La mamá Chenta Calderón

Nunca supe su verdadero nombre, Vicenta quizá se llamaba porque mamá Chenta le llamaban los hijos y los nietos; aunque, en resumidas cuentas, llegó a ser abuela de todo el pueblo. . . pero… ¿Por qué sería? Pues la respuesta solo es una: la mamá Chenta en todo estaba metida con la finalidad de ayudar.

En los casamientos, ahí estaba ella con varias ayudantas preparando la comida. Cuando los novios llegaban, mamá Chenta estaba preparando los platos de comida junto a las ayudantas a quienes les decía: “Los que están bailando, los que están sentados y aún, los que están parados mirando, tienen que comer, midamos la comida – les decía – recuerden que es mejor que sobre y no que falte”. Nosotros los cipotes comelones oíamos, por eso no faltábamos porque ahí estaba mamá Chenta.

En la fiesta de los bautismos igual, siempre estuvo ahí si se daba cuenta y la invitaban. En los velorios, era una obligación su presencia; “Si el difunto es familiar” como decía ella, con mayor razón. Mamá Chenta sobrepasaba sus capacidades y sus funciones acostumbradas porque aunque el difunto ya se fue a su descanso eterno, ella siempre estaba ahí para los nueve días, para la misa y los cuarenta días también.

Para mamá Chenta, su gloria en esta vida fueron las fiestas patronales en honor a San Andrés Apóstol, las de San Cayetano y las de San José. De estas no tengo mucha referencia, solo sé que fue una promesa de todo el pueblo a nuestro señor Jesucristo, o como le decía la gente, a la «preciosa sangre» para que terminará con la enfermedad del cólera morbus que estaba azotando al pueblo. Yo solo recuerdo por díceres, que nombraron mayordomo a Don Rafael Arévalo padre, y más tarde cuando Don Rafael faltó, nombraron a su hijo mayor que se llamaba José Humberto Arévalo, con quién se terminó la tradición. Fue una lástima porque esos hechos unen los sentimientos y alertan el cerebro de los habitantes para que no vuelvan a suceder.

Mamá Chenta vivió toda la vida cerca de la Alcaldía y de la Iglesia, su casa estaba ubicada en la Primera Avenida y la Primera calle, frente donde hoy vive la muy apreciada señora Betty Mata de Arévalo. Mamá Chenta jamás se separó de sus dos hijas Narcisa y María Santos Calderón.

De la participación de mamá Chenta en las fiestas patronales ya lo he dicho todo en otra narración en donde una de las personas emblemáticas fue ella. Creo que muchos que la conocimos no la hemos olvidado. Su cuerpecito delgado y de estatura pequeña, su cabecita siempre cubierta con cupido como se acostumbraba en esa época; su falda larga con un matiz de colores vivos con tendencia e inspiración nativa. Su modo de ser amorosa, y con esto lo he dicho todo.

LAZAU

 

 

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