran. Además, no encontrarse con personas de mentes  torcidas, aunque siempre iban pensando en el Justo Juez de la noche que los protegiera… Un día le pregunté si él lo había visto alguna vez y me contestó – ¡Son puras papadas hijo!… Es el mismo Dios en el que confiamos y nos guarda cuando lo buscamos e invocamos con fe -. En total mi abuelo era diestro en el oficio del carretear como también lo era en la agricultura; a mí no se me olvida que hasta hacía sus propios bueyes capándolos,  y también lo buscaban otros carreteros para que les hiciera el mismo trabajito.

Hay tantas cosas que se pueden decir de los sucesos del camino como lo que le pasó al ayudante de mi abuelo que se llamaba Don Ticho, que una vez que el no pudo viajar lo mandó solo y nunca regresó. Otros carreteros que venían por el mismo camino lo encontraron muerto a causa de un tetuntazo. Lo raro es que no le robaron el producto… lástima porque era un buen trabajador.

 

LAZAU

 

Deja un comentario