Los chanchullos: Don Chico Serpas

Yo conocí a Don Chico Serpas, hombre con mucho dinero que se la llevó de prestamista, pero no así fácilmente “de que te voy a prestar tanto y luego me lo venís a pagar”, sino que pedía las escrituras originales de la propiedad y un documento firmado que hiciera constar el compromiso del prestador; si éste no cumplía, ya tenía un abogado sinvergüenza que le hacía el trabajito de embargarle la propiedad y hasta con ribete porque había que pagarle al sinvergüenza; a estas alturas Don Chico, ya había conseguido testigos falsos por si el asunto se le complicaba.

Así trabajaba Don Chico Serpas; yo lo conocí, de estatura pequeña, gordito, pantalones ajustados detenido por un cincho bien usado, cubierto con su camisita manga larga que le inspiraba seguridad a sí mismo… su tez blanca, chapudito quizá por sus movimientos rápidos; su sombrero de palma nunca lo dejaba y su pelona nunca la vi porque ni estando dentro de su casa se lo quitaba. Eso sí, no daban ganas de pedirle un favor a Don Chico porque en todo caso iba a buscar su ganancia. Lo que me interesa decir de Don Chico, es que tenía finquitas chiquititas por todos lados, todas con café, guineos y uno que otro naranjo.

Para entonces mi familia se había trasladado al campo y cerca de algunas propiedades de Don Chico.

Don Chico, viajaba y pasaba por la casa de mis padres; en el patio había una mesita de madera debajo de un arbolito de limón que daba sombra al pequeño espacio, colocaba su alforja en un gancho y sacaba de ahí un tanate que sin duda él había preparado, unos aguacatitos de mico que había rellenado con un huevito duro y un pedacito de queso y le decía a mi madre: “Véndame dos tortillas calientes, un poquito de sal y un vaso de agua”, mi madre ni le cobraba las tortillas porque decía ella que le daba lástima el viejito.

Don Chico siempre decía que estaban malos los negocios, pero yo diría estaban malos los chanchullos, que por cierto son dañinos, porque se juega con la dignidad de nuestros semejantes. Y saben una cosa, Don Chico murió, según cuentan, de un tetuntazo que le dieron en la sien derecha cuando viajaba para Ahuachapán, sin duda por la misma razón. La gente dice que todo se paga en esta vida, quizá es cierto porque en este lamentable caso aparecieron muchos familiares lejanos que lograron su finquita todo por el milagro de “San Chanchullo”.

Para escribir sobre los chanchullos no alcanzarían las bodegas de papel de todo el mundo. Cada ser humano alguna vez hizo un chanchullo. Las que más oportunidad tienen de hacerlos son los políticos que, dicho sea de paso, es lamentable pues son los ejemplos a seguir de toda la sociedad; muchísimo más lamentable es porque le ponen salsita a la mentira.

Creo que es mejor que no siga porque en este campo es donde más chanchullos hay y hasta chanchullos públicos y por esto puedo conseguirme mi tetuntazo.

LAZAU

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