Los canchules

*CANCHUL: Palabra nahuatl que significa niño pidón o niño pediche

“Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo canchules para nuestro camino…”

Así como vemos un enjambre de abejas que va en busca de un lugar donde posarse, así íbamos los cipotes unos tras otros para recibir el canchul, que aunque a veces solo fue un dulce, para nosotros significaba mucho… Bonita y agradable tradición que, por cierto, deberíamos de revivir ya que ningún joven de hoy se atreve a organizar una canchuliada.

Allá por el año 1955, un 1º de noviembre, Día de Todos los Santos, recuerdo yo que hubo una última canchuliada. Cuentan que inicialmente muchas personas ya conocidas y entusiastas del pueblo de Apaneca, se preparaban para ese evento poniendo como señal un farolito encendido en la puerta de sus casas.

Los canchules fueron tradición en mi pueblo. Yo me acuerdo con todo mi respeto de Doña Fidelina Marquez de Vielman, Doña Isabel Castaneda, Doña Susana Asensio de Carías, Doña Clarita Rivas de Asensio, Doña Evita Posada de Arévalo, las Niñas Arévalo Avelar, Doña Esperanza Márquez, Doña Juana Márquez de Madrid, y tantas otras señoras más que no recuerdo sus nombres; ellas preparaban canchules que consistían en tamales dulces, tamales pishques o de cambray… pero también ponche, shuco, atol… y en otros casos pan dulce que nos daban al tocar la puerta, aunque ya sabían que éramos nosotros al escuchar el sonsocanto: “Ángeles somos, del cielo venimos…” que se repetía una y cien veces hasta encontrar la casa dispuesta a recibirnos.

Pero esta bonita tradición terminó, pienso yo, cuando algunos compañeros mal educados empezaron a degenerarla. Yo me acuerdo que los mismos de siempre en una ocasión, en vez de gritar el sonsocanto de los canchules, cantaron la marcha de general Gerardo Barrios empleando palabras soeces no adecuadas para la ocasión, decían: “Cuando vayas a cagar no te limpies con papel porque el papel tiene letras y el culo no sabe leer”.

Voy a contar una y solo una de las tantas mala crianzas en las que desgraciadamente estuve presente; la voy a explicar con reservas porque es posible que algún amigo mío o familiar haya participado, y como mi intención no es herir susceptibilidades no diré sus nombres, aunque si se sintieran aludidos que lo digan.

Fue cosa de los mayores y lo planificaron en secreto… éstos alistaron un palo liso y lo llenaron o atascaron de pupú humano… Lo llevaron escondido en algo especial para no mancharse y para que la gran mayoría de nosotros no nos diéramos cuenta… Y nos fuimos a pedir canchules a una casa donde nunca habíamos ido… Nos pareció raro que ahí solo vimos a un joven, que para aquellos a lo mejor no era agradable, y que por eso quisieron dañarlo… Llegamos con el sonsocanto “Ángeles somos…” tocamos la puerta y el joven salió… En ese momento, los que estaban al tanto armaron un jelengue simulando un pleito entre los más grandes e hicieron una rueda de mirones alrededor de la trifulca, incluyendo al joven de la casa; y entre trompones y empujones, uno de los que estaba repartiendo más pescozadas le dijo al del palo: ¡Vení vos! ¡A vos desde hace días quiero darte verga! ¡Pero botá ese palo! El del palo le contestó: ¡Con el palo o sin el palo te doy verga! y para sorpresa del joven éste le dice: ¡Teneme el palo vos!, entonces el joven que lo toma,  y éste que se lo jala dejándole las manos atascadas de excremento… los demás cuando vieron lo que había pasado salieron corriendo… Yo también salí corriendo, pero tomé otro camino para contarles a mis papás lo sucedido.

La bulla entre la gente se regó y desde entonces la malacrianza de algunos amigos acabaron con la tradición, porque desde entonces nadie oye que se pida canchules como antes.

LAZAU

 

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