Los Chanchullos: Don Lorenzo Dumas

En mi pueblo vivió Don Lorenzo Tunas, allá por los años 50’s; estaba casado con Doña Polita y tenía dos hijas que no se habían casado todavía. Don Lencho, le decía yo con todo respeto, pero Lenchudo le decían los cipotes malcriados porque usaba un sombrero que parecía capirucho. Bonito era conversar con él porque era contento y platicón. Él me contó que había trabajado en las telecomunicaciones con el Gobierno de turno como celador de líneas, o sea que cuidaba los postes y los alambres que comunicaban a un pueblo con el siguiente pueblo vecino; y no solo cuidaba, sino que también reparaba, cargo muy importante en esa época y con lo que ganaba hacía feliz a su familia. Ahora que ya se jubiló, cuando la gente lo necesita para cualquier trabajito casero Don Lencho está disponible. La niña Polita, esposa de Don Lencho, se dedica a los oficios de la casa.

Lo que quiero destacar en esta historia es que a veces la gente se equivoca, pues decían que Don Lencho hacía chanchullos y por eso progresaba; pero no fue así… lo que pasaba es que además de los trabajitos que los vecinos le proporcionaban, siempre estaba atento a que cuando la gente botaba algún mueblecito que ya no servía, él lo recogía, lo llevaba a su casa, lo reparaba y a veces lo modificaba para luego proponerlo como nuevo… buena plata le pagaban a Don Lencho por esos trabajos.

A las hijas, Zoilita y Juanita, Don Lencho las hizo aprender a coser ropa, les compró una máquina, tijeras, cinta de medir, hilos, botones y hasta telas para ofrecer a las personas interesadas; y ahora sí fue más fuerte la tildación para don Lencho Tumas de que era chanchullero, porque hacía más dinero. Por eso cargó sus cosas y se fue a la capital, favor que le hicieron porque ahí la gente saca mejores cosas a la calle y don Lencho y sus hijas ni cutos ni perezosos aumentaron sus ganancias… Con el tiempo compraron un terreno grande y construyeron en él galeras, montaron talleres, emplearon gente para que les ayudaran y hasta contrataron recolectores de cosas viejas que a la gente no le sirven… Quiero decir con esto que Don Lorenzo Tumas y su familia se habían convertido en empresarios exitosos.

Ahora vienen al pueblo en su limosina Pontiac, se parquean frente al parque y cuando la gente se les queda mirando, se sacuden el polvo como queriendo decir: Ahora ya no somos chanchulleros, ¡Aprendan!

LAZAU

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