Complicado debe ser para Don Mario Poncio que tiene un bus, “La Baraja” se llama y le caben cuarenta y ocho pasajeros sentados y va de pueblo en pueblo; pero el caso que quiero contarles es que quien maneja es Don Chepe Santos, un señor que en su boca no entre mosca alguna; Juan Pirringa es el cobrador que cobra parejo a chiquitos y grandes. El bus siempre va y viene y va lleno; eso si tiene, que cuando uno se queda varado sin comer y sin cuartillo se le ablanda el corazón cuando uno le cuenta la verdad ¡Santas pascuas pue… canchules! le dice a uno, pero con cariño. A los viejitos y viejitas que considera que no son de caché, Pirringa no les cobra tampoco. Juan Pirringa era muy honrado y cuidadoso con La Baraja, nunca se quedaba sin gasolina ni aceite y la tenía muy limpita y hasta la mantenía olorosa; diariamente le exigía a don Chepe que le revisara el motor y las llantas antes de partir. Yo recuerdo que junto con él hacían la maniobra y golpeaban las llantas con un hierro.
De lo económico nadie sabe nada, solo daba vueltos y que usaba una bolsita muy usada y sucia; lo que sí sabemos es que vivía solo, y como dicen que las paredes oyen y que los resultados hablan, Juan pirringa no era cualquier barato… en la esquina de su cuarto en la cabecera de su cama había hecho un boquete como de medio metro de hondo y una boca del tamaño de un ladrillo, el que quitaba y ponía con disimulo… como en esa época los EE UU nos había prestado al país la moneda de a $0.10 a El Salvador, y como esa monedita era de plata pura, era bonito ahorrar pues aquí la teníamos como de 0.25 centavos… Juan Pirringa, iba ahorrando echando moneditas de plata en su alcancía clandestina… cuando aparecía por el barrio vendiendo su casita algún cristiano porque estaba en aprietos, Juan Pirringa estaba preparado para hacer de las suyas. Arrecho, decimos unos porque supo pensar como Don Mario Ponce, que lo felicitaba cada vez que su empleado progresaba; Don Chepe Santos también se alegraba y le decía ¡Ojalá que logres mucho más!… el tal Pirringa le decía ¡Gracias! “Usted debería hacer lo mismo para tener su propia casa” y … Don Chepe le contestaba “Si no tuviera esa recua de hijos que mantener, otra suerte me cantara, pero aun así me siento feliz con lo que Dios me regala todos los días, principalmente la salud y el bienestar de mi familia”.
La historia cuenta que Juan Pirringa repitió la misma hazaña; era contento amigo de todo el mundo; ayudaba a sus familiares principalmente a su madre; el único defecto es que no era responsable con las mujeres que conquistaba, por ende, dejó varios hijos abandonados; pero sí, antes que su fin le llegara fue dejando una casita a cada hijo que lo buscó como papá. Esta es una historia bonita, juzgue usted si no fue por causa de chanchuyos.
Estas no son costumbres solo de la ciudad, sino también del campo y de todas partes y en todo tiempo, porque yo me acuerdo que muchas veces le hice chanchullos a mi papá; los niños de meses de nacido, ya hacen chanchullos para que la mamá les dé su chiche o teta, no digamos cuando ya están grandecitos que se tiran al piso cuando quieren un juguete. Muchas veces el niño hace cualquier berrinche para evitar que el papá abrace a su mamá, porque se siente celoso y cree que le van a robar a su mamá; no digamos las personas mayores que han atesorado mucha riqueza piensan que lo van a perder todo, pues aquello que tienen lo han obtenido a base de chanchullos.
LAZAU