Los coyotes

Este no es un cuento, sino una historia que provocaba terror a los niños; no por el aspecto de chuchos giotosos que presentan, sino por el aullido que en grulla o manada hacían. Yo nunca vi uno, solo en fotografía, y me doy cuenta que se parecen y son familia de las hienas.

Estando yo muy pequeño allá por los años 40 y 50 del pasado siglo XX, en las noches al parecer tranquilas, el silencio se rompía con ¡Auuuuuu! ¡Auuuuuuu! ¡Auuuuuuu!, unos y otros, al parecer eran decenas de animales que al compás de los chirridos de los grillos, los coyotes no paraban… se sentía que caminaban de territorio a territorio entre los montes y cafetales… guatales tal vez… Pero lo que si recuerdo muy bien, es que la impresión psicológica que nos dejaba a los cipotes era dura, y creo que por eso adquirimos la maña de orinarnos en la cama.

Cuando los coyotes bajaban, todos los tendederos de las casas del pueblo estaban ocupados ya que algunos no solo amanecían mojados, sino también churrusquiados.

La montaña que abraza la ciudad de Apaneca por el norte se llama La Coyotera, ahí estaban sus madrigueras y como son animales carroñeros bajaban a donde estuviera la comida.

Traigo a cuentas esta historia porque los coyotes ya no están, se extinguieron, pero fueron parte de nuestra historia.

 

LAZAU

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