La Memoria de mi hermano Álvaro

Cuando mi padre murió, Alvaro tenía 4 años con ocho meses porque nació el 22 de diciembre de mil novecientos sesenta y uno. Ese día que mi padre partió me convertí en el responsable de cuatro de mis hermanos y tres de mis hermanas. Estela de la Cruz y Juana María ya habían fallecido para entonces.
Yo ya tenía compromiso de familia y trabajaba en la cuidad de Metapán y como se hacía difícil controlar a mis hermanos optamos con mi esposa llevárnoslos para que allá fueran a la escuela. Se fueron con nosotros Lázaro, Noé, Alvaro y la niña que apenas tenía 4 años (Estela). Edelmira, Ester y César se quedaron con mi mamá.
Alvaro que es el que nos ocupa ahora, fue a la escuela junto con Noé; Lázaro al Plan Básico donde yo trabajaba. Sucedieron tantas cosas, pero el espacio es pequeño para contarlas, Alvaro una vez se nos perdió, no lo encontrábamos por ningún lado… hasta el día siguiente, cuando con colaboración del profesor que nos contó que tenía un amigo único que vivía en el campo en un cantón cercano llamado Capulín. Sonia mi esposa fue a buscarlo y allí estaba feliz con su amigo.
En otra ocasión junto con Noé no llegaron temprano de la escuela como de costumbre pues se habían ido al río San José a bañarse y comer “lengua de vaca, frutita de un árbol que se daba en la rivera; pero ¿Cuál fue la sorpresa? que cuando venían ya llegando la noche aparecieron descalzos y chincunos porque dejaron los zapatos y las camisas mal puesta en la orilla, y se las llevó el río en una repunta que venía bajando de la montaña Montecristo.
Otra siempre con Noé: Alvaro llego corriendo con la noticia terrible que Noé había caído de un árbol que quedaba cerca de un barandal de una escuela que se llama “Luz Gómez” y había quedado sentado de nalgas en las lanzas de hierro de la baranda.
Sonia siempre y con otras personas lo destrabaron y pasó largo tiempo en el hospital hasta recuperarse.
Con el tiempo mi mamá llegó a Metapán con la idea de traérselos a todos para Apaneca. Para entonces tome la determinación de que ellos decidieran y solo Alvaro regreso con ella. Quería principalmente traerse a la niña, pero yo jamás iba a permitir que regresara con ella.
Continuando la historia de Alvaro mi madre lo puso a aprender carpintería con Miguel Mata, con el creció y empezó a ganarse la vida.
Mi hermano siempre fue un hombre aventado en el buen sentido. Trabajo por todas partes y cuando tuvo compromiso de familia buscó lejos y así llegó a San Salvador donde demostró su fineza. Yo siempre dije “Este mi hermano tiene bien conectado el cerebro hacía las manos, para buscar la belleza en la madera” mi hermano le hizo sillas, mesas y hasta taburetes a la gente y a los Santos del cielo altares en las iglesias.
Pero lástima nunca usó protección… el polvo, el thinner, las pinturas, el comejenol, pegamentos y tantos otros elementos propios de su oficio. Como en nuestro país, los artistas nunca pasan de zope a gavilán, probo irse al campo ya con su familia con la esperanza de una vida mejor.
Un amigo suyo de San Salvador a quien le trabajó carpintería le facilitó un terreno cerca de San Luis de la Herradura. Allí mejoró la vivienda del dueño y cultivo maíz, frijol y frutales. Finalmente se dio cuenta que era necesario tener una vivienda propia y en una lotificación cercana del aeropuerto, hizo su casita humilde.
Historias de mi hermano muchas a contar como una vez que unos cuatreros le robaron un caballo hermoso que tenía; lo buscó y al encontrarlo se dio cuenta que ya lo habían destazado y sus carnes listas para llevarlas a los mercados de Zacatecoluca.
Otra vez fue amenazado por ladrones y fabricó un cañoncito que apuntaba hacia la entrada del terreno y nos costo convencerlo de que ese aparato que había fabricado podría ser peligroso.
Cuando mi hermano Alvaro murió trabajaba en la Universidad Nacional como “empleado mil usos”, hacía de todo, era un hombre importante y necesario. Lástima el hombre porque no le aturraba la cara a cualquier trabajo. No dijo a tiempo que estaba enfermo y la enfermedad lo consumió rápido; sufrió mucho y nosotros también. Ese día que murió yo me levanté temprano platiqué con Dios y le dije: “Señor, mi hermano es una persona útil, si todavía tiene compostura, sánalo y sino llévatelo pronto, porque no se merece sufrir tanto… cierto o no quizá a esa hora se fue.

LAZAU

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