(Realizado en el tiempo en el que ejercía como profesor de literatura)
Bien dicho esta que en El Salvador cada 33 años nace una luz que alumbra y da la pauta para seguir por el camino del bien, en lo político, en lo económico y en lo social.
Don Alberto Masferrer es uno de ellos que, aunque se topó con una gran piedra angular dura y resbalosa, le hizo mella en su puntiagudo pensamiento.
Don Alberto nació en Alegría del departamento de Usulután el 24 de julio de 1868; en el lugar que siempre suena a fiesta, quién iba a creer que ese nacimiento iluminaría las esperanzas de un mejor El Salvador.
Lástima que quienes solo buscan su comodidad tratan de oscurecer su pensamiento, y muchos salvadoreños padeciendo las dolencias que el maestro, prosista y poeta inspirado vio en su presente; pero no importa, porque también vio el futuro, y su pensamiento sigue vigente como semilla de la buena, pues dedicó su vida especialmente al magisterio, pero sin perder de vista la política combativa que le valió persecución por causa de sus ideas socializantes, las que podemos ver en sus obras y todos sus escritos. Analicemos entonces a vuelo de pájaro uno de sus libritos para darnos cuenta de su pensamiento real.
En su obra “Mínimum Vital” el maestro Masferrer sostenía sobre la necesidad de un movimiento político, social y económico que llenara lo que él denominó “Mínimum Vital”, cuya doctrina la redujo a cinco puntos, representados por una estrella de cinco puntas, veamos:
1° ›› Todo hombre tiene derecho a la satisfacción de sus necesidades primordiales, es decir, que la colectividad le asegure pan, libertad y justicia mediante una equilibrada y sabia organización del trabajo, de la producción y el consumo.
2° ›› Las sustancias comunes, materia prima de la vida, deben ser patrimonio de todos, para que todas y todos extraigan de ellas lo necesario para el sustento del individuo y de la cotidianidad.
3° ›› Las sustancias comunes, herencia y propiedad de todas y todos, son la tierra, el agua, el aire, la luz y el calor solar en todas sus modalidades y potencias, y por lo mismo, no apropiables por usurpación o título perenne que nada justifica.
Nadie es dueño de una común sustancia, pudiendo solo usar de ella en cuanto se lo permitan las normas y costumbres de la colectividad, que es la legítima poseedora.
4° ›› En cuanto el hombre realice su voluntad de trabajo es dueño de los instrumentos del mismo, manteniendo su imprescindible derecho a un mínimo de vida integra.
5° ›› De ahí que, el deber primario ante Dios y por encima de todo, sea la organización de la propiedad, el trabajo, la producción y el consumo, lo mismo que las relaciones de hombre a hombre, de tal manera que todos encuentren siempre y en todas circunstancias, las condiciones precisas para alcanzar su mínimo de vida integra.
Al igual que en este libro, el maestro Masferrer en todo lo que escribió, deja ver lo que le dictó su cerebro y su corazón. Escribió 24 libros, todos con un lenguaje sencillo, siendo los más conocidos además del que acabamos de analizar los siguientes:
- Estudios y figuraciones sobre la vida de Jesús.
- Ensayos sobre el destino.
- Una vida en el cine.
- Las siete cuerdas de la lira.
- ¿Qué debemos saber?
- La religión universal.
- Niñerías.
- Prosas escogidas.
- Leer y escribir.
- El dinero maldito.
Don Alberto Masferrer además de maestro y escritor, también fue cónsul y viajó por Europa y varios países de América, lo cual le acarreó mayor desasosiego, y que no fue más que manifestación de anhelo por infundir sus ideas y cambiar la mentalidad de su gente y la colectividad; él deseaba que los niños hicieran bien su tarea yendo a la escuela, que el obrero hiciera bien su trabajo, que el campesino cultivará correctamente la tierra, que los maestros resonaran su voz en las escuelas, que la vendedora del mercado fuera honesta en su venta, pero todo con equilibrio para tener derecho a una recompensa mínima decente por su esfuerzo en su trabajo; también que el dueño del almacén de completa la yarda de tela, que el que vende frijoles y el maíz no le falte a la libra, y por último, que quien atesora muchas riquezas con ayuda de Dios o del diablo, la ponga al servicio de la colectividad.
Don Alberto Masferrer murió a sus 64 años en 1932, el 04 de septiembre en San Salvador; la antorcha se apagó y se hizo ceniza, pero la luz quedo.
LAZAU