Historia sobre la intromisión del café y el descalabro del orden social y económico de nuestros habitantes, específicamente de la población nativa de Apaneca

Yo siempre he pensado que Apaneca, o mejor dicho los apanecos, hemos vivido desde 1881 a esta época, una esclavitud solapada. Todo lo que quiero manifestar no es en contra de la semilla del café, sino en contra de mentes vacías y corazones perversos… Lo bueno es que no hubo derramamientos de sangre, solo ignorancia revuelta con felicidad mientras los llevaron con mentiras a perder su tierra que los vio nacer, crecer y hasta morir… ¿Qué quiero decir con todo esto? que a nuestros nativos cuando les iban a quitar las tierras ejidales y comunales, les manifestaron que esas tierras iban a ser trabajadas de otro modo, es decir, que los patrones les  iban a dar un dinerito cada fin de semana y con el podrían comprar lo que quisieran… que de la producción, de lo que fuera (leña, guineos, aguacates, naranjas, etc., hasta libre acceso a donde hubiera agua potable), podrían llevar a sus casas sin contratiempos.

Claro nuestro nativo se la creyó y dejó de ser dueño de su parcela en donde antes trabajaba a su gusto para convertirse en jornalero… Bonito sintieron los primeros días la nueva vida, jamás se imaginaron que habían perdido para siempre sus tierras y sus descendientes peor, porque ni cuenta se dieron. Estos acontecimientos sucedieron en todo el país, pero donde se sintió con mayor impacto fue donde la tierra, la altura y el clima favorecían el cultivo del café.

Apaneca con sus hermosas montañas y con espacios suficientes para suplir con sus cultivos a la población, no tenía necesidad de participar en la venenosa Reforma Agraria para sembrar café con fines comerciales que solo iba a beneficiar a gente poderosa y, yéndonos al otro lado, a empobrecer a las grandes mayorías… y por ende a quitarle la alegría y la belleza a los pueblos… Además, se despertó la ambición de los mismos y empezaron a destruir los bosques para hacer espacio y sembrar más café, mientras que otros provocaron incendios sin que nadie les dijera nada… y ahora esas acciones nos están pasando factura; acciones que están perjudicando a nuestros habitantes de hoy y para siempre …Yo fui testigo en pleno siglo XX, cuando apenas tenía 10 años… pasó que el nieto, quizá de uno de esos forasteros que vinieron a saber de dónde y dueño ya de grandes territorios, durante un incendio llegó a ver y se carcajeaba de ver las grandes llamaradas y troncos quemándose que se deslizaban, mientras los pájaros volaban alrededor de las llamas como queriendo decir ¡Malditos, nos están quemando la vivienda y mis hijos están dentro!.. Bien pude notar – a pesar de mi corta edad – que él había mandado a provocar ese incendio… A los años, en una de sus borracheras junto con otros en casa de mi abuelo dijo que él tenía el mejor café del mundo y habló de las plantillas más altas al pie de la montaña que un día quemó… Viene la reflexión, si este intruso actuó así en pleno siglo XX, qué destrozos no habrán hecho aquellos nuevos dueños del siglo XIX.

En todo este pasaje negro de la historia de El Salvador, ¿Habrá culpables? ¡Claro que los hay! el Capitán General Gerardo Barrios pudo haber sido uno por haber consentido sembrar café “desordenadamente” como decía la gente; mas creo yo que el verdadero culpable fue Rafael Zaldívar, por haber provocado años después su malévola Reforma Agraria.

Veamos entonces cómo sucedieron estos acontecimientos, porque es bueno que nosotros los apanecos sepamos el origen de nuestra situación desamorada que nos tocó vivir, ya que teníamos el derecho a heredar una mejor situación económica y social que nos permitiera ser felices… Aunque muchos son felices cortando y pepenando café durante tres meses (noviembre, diciembre y enero) mientras el resto del año viven del fiado y comer salteado.

El café es un producto sabroso que se ha convertido en parte de nuestra dieta diaria; desde que yo era pequeño mi madre me daba una tacita con café y un pan francés… y eso era todo antes de irme a la escuela… bueno… a otros les permitió en cambio tener casa propia, carro de lujo y todas las comodidades.

Con el ejemplo anterior pretendo plantear el problema de la movilidad económica y social que se volvió pétrea o inamovible, pues es entonces que nacen costumbres inapropiadas como alquilar la casa para vivir, porque nadie tiene necesidad de vender, más bien comprar para hacer más grande su negocio y dar origen así a los mesones… Aparecen también los prestamistas inmisericordes para luego embargar… No podía faltar la perversa costumbre de robar… La arriesgada maña de vender licor adulterado y las chicherías, y hasta la alta sociedad que ya se había formado también, se volvió corrupta… El padre procuraba casar a sus hijas con varones que tuvieran casa donde vivir y tierra para trabajar, lo malo estuvo en que no fue por amor… el papá le decía a la hija… “No hija, con ese no, porque no tiene ni petate en que caerse muerto”.

Yo recuerdo que algunos apanecos labiosos, inconsiderados diría y0; “coyotes” les llamaba la gente, llegando al colmo estos sinvergüenzas, como uno que yo conocí llamado Chindo que hasta caminaba por el pueblo para preguntarle a alguna persona si conocía de alguien que necesitara dinero… pues él ya sabía por díceres de la gente quien podría ser esa persona… Gran interés que ponían esos mañosos para ganarse un porcentaje de la venta de común acuerdo con el comprador. Mientras todos estos acontecimientos sucedían, los ricos se hacían más ricos y los pobres más pobres. Muchos apanecos antes de caer en el abismo social, saltaron y se fueron a donde no había cultivos de café y distintas oportunidades de trabajo. En Apaneca se hizo difícil vivir, aún para el obrero, porque se volvió ocasional… Daban ganas de llorar al oír a los chuchos callejeros ladrar, porque era señal segura que a alguien le habían pedido desocupar su casa e iban con sus chunches a eso de la media noche para otro alquiler… Todos estos sucesos, quedamos claros, que fueron ocasionados por la ingrata y desatinada Reforma Agraria en la que fueron entregadas las tierras en bandejas de oro por el Sr. Zaldívar, a los ya poderosos oligarcas salvadoreños y a los que vinieron de otros países a hacer su fortuna.

Mi abuelo Antonio Saz  me contó que dos amigos suyos de Ahuachapán, lo invitaron a viajar a puro lomo de caballo a las montañas del sur de Méjico porque se decía que allí ya había café. Estando en camino alcanzaron a llegar la primera noche a Jutiapa, ciudad de la hermana República de Guatemala para descansar… Ahí encontraron una posada para dormir y zacatear las bestias… Por la mañana cuando se disponían a prepararse para continuar el viaje hacia Méjico como se lo habían propuesto, el señor dueño de la posada los abordó para preguntarles para dónde iban y a qué …a lo que ellos contestaron con detalles lo que se proponían, y ya para montar los caballos, él inmediatamente les dijo “¿Para qué van a ir tan lejos, si aquí ya hay?” Fueron al lugar que el Señor les indicó y ahí había de todo… Los amigos trajeron semillas de café y dos palitos en pilón… Mi abuelo también encontró lo suyo: pacaya, cuiliote, aguacate y güisquil duro… Mi abuelito que era adicto a la agricultura también trajo semillitas de café… sembró sus pacayas y sus cuiliotes y con gran suerte porque el café pudo vivir con las pacayas, los cuiliotes y los güisquiles… con los aguacates no porque se crecían mucho, yo conocí los troncos muy altos por cierto ya podridos… Los que regaló a sus amistades, si tuve la oportunidad de verlos vivos y probarlos… muy ricos y de sabor diferente a los nuestros que llamamos de «mico» … uno se lo regaló a don Tan Puente y lo sembró donde hoy hay un poblado llamado El Regalo de Dios; otro se lo dio a don Toño Sánchez, que lo sembró en su propiedad cerca de la Piedra de Afilar; y el otro lo llevo a sembrar a la finquita de las Niñas Arévalo Avelar camino a la Lagunita de las Ninfas.

También conocí los arbustos de los descendientes, talvez de las mismas semillas que mi abuelo trajo de Jutiapa, pero no me lo van a creer porque eran arbustos tan grandes que había que cortarles el café con “chuspa” en vez de canasto y con auxilio de escalera. Un hombre pasaba dos días cortando un solo palo y en el día hacía de 6 a 7 arrobas en total; cada árbol producía hasta 14 arrobas … ¡Increible! claro estoy hablando del cafeto que más producía.

El General Barrios no trajo ni introdujo el café en El Salvador, solamente permitió que la gente con su justo esfuerzo sembrara sus palitos de café…

Pequeño apunte del Capitán General José Gerardo Barrios Espinoza:

La historia dice que fue militar, estadista y político… Nació en Cacahuatique ahora Ciudad Barrios del Departamento de San Miguel. Mientras fue senador ocupó la Presidencia de la República desde 1859 hasta 1863… El general Barrios viajaba mucho a Honduras y Costa Rica queriendo seguir los ideales de Francisco Morazán, que era ver unida a Centroamérica otra vez; por eso colaboró algunas veces con los ejércitos hondureños y nicaragüenses que aspiraban a la unión centroamericana… En una de esas llegadas a acá para ver a su familia, fue capturado por orden del entonces presidente Francisco Dueñas, quien lo acusó de corrupción por haber comprado un pequeño barco con fondos del Estado cuando fue presidente… La gente dice que fue revanchismo y desconfianza porque Barrios podría volver a la presidencia. Pero también cuando el poder estaba en sus manos lo hizo morder el polvo metiéndolo preso en una cárcel inmunda… Dueñas siendo esta vez Presidente, ordenó que lo juzgaran rápido; todo había sido preparado por él, pero los juzgadores pensaron en liberarlo… Dueñas se dio cuenta y encendió en cólera… irrumpió el local e hizo apresurar el proceso… y le declararon pena de muerte la noche del 28 de agosto… El siguiente día, el 29 en la madrugada, lo fusilaron bajo la ceiba del cementerio de los ilustres. Al final de cuentas el General Barrios NUNCA FUE CULPABLE de haber provocado el desorden social y económico en nuestro país.

Muchos años atrás, el verdadero origen del café fue Etiopía, en una aldea llamada Kaffa al Este del continente africano… De aquí medró a Yemen… Aquí cuentan que un pastor llamado Káldi, quien observó que sus ovejas quedaban sustentas dándoles zacate y alfalfa revuelta con café maduro; desde la primera vez que comieron de ese modo, las ovejas saltaban de forma no acostumbrada con gran fuerza… Desde esa fecha Káldi probó tostar café maduro y hacer una bebida y le gustó porque corría con gran ánimo tras las ovejas cuando se le desviaban del camino… Luego de aquí, el café fue llevado al Cairo. Luego unos holandeses lo llevaron a su país y abrieron cafeterías; se hizo una bebida popular y se diseminó por todo Europa… Le llegó al papa y tuvo que tomarlo con sal porque ahí no había azúcar… Los islámicos lo prohibieron porque lo asemejaron al alcohol… Algún comerciante holandés lo trajo a las Antillas y las Guyanas… De las Antillas entró por Veracruz a  las montañas del Sur de Méjico de donde se diseminó hasta llegar a Jutiapa (Guatemala) y luego a El Salvador por Ahuachapán.

La fiebre del café

Comenzó a mediados de siglo XIX, época en la que gobierna Rafael Zaldivar Lazo, nacido en San Alejo del departamento de la Unión… Gobernó en dos periodos, de 1876 a 1884 uno, y el otro muy corto de 1884 a 1885… Fue médico y político, estuvo algún tiempo en Francia en donde sin duda observó que el café era un gran negocio. Habiéndose convertido en el presidente de la República de El Salvador se dio cuenta que acá las tierras ejidales y comunales estaban siendo utilizadas por nuestra gente nativa y, a sabiendas de su sencillez e ignorancia, inventó llevar a cabo una reforma agraria para favorecer nada menos que a los oligarcas salvadoreños, y promocionó en Europa que en El Salvador existía la gran oportunidad de su vida; para dar un ejemplo de la torpeza, bastaba con sembrar once palitos de café y cuidarlos para que crecieran bien para ser dueño de la tierra… pero a veces habían  europeos corruptos que no traían nada para invertir, atenidos nada más al “braguetazo” como decía mi abuelo… Esto fue lo más oprobioso que decretó el presidente Rafael Zaldivar al extinguir las leyes que regían las tierras ejidales y comunales entre 1881 y 1882… ¡ESTE SI QUE FUE EL VERDADERO CULPABLE! …Y ahora a sufrir las consecuencias porque lo hecho, hecho está; Apaneca vivirá mucho tiempo estancado hasta que las mentalidades de todos los habitantes del campo y la ciudad, cambien el rumbo con lo que les corresponde por derecho divino. ..Ojalá entiendan esto las futuras generaciones.

La historia que voy contar es de un extranjero que vino de Constantinopla o Estambul, y si le gusta mejor de Turquía, pero vino tarde, porque la noticia del reparto de tierra para sembrar café fue en el siglo XIX, pero él vino en pleno siglo XX… Esta historia me la contó mi madre Angelina.

El caso es que mi abuelo ya había terminado la cosecha parental con mi abuela, fueron ocho. Las tres primeras hijas tuvieron educación esmerada de parte de sus tías Las Niñas Arévalo Avelar; las otras tres recibieron educación esmerada también de parte de su madre; los dos varones atendían tareas de la casa junto al padre… Pero a lo que quiero llegar, es que la tercera hija que se llamaba Hortensia, a los doce años ya era maestra y comenzó su labor en el cantón Shucutitan, y su primer sueldo fue de 12 colones. Todas las mañanas mi abuelo la montaba en las ancas de su mulita y por la tarde la iba traer. Los fines de semana iba a parar donde sus tías donde ahí cerquita estaban sus mejores amigas, las Posadas decía ella (Enma, Zoila y Evita). Estando ahí aprendía buenas costumbres que sacaban de un su libro llamado De Carreño. Aprendió además otras cosas, desde hacer diferentes clases de pan, candelas, dulces, adornos, flores, bordados y hasta tocar la guitarra.

En esos tiempos mi abuelo perdió sus tierras, o sea Don Antonio Saz (padre) y Doña Angelina Herrera de Saz (madre) que vivieron en el tope de la 1ª. Av. Norte y el resto de territorio al lado izquierdo del camino que llamamos Chiquito, dejaron todas sus propiedades para que al faltar ellos Francisco, al que ellos consideraron más ilustrado, les entregara a los otros siete lo que por herencia les correspondía… Los Borgia, una de las familias devoradoras protegidas por el Estado que vinieron de España, le infundieron a Francisco que se lanzara para candidato a la alcaldía y que para ello le prestarían el dinero necesario para pagarlo cuando fuera elegido… y como no quedó, le embargaron llevándoselo todo… dejando a sus hermanos sin nada. A mi abuelo le dejaron una sexta parte de lo que le correspondía allí donde vivía como una dádiva… Pero en lo que quiero darme a entender es que a mi abuelo solo le quedó la fama de adinerado.

Volviendo a la historia de mi tía, que por cierto era la más pequeña de todas, era muy bonita, además con sobresalientes dotes espirituales… Mi madre me contaba muchas historias, pero no como ésta… Decía ella que la Tenchita seguía con su rutina: los viajes hacia su trabajo y en el tiempo libre donde sus tías… En una de tantas, aparece en la escena con su flamante novio…el turco… muy guapo dijo ella, alto, tez blanca, pelo amarillo, con cara bien hecha y ojos cafés que parecían caracolitos… bien parecido como dice la gente, que dicho sea de paso yo lo conocí en una foto vieja. Raúl Dari se llamaba… no  sabemos de dónde salió, ni cómo, ni cuándo, y a lo mejor llegó primero donde sus amigas y ahí se enamoró de ella o quizá ella de él… creo que el turco se equivocó, vino tarde porque mi abuelo solo tenía la fama y el “braguetazo” ya no tenía razón de ser.

Así con todas esas circunstancias se casaron y naturalmente se fueron a la luna de miel, y luego supimos que llegaron a San miguel de Oriente… Mi madre iba con ellos por recomendación de mi abuelo… Según mi tía iban a ir descansar a un hotel o algo por el estilo, pero no fue así, sino que las llevó al parque y les dijo “Aquí se me quedan sentaditas, mientras yo voy a arreglar unos asuntos…  Paso una hora, paso otra, y cuando ya habían pasado cuatro horas apareció… Ellas sin conocer y sin comer ni beber, afligidas se fueron con él… y la sorpresa fue tal que era una casa vieja llena de cucas, arañas, ratones y cientos de bichos que suele tener una casa sin habitar… no pudieron dormir… el turco salió y les trajo un café y un pan, ese fue su desayuno… Ellas limpiaron un poco con escobas viejas y trapos que encontraron en el patio, mientras el hombre volvió a salir… Sorpresa tras sorpresas… Pasadas las horas, el turco venía con un señor que parecía trabajador del campo, guiando una carreta con bueyes cargada con costales de productos de primera necesidad… maíz, frijol, azúcar, arroz, manteca, jabón y todo lo demás un poquito de cada cosa, y allá bien arriba de la carga una cama y unos manojos de leña, etc… Eso indicaba que mi mamá dormiría otra vez en el suelo y su función era cocinar… la Tenchita lo interpeló y ya no pudo mentir, todo lo que había llevado lo había conseguido fiado para pagarlo pronto… también confesó que él era muy rico en Ahuachapán … que el dinero del café entregado se lo pagarían dentro de seis meses… Así platicando y dándose a conocer… hacía un rótulo para colgarlo en la puerta…VENTA DE CEREALES Y OTROS… A PRECIOS JUSTOS… Mi tía Tencha estaba asombrada y a solas lloraba… El Turco, con todo esto le había caído requeteeee mal y para siempre.

Para no cansarlos, las dos mujeres a escondidas se prepararon para huir… el plan estaba hecho… Abandonaron el lugar, y preguntando y repreguntando, llegaron a Sonsonate y después a Apaneca… comieron y bebieron donde las tías y se fueron para informar a su papá de lo sucedido… Claro se alegró de ver a sus hijas… pero solo él sabía lo que sentía por dentro… si hubiera sido fácil tener al turco cerca en ese momento, le aplicaría un su plomazo.

La primera medida que mi abuelo tomó fue esconder a su hija… quizá cuando el turco, logró hacer funcionar el negocio, si es que se le puede llamar así, puso ayudantes y de ese modo pudo viajar aquí; se aparece en casa de mi abuelo y se enfrenta con él… Lo advierte y le dice que en esa casa no es bien venido, que se vaya y no vuelva porque ni él ni ella lo soportan; le dice también que no va a volver a platicar con él y que, si aparece otra vez va tener que platicar con su escopeta… El intruso se fue, pero con el tiempo volvió a aparecer por ahí, pero ya mi abuelo se había llevado a su hija más lejos donde unos amigos que tenía en  Guaymango… cerca del mar.

Tal como se lo había advertido mi abuelo, bajó la escopeta, la preparó sin perdigón y en vez de balines le puso semillitas del árbol conocido como espino negro, que por cierto parecen balines… cuando el hombre llegó, escondiéndose entre los matorrales como espía para tratar de ver a mi tía, mi abuelo le disparó rociándole la copa del sombrero, a modo de no matarlo… con ese susto el Turco ya no volvió. Años más tarde, supieron que el susodicho, había montado en San Miguel un almacén de ropa.

A los años, el Ministerio de Educación al conocer sus dones como maestra, a la Tía Tenchita le otorgó el nombramiento oficial… Años más tarde fue trasladada al Cantón San Gerónimo de Metapán del Departamento de Santa Ana… Luego a Atiquisaya, departamento de Ahuachapán en donde se especializó en kindergarten… Al final se radicó en Soyapango en donde fundó su propio Kínder en donde trabajó hasta el último día de su vida.

LAZAU

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