
Esto que les voy a contar fue una experiencia personal. Voy a tratar primero de hacer una descripción del escenario… Mi papá tenía su finquita a la orilla del pueblo, ahí estaba la casa donde vivíamos en la 5º Avenida. La finquita se extendía hacia el Poniente y se confundía con la montañita que alberga la fuente de San Andrés… Yo muchas veces me internaba en ella para disfrutar de la frescura. Al otro lado, o sea siempre al Poniente de la montañita, lindaba con la calle o camino de la finca Albania, el que sigue hacia otras fincas vecinas a la Barranca del Paso. Pues yo conocía muy bien la montañita que está cubierta de árboles grandes pero también debajo de estos está tupida de arbustos, bejucos por todos lados y naturalmente espeso de humus cubierto de hojas.
Un día se me ocurrió armar una trampa para tacuazín porque habían señales de abundancia y nosotros estábamos escasos de carne en la comida… yo tuve que pásarme al otro lado de la barranca porque ahí estaba el lugar óptimo para ello… La hice tal cual… Una casita cónica con baritas, su puertecita, el disparador y un guineo jugoso como señuelo.
El primer día feliz porque cayó un hermoso animal ¡Gordo! El segundo día igual… Y así varios cayeron; un día hasta una comadreja cayó. Pero un día la hazaña terminó cuando preparaba la trampa como a las seis de la tarde, hora que en la montañita ya era de noche y apenas se miraba. Cuando inesperadamente salió de la nada un animal del tamaño de una vaca e iba haciendo brecha entre los matorrales del otro lado donde yo tenía que pasar para salir a la propiedad de mi familia. Yo no vi el animal porque estaba de espaldas…Y… cuando me di la vuelta y me paré para ver el animal, solo vi la señal por donde había pasado… Todo sucedió en cuestión de segundos y me encontré en un callejón sin salida… Si me iba para arriba a salir a la calle de la Finca Albania, hacía tres días que se había ahorcado un señor que yo conocía en un árbol de tatascamite de la misma montañita y yo lo vi cuando estaba colgado…Tuve gran miedo… Entonces en cuestión de segundos tomé la decisión… Me santigüé… Tomé el corvo que andaba… y salí no se ni como a contarle el cuento a mi padre. No volví jamás a ese sitio.
LAZAU