Don Manuel el fontanero

Siempre en Apaneca hemos tenido la bendición de Dios y nos ha mandado a alguien para suplir alguna necesidad, pero que esté dentro de los parámetros de lo correcto. La naturaleza nos ha azotado con desastres naturales… pero con su ayuda hemos salido adelante… hemos tenido epidemias y lo mismo, también hemos logrado la cura… En su desarrollo ambiental, hemos tenido dificultades con la obtención del agua potable…Veamos si es posible explicarlo: Vivimos en la cúspide de la saturación de agua ambiental… todos los pueblos vecinos han sido beneficiados con esa agua abundante que les llega por inercia, mientras que nosotros, hemos tenido que acarrearla por cañerías de abajo hacia arriba por bombeo, con motores potentes que han resultado caros… y el agua en nuestras casas deficiente.

Después de este preámbulo, quiero destacar la participación de don Manuel Sigüenza en la vida de nuestro querido pueblo… Este señor es la persona que en una época determinada mandó Dios para forjar metales, y de ese modo hizo cuchillos para la cocina, corbos, machetes, azadones, piochas, chuzos o picos, y toda herramienta que nuestros trabajadores han necesitado… por eso, en esa época le llamaron Don Manuel el herrero.

Un día escuché una conversación entre la Toñita Morales y una vecina que acaba de llegar del campo y ésta le pregunta: “¿Sabe usted quién me puede vender un cuchillo? –  y la Toñita le contesta- “Aquí no hay quién venda esas cosas, pero Manuel el herrero se lo puede hacer rapidito…” “¿Y él quien es? – preguntó de nuevo la vecina – y Toñita le explica “Aquel señor que pasa por aquí con una toallita en el lomo y que renquea …” “¡Aaaa!  -dice la vecina – es aquel que cuando da un paso arrastra una pata mientras avanza con la otra… y dónde vive – vuelvió a preguntar – la Toñita desganada ya le dice “Vive en la 2ª Avenida Norte… aquí cerquita… de aquí se ve la casa… está pegadito de donde la niña Chenda y la niña Tulita Padilla” “Mañana tempranito voy a ir – dijo la mujer – adiós”.

Cuando uno pasaba por allí, se oía fuertemente cuando don Manuel golpeaba los hierros que recién había comprado. A veces la niña Chave, su esposa, viajaba a Ahuachapán para comprarle y traerle la materia prima; ella era su baluarte, le decía la gente. Una vez, que por curiosidad me asomé por la puerta que estaba abierta…don Manuel me gritó: “Adelante niño no tenga pena” y yo ni cuto ni perezoso corrí a ver más que todo la fragua; ahí me di cuenta que la niña Chave era la que le daba vuelta a la manivela para calentar los metales, para que don Manuel los pudiera forjar … Ese día satisfice mi curiosidad, cuando la niña Chave me dijo: “Tome niño…tome, dele vuelta a la manivela…pruebe…”  y probé… el ruido peculiar que antes había oído como un volcán que retumba, ahora lo oí en mi propia nariz.

Cuando el señor Alcalde municipal tuvo la brillante idea de traer por cañerías el agua de la Lagunita de las Ninfas, que en ese tiempo hasta rebalsaba, especialistas de la época hicieron un horno colador de aguas, del cual pendía el caño madre que traería las aguas por inercia a la Aldea Santa Clara. Aquí se hizo una pila grande para servicio de esta comunidad y además para que los ganaderos le dieron de beber a sus bovinos y equinos… El caño madre continuó hacia el pueblo y llegó atrás de la iglesia, contiguo a la Alcaldía y la oficina de Telecom, donde se hizo una pila para el beneficio de la gente pobre… El caño madre, siguió hasta el final de la Avenida 15 de abril Sur y la calle que va al Plan de San Antonio; aquí se hizo la otra pila también para la gente pobre. Luego la alcaldía le fue dando “paja de agua” a gente que podía pagar un impuesto.

Cuando todo esto estuvo terminado, el señor Alcalde mandó a llamar a Manuel y le pidió que se hiciera cargo del mantenimiento del proyecto… y él como tenia conocimiento de ese oficio, no vaciló en decir que sí… desde entonces, la gente le cambió el título de don Manuel el herrero a don Manuel el fontanero… No obstante, siguió con su viejo oficio que lo vio crecer.

Don Manuel el fontanero se dio a querer con la gente porque fue muy atento y respetuoso, pero más que todo porque con él el problema del agua mejoró.

Yo en lo personal me entusiasmé con ese oficio, porque vi que a don Manuel no le faltaba el trabajo, pero me di cuenta que ellos siendo de tez blanquitos, permanecían negros por el humo de la fragua y tostaditos por el calor… y por eso ya me dije que no.

LAZAU

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