La mamá Chenta Calderón

Nunca supe su verdadero nombre, Vicenta quizá se llamaba porque mamá Chenta le llamaban los hijos y los nietos; aunque, en resumidas cuentas, llegó a ser abuela de todo el pueblo. . . pero… ¿Por qué sería? Pues la respuesta solo es una: la mamá Chenta en todo estaba metida con la finalidad de ayudar.

En los casamientos, ahí estaba ella con varias ayudantas preparando la comida. Cuando los novios llegaban, mamá Chenta estaba preparando los platos de comida junto a las ayudantas a quienes les decía: “Los que están bailando, los que están sentados y aún, los que están parados mirando, tienen que comer, midamos la comida – les decía – recuerden que es mejor que sobre y no que falte”. Nosotros los cipotes comelones oíamos, por eso no faltábamos porque ahí estaba mamá Chenta.

En la fiesta de los bautismos igual, siempre estuvo ahí si se daba cuenta y la invitaban. En los velorios, era una obligación su presencia; “Si el difunto es familiar” como decía ella, con mayor razón. Mamá Chenta sobrepasaba sus capacidades y sus funciones acostumbradas porque aunque el difunto ya se fue a su descanso eterno, ella siempre estaba ahí para los nueve días, para la misa y los cuarenta días también.

Para mamá Chenta, su gloria en esta vida fueron las fiestas patronales en honor a San Andrés Apóstol, las de San Cayetano y las de San José. De estas no tengo mucha referencia, solo sé que fue una promesa de todo el pueblo a nuestro señor Jesucristo, o como le decía la gente, a la «preciosa sangre» para que terminará con la enfermedad del cólera morbus que estaba azotando al pueblo. Yo solo recuerdo por díceres, que nombraron mayordomo a Don Rafael Arévalo padre, y más tarde cuando Don Rafael faltó, nombraron a su hijo mayor que se llamaba José Humberto Arévalo, con quién se terminó la tradición. Fue una lástima porque esos hechos unen los sentimientos y alertan el cerebro de los habitantes para que no vuelvan a suceder.

Mamá Chenta vivió toda la vida cerca de la Alcaldía y de la Iglesia, su casa estaba ubicada en la Primera Avenida y la Primera calle, frente donde hoy vive la muy apreciada señora Betty Mata de Arévalo. Mamá Chenta jamás se separó de sus dos hijas Narcisa y María Santos Calderón.

De la participación de mamá Chenta en las fiestas patronales ya lo he dicho todo en otra narración en donde una de las personas emblemáticas fue ella. Creo que muchos que la conocimos no la hemos olvidado. Su cuerpecito delgado y de estatura pequeña, su cabecita siempre cubierta con cupido como se acostumbraba en esa época; su falda larga con un matiz de colores vivos con tendencia e inspiración nativa. Su modo de ser amorosa, y con esto lo he dicho todo.

LAZAU

 

 

La niña Lochita Vallejos

Tendría yo 8 años cuando mi papá me tomó de la mano un poco a la fuerza y me llevo donde la niña Lochita para que aprendiera los primeros pasos en la religión católica. Aunque yo ya estaba preparado por mi abuela Rufina y mis tías Imelda y Ana, había que pasar por la enseñanza y la prueba de la niña Lochita, porque ella era la encargada en la parroquia de Apaneca de enseñar y preparar a los niños y niñas, y designar el día en que tomarían su primera comunión. Yo como ya estaba preparado y la niña Lochita no lo sabía, cuando al día siguiente ella repasaba la lección anterior y la sabía correctamente, decía asombrada: “Este cipote sí que me salió inteligente porque aprende rápido, se ganó el dulcito”. Yo me acuerdo que su trabajo era arduo, labor que ella misma se había impuesto por amor a Dios y a la Virgen Santísima desde cuando era una muchacha.

Veamos entonces… cuando yo la conocí tendría ella unos setenta y ocho años, era una viejecita; si ahora yo tengo setenta y ocho años también y tenía ocho cuando me adoctrinaba con ella, todo esto sucedió hace setenta años (78-8 = 70) . Yo me acuerdo muy bien de la niña Lochita. En esa época las mujeres mayores, y quizá las jóvenes también, ni los pies cargaban desnudos y para ello usaban botines cargados de botoncitos. El vestido blanco era largo y bien usado, que cuando caminaba levantaba polvo o se enlodaba; el dichoso vestido era cerrado hasta el cuello y los brazos también. El pelo largo trenzado cubierto con cupido. Se notaba que era grandota ella y delgada; su tez blanquita, su nariz aguileña, su boca pequeña que tal que me daba cosa…

Las primeras comuniones siempre se hacían en el mes de mayo; mes blanco o mes de la Virgen María le decía la gente. ..Yo recuerdo que cuando ya se acercaba el día, la niña Lochita nos enseñaba los protocolos a seguir desde cuando entrábamos a la iglesia, hasta cuando salíamos ya puros; naturalmente era la primera vez, pues teníamos que saludar a Jesús frente al altar mayor, ella nos enseñaba donde nos íbamos a sentar, como íbamos a salir uno por uno de donde estábamos sentados, hasta como abrir la boca al recibir la hostia sagrada. Lo que a mí no se me olvidó jamás es que ese día, todos estrenaban. A mí me compraron un pantalón y una camisa y mi mamá me dijo: “Este es el pantalón azul nuevo y esta es la camisita blanca”. Pero yo sabía y sentía que esa ropita había sido lavada varias veces.

Finalmente después de recibir el cuerpo de Cristo en el convento nos dieron un pequeño refrigerio: una lechita y un pan.

De sus lazos familiares de la niña Lochita conocí a Don Polo, que era su hermano; Leopoldo quizá se llamaba, era el encargado de ganar el sustento en las fincas y traer la leña; pero había una muchacha que se llamaba Santos que se encargaba de acarrear el agua, hacer los mandados y cocinar los frijoles y el maíz, tortiar, y por supuesto asistir en sus necesidades a los ancianos.
Finalmente para completar la historia de la familia Vallejos debo contarles que ellos tenían casa propia ubicada al final de la calle Francisco Menéndez, entre la 5ª. Av. y la 3ª…frente a donde vive Alfonso Calderón.

LAZAU

Un intento por “abrirle los ojos” a mis lectores

Pareciera que soy un resentido social, pero quizá lo soy con mucha razón. Tal vez si me hubiera quedado “burro” ignorante sin escuela, o trabajador “soba leva” del patrón, o mandadero político sin saber de qué se trata la política y mucho menos sin saber amar a la patria… Mi papá me decía: “Me gustaría algún día verte arriba de una tarima gritando verdades necesarias, pero jamás sirviendo de tonto útil diciendo bobadas con sabor a mentiras.

Me da mucho sentimiento al ver tanta pobreza provocada por las políticas de Estado emanadas por personas sin escrúpulos, pero también por la ingenuidad de nuestra gente, que con su humildad ha facilitado el engrandecimiento de los corruptos.

Y todo mi sentimiento llega cuando empiezan las fechas memorables que en la escuela nos enseñan “a morir”, por cierto. No sé qué han sentido ustedes mis queridos lectores allá por el mes de septiembre, cuando recordamos que a veces sin comer y orgullosos, dejábamos los pellejos en los empedrados de mi querido pueblo de Apaneca ensayando para el mero día 15 en que culminaban las fiestas cívicas.

Es oportuno pues contar lo que sucedió un 15 de septiembre, precisamente en un desfile; y es que en la Escuela se acostumbraba que quien llevara la bandera fuera el alumno más aventajado, el que tuviera las mejores notas; además que fuera alto, no importando que estuviera desnutrido o no. Como en aquella época el viento soplaba al 100%, y como el pabellón era grandotote, me pego una primera arrastrada de Norte a Sur cuando estábamos saliendo en el desfile frente al parque; de llevar el paso exigido nada, solo sosteniendo la asta para que no me llevara corriendo. Al cruzar en la 4° calle de Oeste a Este el esfuerzo fue menor, pero al llegar a la Av. 15 de abril la situación se complicó, porque el pabellón se me movía para uno y otro lado y por ratitos me llevaba de retroceso. Cuando se llega a la 3ª Calle, el ventarrón se siente menos, pero al cruzar hacia la 1ª Av. ocurrió lo mismo, el pabellón me llevó corriendo hasta llegar al parque de nuevo ¡Muy cansado…! ¡Que pena!  Ese día bien lo recuerdo, porque por primera vez teníamos una Banda de Guerra ¡Gran novedad! En esa época no había nada de resentimientos, todo era alegría.

Todo el mal empieza cuando uno estudia y hace análisis de los sucesos y como fueron, y uno se da cuenta de las verdades que han tenido que ver de una manera oculta o disfrazadas en el devenir del tiempo, en donde han prevalecido los intereses personales de quienes no han tomado en cuenta que son cabezas o tanques de pensamiento, y que uno ingenuamente les da las gracias y los admira.

Yo siempre en mis adentros me digo ¿Y estos personajes que dicen que son los próceres y que lucharon tenazmente por la independencia Centroamericana del yugo español; luego esos mismos, permitieron separarse y formar su propio gobierno? Fue inaudito que los próceres salvadoreños a sabiendas que les tocaría la parte más pequeña lo permitieran. Pareciera que a los próceres de El Salvador les interesó más venirse de Guatemala a cuidar sus latifundios, que buscar otra solución; por ejemplo, si eso querían, pues debieron agarrar partes iguales. Por eso cuando veo a El Salvador tan pequeño me siento resentido.

Aunque lo hecho hecho está, voy a tratar de anotar aquí lo poco que he logrado recabar de estos señores “abnegados”.

Cuando allá en Guatemala se firmó el acta de independencia, aquí en El Salvador se supo por lo menos un mes después, si no es que mucho más. El Dr. Pedro Barriere (Cubano) fue el último intendente colonial que no se quería ir. El 28 de noviembre de 1821, entregó el mando al Dr. José Matías Delgado que había venido ya de Guatemala.

Es fácil entender lo frágil de la situación porque de pronto aparece Vicente Filísola, un italiano que pasa por España y se hace militar, luego viene a México y se pone al servicio de Agustín de Iturbide para anexar a Centroamérica y de pronto viene hasta El Salvador y le saca carrera al presbítero y Doctor Delgado, y se sienta en su silla de Jefe de Estado el 9 de febrero de 1823 y se va en mayo de ese mismo año.

Luego comienza la época en que se hacen llamar presidentes:

Felipe Collados Núñez (Del 7 al 25 de mayo de 1823)

Se forma una junta consultiva que estuvo del 25 de mayo de 1823 al 17 de junio del mismo año. Luego nombran al guatemalteco Mariano Prado Baca, del 17 de junio de 1823 al 22 de abril de 1824. Prado hizo un 2° y 3° período hasta llegar al 1 de octubre de 1824. Le sigue Juan Vicente Villacorta Díaz, siendo el primer presidente electo, gobernó desde el 13 de diciembre de 1824 al 1 de noviembre de 1826. Continúa de nuevo, Mariano Prado Baca, no obstante que era “nica” le gustó el hueso, haciendo éste un 4° periodo desde el 1 de noviembre de 1826 al 1 de noviembre de 1829. Luego José María Cornejo, quien gobernó desde el 30 de enero de 1829 al 16 de febrero de 1830, poder que le fue conferido por José Damián Villacorta, encargado de la Presidencia hasta esa fecha. El presidente Cornejo, separó a El Salvador de la Federación Centroamericana y por eso fue encarcelado en Guatemala.

Otros presidentes fueron de 1830 a 1834:

  1. José Damián Villacorta
  2. Francisco Morazán (hondureño)
  3. Joaquín de San Martín
  4. Carlos Salazar Castro
  5. Gregario Salazar

Luego aparecen en la palestra entre 1835 a 1841:

  1. Joaquín Escalón y Balibrera
  2. José María Silva
  3. Nicolas Espinoza
  4. Francisco Gómez
  5. Diego Vigil
  6. Timoteo Menéndez
  7. Antonio José Cañas   
  8. Francisco Morazán, que va y viene por todo Centroamérica luchando por la no separación de los Estados centroamericanos. En esta ocasión, renunció a la Jefatura Suprema del Estado, el 11 de julio de 1840.
  9. Gobernó un Concejo Municipal.
  10. Antonio José Cañas
  11. Norberto Ramírez
  12. Juan Lindo, quién fundó la Universidad de El Salvador; también participa en la entrada en vigor la segunda constitución que declarara la disolución de la Federación el 22 de febrero de 1841.

Presidentes del periodo posterior a la Federación de 1841 a 1861:

  1. Juan Lindo, gobernó durante cuatro meses y renunció.
  2. Pedro José Arce.
  3. José Escolástico Marín.
  4. Juan José Guzmán, quien tomó posesión del cargo al no ser aceptado por Antonio José Cañas. Fue depuesto por Francisco Malespín.
  5. Cayetano Antonio Molina y Lara
  6. Pedro José Arce. 
  7. Fermín Palacios.
  8. Francisco Malespín, su vicepresidente lo asesinó al querer recuperar la presidencia.
  9. Joaquín Eufrasio Guzmán, se auto declamó presidente luego que Malespín se fue de Campaña a Nicaragua.
  10. Eugenio Aguilar
  11. Tomás Medina Menéndez
  12. José Félix Quirós
  13. Francisco Dueña Diaz
  14. Doroteo Vasconcelos
  15. Ramón Rodríguez
  16. Rafael Campos
  17. Lorenzo Zepeda
  18. Miguel Santín del Castillo
  19. Joaquín Eufrasio Guzmán
  20. José María Peralta
  21. Gerardo Barrios, éste trajo el café con la idea de hacer esclavos.
  22. Francisco Dueñas, luego de darle golpe de estado a Barrios lo fusilaron.

Presidentes cafetaleros de 1871-1931

  1. Santiago González, del 15 de abril de 1871 al 1 de mayo de 1872; vuelve el 9 de julio de 1872 al 1 de febrero de 1876.
  2. Manuel Méndez, del 1 de mayo al 9 de julio de 1872. 
  3. Andrés Valle, del 1 de febrero de 1876 a mayo de 1876.
  4. Rafael Zaldívar, del 21 de agosto de 1884 al 14 de mayo de 1885. Su principal objetivo fue quitarles el sustento diario a nuestros nativos, nacionalizando las tierras de los egidos y las tierras comunales para la siembra del café, e hizo el llamado a extranjeros a quienes ofreció que cultivando once palitos esmerados de café ya serían dueños de la tierra. Así muchos vinieron, para que sus hijos fueron salvadoreños y nuestros nativos esclavos.
  5. Ángel Guirola.
  6. Fernando Figueroa.
  7. José Rosales, dejó su herencia para la construcción del Hospital Rosales.
  8. Francisco Menéndez.
  9. Carlos Ezeta.
  10. Rafael Antonio Gutiérrez.
  11. Tomás Regalado, del 14 de noviembre de 1898 al 1903.
  12. Pedro José Escalón.
  13. Doctor Manuel Enrique Araujo, del 1 de marzo de 1911 a 1913, fue asesinado el 9 de febrero de 1913.
  14. Carlos Meléndez.
  15. Alfonso Quiñonez Molina.
  16. Jorge Meléndez.
  17. Pio Romero Bosque.
  18. Arturo Araujo. Fungió como presidente del 1 de marzo al 2 de diciembre de 1931, fue derrocado por su vicepresidente Maximiliano Hernández Martínez.

En esta época se gestó la oligarquía salvadoreña y la esclavitud en los cafetales. Vienen ahora los gobiernos militares entre los años 1931 a 1979. En esta época se hablaba ya de bolcheviquismo nacido en Rusia y se hacía camino por toda Europa y el mundo. La burguesía salvadoreña tuvo miedo e hicieron pacto con los militares y formaron un Directorio Cívico el 2 y 4 de diciembre de 1931, compuesto de militares de alto rango, incluido Maximilano Hernández Martínez.

1º Maximiliano Hernández Martinez, se autonombró presidente después de derrocar a Arturo Araujo, haciendo un periodo del 4 de diciembre de 1931 al 28 de agosto de 1934. Durante esta época fueron asesinados 25 mil nativos, en 1932. A Maximiliano «le gusto la guayaba», como se decía entonces, pues ya tenía la estrategia para convertirse en un dictador, entre ellas, fusilar a quienes le hacían estorbo; tuvo además un militar de espíritu «comodín» que cumplía a cabalidad sus aspiraciones llamado General Andrés Ignacio Menéndez, a quien convenció de convocar  elecciones, gobernando nuevamente del 1 de marzo de 1935 al 9 de mayo de 1944, terminándose así la democracia. Depuso su cargo obligado por la huelga de brazos caídos convocada por la sociedad civil.

2º Andrés Ignacio Menéndez, éste gobernó durante seis meses. Fue el militar “comodín” de Hernández Martínez.

3º Osmín Aguirre y Salinas, la gente le llamaba “la mica polveada”, gobernó del 21 de octubre de 1944 al 21 de mayo de 1945, fue presidente provisional.

4º Salvador Castaneda Castro, gobernó del 1 de marzo de 1945 al 14 de diciembre de 1948, fue del efímero Partido de Unificación Social Demócrata; fue derrocado por un grupo de jóvenes militares.

5º Consejo Revolucionario del Gobierno, del 15 de diciembre de 1948 al 14 de septiembre de 1950, dirigido por el teniente coronel Óscar Osorio.

6º Oscar Osorio, del 14 de septiembre de 1950 al 14 de septiembre de 1956.

7º José María Lemus, del 14 de septiembre de 1956 al 26 de octubre de 1960.

8º Junta de Gobierno, del 26 de octubre de 1960 al 25 de enero de 1961.

9º Directorio Cívico Militar, del 25 de enero 1961 al 25 de enero de 1962.

10º Eusebio Rodolfo Cordón, gobernó durante 6 meses, del 25 de enero de 1962 al 1 de julio de 1962. Este fue designado por el Directorio Cívico Militar para convocar a elecciones.

11º Julio Adalberto Rivera, del 1 de julio 1962 al 1 de julio 1967. En este momento nace el Partido de Conciliación Nacional (PCN). A Rivera le llamaban el hombre de la moto y del sombrero campesino.

12º Fidel Sánchez Hernández, ganó las elecciones con el partido PCN y gobernó entre 1 de julio de 1967 al 1 de julio de 1972; durante su mandato tuvo lugar la llamada “Guerra del Futbol”.

13º Arturo Armando Molina, gobernó del 1 de julio de 1972 al 1 de julio de 1977.

14º Carlos Humberto Romero, del partido PCN, gobernó del 1 de julio de 1977 al 15 de octubre de 1979. Fue derrocado por dos oficiales jóvenes: Adolfo Arnoldo Majano y Jaime Abdul Gutiérrez, quienes gobernaron del 15 de octubre de 1979 al 2 de mayo de 1982.

Gobiernos civiles de 1979 hasta el presente

1º Junta Revolucionaria de Gobierno (15 de octubre de 1979 al 2 de mayo de 1982). En este período comienza la Guerra Civil. Se dividió en tres periodos con distintas juntas, las del 79, 80 y 81. Finalmente se nombra un presidente provisional.

2º Álvaro Magaña Borja (2 de mayo de 1982 al 1 junio de 1984).

3º José Napoleón Duarte (1 de junio de 1984 al 1 de junio de 1989), del Partido Demócrata Cristiano (PDC), inició las negociaciones para poner fin a la guerra civil.

4º Alfredo Cristiani (10 de junio de 1989 al 1 de junio de 1994). Del Partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). Durante este período se firmaron los Acuerdos de Paz en Chapultepec, el 16 de enero de 1992.

5º Armando Calderón Sol (1 de junio de 1994 al 1 de junio de 1999). Del Partido ARENA.

6º Francisco Flores (1 de junio de 1999 al 1 de junio del 2004) Fue el responsable de la dolarización la economía salvadoreña.

7º Elías Antonio Saca (1 de junio de 2004 al 1 de junio de 2009). Del Partido ARENA, durante su gestión entró en vigor el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.

8º Mauricio Funes (1 junio de 2009 al 1 de junio 2014). Del Partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Implantó el subsidio al gas propano, se crearon los proyectos de Ciudad Mujer y el Plan Casa para Todos.

9º Salvador Sánchez Cerén (1 de junio de 2014 al 1 de junio de 2019) Del Partido FMLN. Creó el Ministerio de Cultura, rompió relaciones diplomáticas con Taiwán e incremento el salario mínimo en el sector privado y público.

10º Nayib Bukele (1 de junio del 2019 hasta presente). Del Partido Nuevas Ideas.

A continuación, me permito relatar algunos sucesos importantes, por supuesto a grandes rasgos, de algunos presidentes o Jefes de Estados y así facilitar la búsqueda por internet, si es de interés para mis lectores conocer algunos pormenores de lo que hicieron. Por ejemplo, los primeros Jefes de Estado, estuvieron a “menos cero grados” por amor a la patria, pues algunos gobernaron poco tiempo, bien porque otro los desalojó por la fuerza, como es el caso del Dr. José Matías Delgado, que fue desalojado por un italiano llamado Vicente Filísola.

Otro ejemplo es Mariano Prado Baca, nacido en Nicaragua, es nombrado por una Junta y gobierna tres periodos pequeños; más tarde, aparece el General Francisco Morazán, que siendo hondureño cae en la palestra salvadoreña. En esta época la historia los llamó caudillos.

Podemos mencionar además como ejemplo a Juan Lindo, que al parecer empezó a preocuparse por algunas cosas importantes como la fundación de la Universidad Nacional. En esta época también entró en vigor la Segunda Constitución en la que se declaró la separación total de la Federación, hecho ocurrido el 22 de febrero de 1841.

Todos los presidentes hicieron algunas cosas buenas y otras cosas malas. Gerardo Barrios, por ejemplo, ya lo he dicho antes, trajo el café ¿Para qué? Para convertir a nuestros nativos en esclavos. Más tarde llegaría al poder Rafael Zaldívar, quien consolidó el esclavismo en El Salvador cuando por decreto pasó las tierras ejidales y comunales al Estado y promocionó al mundo que con solo sembrar 11 palitos de café se convertirían en dueños de la tierra; así vinieron, especialmente de Europa a invertir, dando origen a los grandes latifundios. Para entonces, nuestros nativos que eran dueños de la tierra, pasaron a ser asalariados (nueva forma de hacer esclavos). A todos estos presidentes la historia les ha llamado “cafetaleros” porque todas las actividades se movían alrededor del café.

En esta época se dieron fenómenos políticos horrendos, como son los derrocamientos de los presidentes por los mismos vicepresidentes, mismos que ellos habían escogido para la administración. En esta época también ocurrieron asesinatos horribles, como el del Dr. Manuel Enrique Araujo, que alarmó al mundo entero. ¿Quieren saber algo de este hecho? Pues hubo muchas versiones, voy a contarles la que mi abuelito Toño sabía: Él contaba que el Dr. Araujo hacía un buen gobierno, de hecho, era médico y graduado en la Universidad Nacional; también viajó a Europa para perfeccionar sus conocimientos. Mi abuelo decía que durante su gestión todo era alegría porque la vida era más barata, además decía que él nunca había visto a un Presidente visitar a su gente para mover las leyes a su favor. Fue una lástima porque se decía que era una gran persona, que tenía una gran mente y con un corazón tranquilo. Pero se confió.

Mi abuelo me contó que él iba a los conciertos que los fines de semana se daban en el parque, que entonces se llamaba “Bolívar”, frente al Palacio Nacional. Ahí se ponían unas bancas de madera para que la gente pudiera ver el espectáculo; el Dr. Araujo se sentaba en las primeras filas y a ambos lados lo acompañaban dos amigos: Francisco y Carlos Dueñas. Los asesinos llegaron por atrás y el principal le asestó el primer machetazo en la cabeza, como quien raja en dos un coco, y los otros dos le pegaron en las demás partes del cuerpo; “pero también cuentan que se oyó un disparo”. Terminado el encargo, se dieron a la fuga, increíble porque los individuos eran campesinos que ni siquiera conocían San Salvador, por lo que no queda más que pensar que alguien los llevó, y que ellos actuaron inocentemente. Desorientados los capturaron cerca del Campo Marte hoy llamado Parque Infantil.

¿Quién fue el criminal principal? Se llamaba Virgilio Mulatillo. Los otros dos se llamaban Fermín Pérez y Fabián Graciano. Los tres actuaron con instinto de animal. El disparo que se escuchó y que impactó en el omoplato del Dr. Araujo fue hecho por el Mayor Fernando Carmona, quien fue preso y a los tres días se suicidó.

Mi abuelo contaba que se rumoraba que los habían preparado, o mejor dicho adiestrado, en una finca cerca de Ataco, parece que la gente de por ahí ya los conocían.  La verdad es que se decían tantas cosas que no se sabía qué creer. A los asesinos los fusilaron rápido sin siquiera investigar nada. Cuentan que Mulatillo quería decir algo como “Guatemala, de Guatemala” pero nadie entendió y todo quedó impune.

Todo lo que mi abuelo me contó quedó igual, hasta 100 años después se esclareció que el asesino intelectual fue el presidente de Guatemala Manuel Estrada Cabrera y el presidente de Estados Unidos, según revelaron dos cartas secretas enviadas a su presidente por los diplomáticos de Estados Unidos destacados en Guatemala.

Cuento esta historia con detalle para que las futuras generaciones busquen y lean lo que cada personaje hizo para nuestro país. De los gobiernos militares aquí no se puede apuntar mucho porque estos hicieron cosas peores y hay material suficiente de cada uno para hacer un libro; tal es el caso de Maximiliano Hernández Martínez que asesinó a 25 mil salvadoreños. En esa época había elecciones, pero siempre ganaba el candidato del partido de los militares y los oligarcas. El último de los presidentes militares fue Carlos Humberto Romero, que fue derrocado el 15 de octubre de 1979 por dos oficiales apoyados por la Juventud Militar de esa época.

En esos mismos días se gestaba el partido ARENA, sin duda los oligarcas se sintieron desprotegidos, y sus capitales y sus propiedades en peligro. Yo recuerdo que ese día un batallón comandado por el Coronel Majano invadió una finca en El Espino, en donde estaban reunidos clandestinamente, y según la noticia fueron capturados todos, dándose cuenta entonces que pensaban fundar un partido orientados por el mayor retirado del Ejército Mayor Roberto D´Aubuisson Arrieta, personaje oscuro que cobijado por la derecha salvadoreña y por la amistad con Estados Unidos, creó en El Salvador organismos paramilitares para matar a miles de salvadoreños, incluyendo a Monseñor Romero (ahora Santo). Más tarde, siempre con mañas, llegó a ser diputado y desde allí, amparado en la presidencia, ejerció el principal anhelo de su vida: matar.

Mientras sucedía lo último que he expuesto entre los años 1979 y 1982, gobiernan en el país, tres juntas formadas por personas importantes entendidas en política, que finalmente eligieron al Dr. Álvaro Magaña para gobernar del 2 de mayo de 1982 al 1 de junio de 1984, con el propósito de no dejar un vacío de poder mientras se redactaba la Constituyente y se preparan las elecciones de 1984.

Una observación importante que no puede quedar fuera y que pasó en esta época, fue el cambio ideológico del pueblo salvadoreño provocado por las elecciones de 1972, y es como un despertar, porque se realizaron elecciones aparentemente libres en las que iba como candidato el Ing. José Napoleón Duarte con la Unión Nacional Opositora (UNO), contra el Coronel Arturo Molina, con su Partido de Conciliación Nacional (PCN). El Ing. Duarte ganó las elecciones por abrumadora cantidad de votos, pero con trampas y con el apoyo de la Asamblea Legislativa constituida por un solo partido, el PCN, impusieron como presidente al Coronel Molina. Días más tarde, una madrugada, Duarte arenga al pueblo ayudado por un par de militares que tiraron unos cuantos cañonazos; pero lo capturan, le dan sus garrotazos, le revientan la cara y casi le sacan un ojo, lo llevan a su casa y junto con su esposa e hijos, el chucho y a saber cuántos acompañantes más, los llevaron al Aeropuerto de Ilopango, los subieron a un avión y los fueron a dejar a Venezuela.

Hubo elecciones otra vez. Se lanza por la Unión Nacional Opositora (UNO) al Coronel Ernesto Claramount Rozeville, frente a Carlos Humberto Romero del Partido de Conciliación Nacional (PCN), y este partido con trampas gana otra vez.

Con todo esto el pueblo se cansa y opta por organizarse. Las instituciones sociales coincidentes en pensamiento toman conciencia porque no ven otra salida para tener una democracia aceptable y se van a la montaña como Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en 1979. Así comienza la guerra civil: el Ejército Nacional enfrentado contra el Ejército del pueblo.

Fueron 12 años tristes en los que se pueden contar millones de historias; murieron más de 100 mil buenos hombres y mujeres que debemos recordar siempre. La guerra marcó el inicio de su final el 11 de noviembre de 1989 cuando el FMLN lanzó la “Ofensiva Final” en todo el territorio salvadoreño, demostrando su poderío. La guerra formalmente terminó después de muchas reuniones que culminaron con la Firma de los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992 en Chapultepec de México.

Volviendo a la resolución de la última Junta de Gobierno, en la que se designó a Álvaro Magaña como presidente provisional para que organizara las elecciones del 1 de junio de 1984… Así sucedió; participó en esta contienda electoral, el Ing, José Napoleón Duarte, por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), frente a Roberto D’Aubuisson de ARENA. Ganó el PDC. Lamentable el Ing. Duarte finalizando su periodo falleció.

En 1989 entra a la palestra el partido ARENA con Alfredo Cristiani, frente a Claramount, del PDC; las elecciones son ganadas por Cristiani. En su momento participó en las negociaciones por la paz, no para llevarse las palmas, sino más bien porque fue obligado por las circunstancias y el temor. Durante su gestión, fueron asesinados los sacerdotes Jesuitas… y eso dice mucho de su capacidad.

En 1994 el partido ARENA lanza como candidato a Armando Calderón Sol, frente al Doctor Guillermo Manuel Ungo, del Frente Democrático Revolucionario (FDR), las elecciones las ganó ARENA. El Doctor Ungo hubiera sido un buen presidente, pero no fue posible, murió en México asilado. La gente dice que las ayuditas que vinieron para la reconstrucción de los daños que dejó el terremoto ocurrido en 1986, desaparecieron en su gestión.

En 1999, a contienda electoral va Francisco Flores de ARENA, frente a Facundo Guardado del FMLN, que ya en ese momento se había convertido en partido político; por cierto, se equivocaron en esa elección, pues había muchos más cerebros para escoger candidatos. Paco Flores se distinguió porque repartía dólares en saquitos a sus colaboradores de la Asamblea Legislativa, compraba propiedades a sus familiares y premió a la empresa privada dolarizando la moneda, cagándose en nosotros el pueblo, pues de cien coloncitos que teníamos ahorrados, se convirtieron en 11.42 unidades de dólar. Todos los donativos que el gobierno de Taiwán hacía para aliviar la pobreza de los salvadoreños en esa época, fueron a parar a los bancos extranjeros. Aquí estamos todos dudando, porque prefirió morirse antes de devolver lo robado.

En 2004 gana ARENA otra vez llevando como candidato a Elías Antonio Saca que compitió frente a Jorge Shafik Handal, si el FMLN lo hubiera lanzado en la campaña anterior hubiera ganado la presidencia. Tony Saca actualmente está preso porque hizo cosas igual que Flores. Éste saqueó la partida secreta, compró mansiones y empresas que lo hacen parecer como empresario exitoso al igual que Cristiani y Calderón Sol a quienes su tiempo ya prescribió.

En el 2009, al igual que en estas últimas elecciones, participaron otros partidos.  En esta ocasión participa otra vez el FMLN con Mauricio Funes, que no era miembro de ese partido, frente a Rodrigo Ávila, de ARENA. Hasta ese momento son los partidos más grandes, dando origen al fenómeno de la polarización, convirtiéndose en una reyerta ideológica que al final de cuentas, en eso se quedan, cuidando el puestecito dorado y para el pueblo “caca”.

Pero volviendo al tema de esta elección, las gana Mauricio Funes ¡Salvemos la Divina Providencia! porque éste salió peor que todos los presidentes civiles revueltos con militares, porque saqueó el Estado y no se dejó agarrar, pues se fue huyendo del país y finalmente se asiló en Nicaragua para luego hacerse ciudadano de ese país.

En el 2014, gobierna Salvador Sánchez Cerén de quien no puedo decir mucho, quizá no robó, habrá que esperar qué dirán los historiadores, yo solo se que fue un comandante del FMLN, que estuvo discutiendo los Acuerdos de Paz en Chapultepec (México), que luego ganó las elecciones con su partido, que hizo un gobierno entre tantas críticas, y fue el presidente que luego de ser comandante del FMLN, vino a ser comandante del ejército que fue su enemigo.

En el 2019 aparece un nuevo partido creado por Nayib Bukele y que él mismo llamó “Nuevas Ideas” basado en la mala crianza de todos los partidos en donde no hay uno que no haya hecho uso del infinitivo verbo “robar” y como últimamente lo robado es abultado, su eslogan fue importante para ganar las elecciones de ese año: “devuelvan lo robado”. También ha habido otro fenómeno importante, y es que por primera vez en la historia de El Salvador no ha habido negociaciones bajo la mesa entre los Diputados y el Ejecutivo y esto ha creado gran confrontación. Éste ha sido el único presidente de la República que no se ha dejado manosear por nadie y por eso quisieron quitarlo y poner a otro a su conveniencia. Nayib Bukele fue a elecciones con el partido GANA, las que ganó en segunda vuelta porque él no tenía partido y se enfrento a Norman Quijano de ARENA.

A quien no debo dejar en el tintero, como dicen los que escriben, es a Prudencia Ayala, nativa referente de la mujer salvadoreña que nació en Sonzacate el 28 de abril de 1885 y murió el 11 de julio de 1936. Prudencia fue escritora y activista social que luchó por los derechos de la mujer salvadoreña. Fue la primera mujer aspirante a la presidencia en 1930, cuando ni siquiera la mujer podía votar, pero no la eligieron tildándola de loca. La mujer pudo votar hasta el año 1952 cuando quedó establecido en la Constitución de 1950. Hay mucho que se puede saber de Prudencia Ayala.

En todo lo que he escrito sobre los presidentes de El Salvador, me he limitado a invitarles a que investiguen por internet la biografía de cada uno, en vez de interesarse en tonterías que nada bueno les deja.

LAZAU

El treve

Esta es otra de mis pesadillas a la que traté de entender. Me parece importante porque en este momento estoy parado en la cuerda floja y de hecho masturba mis decisiones personales; y aún más, desequilibra mi pensamiento; tiene lógica porque estos días he estado muy pensativo sobre cómo vivo; es decir, he llegado a mis 63 años y quiero hacer muchas cosas pero siento que ya no puedo, me cansó, y no tengo a nadie a quien recurrir… entro en una depresión y melancolía que me estorba; pero hago un esfuerzo y me relajo y la depresión poco a poco se disuelve.

No hay cosa más terrible que pensar que ya mis amigos están muriendo y posiblemente el que sigue soy yo, y uno se pone a contar los años de cien, pero en sentido contrario, porque cuando uno ve la diferencia entre la edad que tiene y ese número, es para ponerse triste; y de allí arrancan mil tonterías que terminan en nada y llega la calma.

Anoche tuve un sueño que entre juego de imágenes me presenta una explicación filosóficamente lógica y una cátedra de ciencias naturales, específicamente de física, relacionándola con un hogar desmembrado o mejor dicho disfuncionado.

En una mesa o superficie plana, un amigo desconocido me presenta tres piezas metálicas dobladas en sus extremos y me explica algo que yo sabía, me dice: “Una pieza sola, si trato de pararla verticalmente se cae; si uno la otra pieza en uno de sus extremos también se cae, se necesita que pongamos la tercera pieza para que el objeto se detenga como queremos” y me concluye: “Se necesitan tres elementos para que la familia funcione: papá, mamá e hijo o hijos; si uno de éstos no está el treve se cae”… Mi amigo se va y yo que despierto.

Me quedé pensando largo rato y haciéndome cientos de preguntas, porque lo que leo en el sueño es cierto y pude dormir hasta que lo comparé con mi caso; yo sentí que el mensaje era para mí porque tuve un hogar que se me vino abajo cuando falto una pieza.

Al final, en esta que fecha que escribo, seis de diciembre de dos mil cuatro, se me han caído ya dos piezas y con la que me queda no hago nada que valga la pena.

LAZAU

El billete de lotería

Una Memoria Más de Don Carlos

Siempre he tenido problemas con mis sueños. Muchas veces han sido pesadillas que me indican algo importante, pero no les hago caso; aunque a veces sí cuando afectan mis decisiones personales.

Muchas veces los sueños tienen que ver con el estado de ánimo que uno tenga; pero generalmente es Tata Dios el que ayuda a nuestras vidas cuando nos portamos bien; pero no me va a conceder lo que pueda ser dañino para mí y mi prójimo.

¿Quién no quiere ganarse un millón de colones en la lotería en estos dorados tiempos? Pues eso soñé una noche y en la mañana que me levanté hice conjeturas. Me fui al trabajo lo mismo, pensando en el bendito sueño. Llegó el momento en el que iba tener una reunión y no tenía la agenda que iba a ocupar y me dije: Iré rápido para traerla. Al salir de mi casa nuevamente, había bastante gente salvándose de la luz del sol bajo el árbol y entre ellos había un billetero conocido por todo el mundo. Desde que me vio salió a encontrarme con el billete entero en la mano y me dice: “Coja los que quiera y la otra semana me los paga”. Y así caminando y hablando él decía sí y yo que no; en ese momento venía don Indalecio Morán con su cumita bien gastada montada en su brazo izquierdo, eso sí, bien afilada para deshierbar su milpita que tenía cerca del rio San José. Por la tarde me lo volví a encontrar casi en el mismo lugar y me dice: “Son jodidos y necios todos los billeteros verdad Sr. Saz? mire que este terengo me puso en la bolsa el billete entero; pero lo voy a joder porque se lo voy a pagar por poquitos…” Yo solo le dije: ¿Qué tal si le pega al gordo?… Don Lesho, como le llamaba la gente, tomó un par de palos que traía y se fue.

Todo esto sucedió un miércoles y el viernes se corrió el sorteo. El día sábado que era mi día de descaso en la madrugada oí que me tocaban a la puerta muy insistentemente… era Don Indalecio… y le pregunto: ¿En qué le puedo servir?… y él no podía decir nada porque hasta temblaba y solo decía… “Es que quiero decirle algo… ¡Vamos!” y repetía lo mismo… Así me llevó hasta una champita en donde una señora vende o vendía frente al rastro municipal tamales, shuco, pan, café, etc. “Pida lo que quiera…” me dijo “Fíjese que me dio la suerte, porque le pegué al que usted me dijo…” Tanta era la alegría de don Lesho que casi se muere… “De mi parte muchas gracias” le dije… “Solo regáleme la torta… solo el cafecito me voy tomar…” Que tal, cómo no me iba enfermar yo también si ese mismo billetito lo tuve en mi bolsa.

El relato de esta memoria no es un resentimiento rezagado, sino que a mi edad he aprendido que todo lo que me ha sucedido en la vida es porque Dios así lo quiso; de hecho, he sentido su presencia en todo lo que hago. Hoy me ocupa el caso de don Indalecio porque es un gran ejemplo de vida. Cuando yo estuve la primera vez en Metapán, él vivía cerca del mercado en casa propia, donde también vivía su esposa, tres hijas y tres hijos. Él rondaría los cincuenta años. Al tiempo, supe yo que vivía solo y la familia la había trasladado a otra casa que tenía en la colonia Guadalupe; según dicen se volvió calenturiento.  Los dos hijos ya mayores, uno era agricultor y el otro motorista ya no vivían con él. El hijo menor que era un muchacho y la hija igual se fueron para los Estados Unidos. Las otras dos iban y venían a espiar al viejito generalmente para sacarle y suplir alguna necesidad. La niña que todavía iba a la Escuela era hija de una de las mayores o nieta de Don Lesho.

Para no cansarlos, el mayor le sacó para sembrar varias manzanas de maíz, un día encontró un ladrón que le robaba y lo mató de un balazo; gran dineral se gastó en la defensa. El otro también le había sacado ya para un camión para acarrear cemento ¿Qué pasó con este? Pues que se fue de pique en un barranco cerca del balneario de los chorros… y el camión se acabó. El otro hijo más joven y la muchacha también, que estaban lejos quizá dijeron: ¡Vámonos porque si no, nos van dejar sin nada! ¿Y qué pasó con estos dos?… Pues él le sacó al viejito para una moto… yo no sé de marcas, pero según decían que el motor era de carro… Triste final porque en una vuelta de la carretera, la barda metálica le entró por el pecho y lo destripó totalmente; ella parece que se casó y no le fue bien.  

Finalmente, un día de tantos al señor lo encontraron muerto ya descompuesto; a lo mejor murió de tristeza solito… Solo quedan las moralejas, las reflexiones y los comentarios.

LAZAU

Un sueño nos define la vida

Esta historia fue escrita en el año 2012 

Escribo este pasaje de la historia de mi vida cuando han pasado 30 años. Tenía una esposa maravillosa con un hijo y dos hijas; en casa propia en la ciudad de Metapán… con un trabajo estable… Era para entonces director de la Escuela Urbana Unificada República de Guatemala, que para entonces tenia 29 maestros a mi cargo y a más o menos 900 alumnos entre los turnos de mañana y tarde. Escribo todo esto porque yo era un hombre dedicado, seguro y feliz, porque hacía lo que me gustaba hacer:  Educar a mucha gente de Metapán y por ende a nuestro país El Salvador.

Amo a Metapán como también a mi Apaneca donde nací, pero allá en Metapán me dieron de comer y crecí física y psicológicamente; me cobijaron y así completaron mi felicidad … Todas las personas fueron buenas… Jamás pensé que me iba a ir de ahí… Recuerdo con lágrimas a la niña Consuelito Calito y a la niña Olivia Monrroy porque para entonces yo vivía solo y ellas me cuidaron los primeros años.

Pero llegó la época de 1980 en donde la situación política fue crucial por la confusión generada en la población civil …y… los cuerpos de seguridad y el Ejército enfrentados con la naciente Guerrilla. Yo estuve en la cuerda floja porque casi todos los días sufría atropellos físicos y psicológicos de parte de los dos bandos.

En esos días se perdían aparatos importantes de la escuela como amplificadores, bocinas, televisores… seguido encontraba manchas en las paredes con mensajes amenazantes que finalmente fue lo peor. En muchas de las escuelas de la región los maestros fueron amenazados a muerte, talvez con intensión de mantener en mal estado a las personas por gusto o por intereses creados.

Terminadas las celebraciones patrias del 15 de septiembre de 1982 llegó “la mía…” Un señor llamado Antonio Tojeyra, padre de familia de la escuela, evangélico, honrado, de oficio tejero y de buena reputación, llegó una tarde a mi casa cuando yo no estaba y le contó a mi esposa que la noche anterior cuando él venia del culto ya casi llegando a su casa, se metió a los matorrales para hacer sus necesidades biológicas, y en el silencio de la noche y la luz de la luna, se dio cuenta que cerquita de donde él estaba había una reunión clandestina, y entre todas las cosas que él escuchó fue: “Que iban a matar a Calderón Saz y a su familia”, él añadió que no pudo reconocer a nadie y que se levantó quedamente, y que asustado retornó a su camino y se fue a su casa que quedaba en las afueras de Metapán no muy lejos del cine Orellana, en un terreno plano baldío con arbustos pequeños que le permitía esconderse. Ahí mismo Don Antonio tenía el lugar de trabajo.

Cuando yo llegué a mi casa empezó mi calvario haciendo conjeturas sobre qué hacer o qué camino tomar, pidiéndole a Dios una luz para resolver mi triste situación… Fuimos donde Don Antonio para repreguntar y él manifestó lo mismo.

Esos dias fueron crueles para mí y mi familia; iba a trabajar para poner mis cosas en orden sin poderle contar a nadie de mis problemas y solo pensaba en una persona cercana en mi trabajo que podía ser la culpable.

En esa treta se nos ocurrió una cosa para dormir seguros, salirnos de la casa por la noche para buscar apoyo con unos compadres… Hasta que por fin, después de pedirle tanto a Dios tuve un sueño muy importante para mí y se los voy a contar:

“Hubo un gran incendio en la cuidad en el que nadie se salvaba, como los que se dieron en Sodoma y Gomorra. Se oía nada más que la voracidad del fuego y los lamentos de la gente, bombazos ensordecedores que hacían temblar la tierra, pero en el centro estaba la Iglesia Católica que no era invadida por las llamas y yo con mi familia logramos llegar ahí…  Nos subimos hasta la cúpula en donde era menos el calor y donde había amplia vista del desastre… Terminada la tragedia bajamos y juntitos fuimos saliendo entre los escombros por un camino que se nos fue abriendo poco a poco hacia las afueras…” Cuando desperté, muchas fueron las interpretaciones, pero solo una era la correcta. Habían pasado ya ocho días y tomé la decisión de abandonar mi trabajo y reunirme con mi familia de donde procedo y que me vieron crecer en Apaneca.

Esa mañana fui al trabajo, llamé a mis hijas y salimos hacia la casa; tomamos el bus llevando pocas cosas, pero sí la chucha y el perico, rumbo a Santa Ana en donde me presenté a mis jefes para explicar el motivo de mi salida. Ellos me dieron las recomendaciones del caso y después de mostrarme su comprensión les entregué las llaves originales de la Escuela y proseguimos el viaje.

Como me sentía enfermo física y psicológicamente estuve curándome, lo mismo mi familia, pero debía estarme presentando perentoriamente a la Dirección Regional para esperar un espacio en donde desempeñar mis labores y no perder mi plaza de empleo.

Cansado estaba ya de esperar cuando de pronto llego el Obispo Marco René Revelo, de la región Occidental, y el sacerdote Ricardo Humberto Cea preguntando por mí… y esa fue la solución maravillosa, resulta que el Colegio donde yo estudié había cerrado hace algún tiempo y me preguntó que si todavía quería reabrir el “Colegio San Andrés de Apaneca” y yo emocionado le dije que sí. Me explicaron como lo íbamos a hacer y me encomendaron a mí y a otro compañero quienes nos íbamos a ir para ahí como prestados del Ministerio de Educación para la misión.

Así se manifiesta la sabiduría y voluntad de Dios y bien dicho está que él nos conoce bien desde antes de nacer y arregla los acontecimientos para dar amor cuando uno tiene fe y esperanza.

En ese estado de cosas fuimos con el otro compañero asignado a quitar las telarañas para comenzar la propaganda que el Colegio San Andrés estaba abierto.

Tomamos el proyecto, lo digo así, porque íbamos en calidad de préstamo por el Ministerio de Educación y esperaban la evolución el proyecto porque nos enfrentamos a muchas carencias… Pero gracias a Dios nos fue bien y el Colegio funcionó.

Con esto se cumple lo que Dios tenía deparado para mí… Cuando el gran incendio de Metapán el auxilio vino de la Iglesia católica.   

LAZAU

DON ALBERTO MASFERRER

(Realizado en el tiempo en el que ejercía como profesor de literatura)

Bien dicho esta que en El Salvador cada 33 años nace una luz que alumbra y da la pauta para seguir por el camino del bien, en lo político, en lo económico y en lo social.

Don Alberto Masferrer es uno de ellos que, aunque se topó con una gran piedra angular dura y resbalosa, le hizo mella en su puntiagudo pensamiento.

Don Alberto nació en Alegría del departamento de Usulután el 24 de julio de 1868; en el lugar que siempre suena a fiesta, quién iba a creer que ese nacimiento iluminaría las esperanzas de un mejor El Salvador.

Lástima que quienes solo buscan su comodidad tratan de oscurecer su pensamiento, y muchos salvadoreños padeciendo las dolencias que el maestro, prosista y poeta inspirado vio en su presente; pero no importa, porque también vio el futuro, y su pensamiento sigue vigente como semilla de la buena, pues dedicó su vida especialmente al magisterio, pero sin perder de vista la política combativa que le valió persecución por causa de sus ideas socializantes, las que podemos ver en sus obras y todos sus escritos. Analicemos entonces a vuelo de pájaro uno de sus libritos para darnos cuenta de su pensamiento real.

En su obra “Mínimum Vital” el maestro Masferrer sostenía sobre la necesidad de un movimiento político, social y económico que llenara lo que él denominó “Mínimum Vital”, cuya doctrina la redujo a cinco puntos, representados por una estrella de cinco puntas, veamos:

1° ›› Todo hombre tiene derecho a la satisfacción de sus necesidades primordiales, es decir, que la colectividad le asegure pan, libertad y justicia mediante una equilibrada y sabia organización del trabajo, de la producción y el consumo.

2° ›› Las sustancias comunes, materia prima de la vida, deben ser patrimonio de todos, para que todas y todos extraigan de ellas lo necesario para el sustento del individuo y de la cotidianidad.

3° ›› Las sustancias comunes, herencia y propiedad de todas y todos, son la tierra, el agua, el aire, la luz y el calor solar en todas sus modalidades y potencias, y por lo mismo, no apropiables por usurpación o título perenne que nada justifica.

Nadie es dueño de una común sustancia, pudiendo solo usar de ella en cuanto se lo permitan las normas y costumbres de la colectividad, que es la legítima poseedora.

4° ›› En cuanto el hombre realice su voluntad de trabajo es dueño de los instrumentos del mismo, manteniendo su imprescindible derecho a un mínimo de vida integra.

5° ›› De ahí que, el deber primario ante Dios y por encima de todo, sea la organización de la propiedad, el trabajo, la producción y el consumo, lo mismo que las relaciones de hombre a hombre, de tal manera que todos encuentren siempre y en todas circunstancias, las condiciones precisas para alcanzar su mínimo de vida integra.

Al igual que en este libro, el maestro Masferrer en todo lo que escribió, deja ver lo que le dictó su cerebro y su corazón. Escribió 24 libros, todos con un lenguaje sencillo, siendo los más conocidos además del que acabamos de analizar los siguientes:

  • Estudios y figuraciones sobre la vida de Jesús.
  • Ensayos sobre el destino.
  • Una vida en el cine.
  • Las siete cuerdas de la lira.
  • ¿Qué debemos saber?
  • La religión universal.
  • Niñerías.
  • Prosas escogidas.
  • Leer y escribir.
  • El dinero maldito.

Don Alberto Masferrer además de maestro y escritor, también fue cónsul y viajó por Europa y varios países de América, lo cual le acarreó mayor desasosiego, y que no fue más que manifestación de anhelo por infundir sus ideas y cambiar la mentalidad de su gente y la colectividad; él deseaba que los niños hicieran bien su tarea yendo a la escuela, que el obrero hiciera bien su trabajo, que el campesino cultivará correctamente la tierra, que los maestros resonaran su voz en las escuelas, que la vendedora del mercado fuera honesta en su venta, pero todo con equilibrio para tener derecho a una recompensa mínima decente por su esfuerzo en su trabajo; también que el dueño del almacén de completa la yarda de tela, que el que vende frijoles y el maíz no le falte a la libra, y por último, que quien atesora muchas riquezas con ayuda de Dios o del diablo, la ponga al servicio de la colectividad.

Don Alberto Masferrer murió a sus 64 años en 1932, el 04 de septiembre en San Salvador; la antorcha se apagó y se hizo ceniza, pero la luz quedo.

LAZAU

Experiencia inolvidable en plena pandemia

Este escrito tuvo pie el 06 de mayo del 2020, el día miércoles para mayor exactitud.

Todos sabemos que yo soy un anciano de 78 años, por no decir viejo que le pongo ganas a la vida, cosa que todos los días le sé pedir a Dios, aunque no hago alarde porque se lo pido en silencio y luego que lo que le pido me lo concede le doy las gracias otra vez; pero a veces cuando no hago caso porque no cumplo algunas obligaciones me da mis moquetazos para que entienda y deje de ser terco.

Voy a contarles lo que me sucedió ese día miércoles 06 de mayo del 2020 por supuesto.

Todo comenzó al querer tapar un hoyo que una intrépida rata ha hecho en una de las puertas de madera de mi cuarto; digo que ahí comenzó porque me puse a alistar una madera que lo cubriera y la bendita rata no pudiera entrar.

El clima candente, el serrucho desafilado y que la tabla que cortaba estaba dura, contribuyeron a hacerme difícil la tarea, y para colmo de males escuchar los regaños de mi hija y mi mujer por abusar de mi salud contribuyeron también a que me enojara y tirara todo con violencia. En ese mismo momento se me subió la presión arterial, la temperatura corporal llegó a los 40º C, me dolían los huesos y un frio intenso invadió mi cuerpo; suficientes características para pensar tantas cosas como hacerle el “honor” al coronavirus; y para ajustar mi tribulación viene un médico por hay, que adijueces como decía mi abuelita, me manda al Hospital General del ISSS para que valoren mi estado de salud.

Cuento todo esto porque a veces hay equivocaciones: la persona llega sana, la revuelven con algunos enfermos ya contagiados, y esta persona que llegó sana ya no vuelve porque encontró la muerte.

A mí me llevaron a las cinco de la tarde; inmediatamente me subieron a una cama, al buen rato me quitaron mi oxígeno y me pusieron el del hospital. Luego me sacaron sangre y no sé qué más me hacían porque me puyaron los brazos por todos lados y lugares muy sensibles; así también me tomaron radiografía de los pulmones. Estaba cansado porque me tuvieron ahí cuatro horas y yo les pedía que me dejaran venir a mi casa y las enfermeras solo decían no.

Mis familiares estaban fuera no les permitían entrar. Por fin entraron para comunicarles que me dejarían ingresado. A esa hora yo ya estaba estable. Pero todos estábamos confundidos por la sorpresa, aunque yo ya estaba seguro que el virus no lo tenía, a esa hora me llevaron al quinto piso. Estando ahí comienza el problema en su máxima expresión porque la enfermera que me llevaba pregunta en la primera puerta ¿Hay espacio aquí para este señor? Sale la encargada y contesta que no; viendo nosotros que ahí estaban los más enfermos de virus. Seguimos caminando hacia la otra puerta y pasó lo mismo y vimos que ahí estaban los menos graves. Vamos a la tercera puerta y la enfermera pregunta ¿Hay espacio?, y la enfermera contesta que sí. Ya estaban casi metiéndome cuando la enfermera dijo – hasta aquí llegan ustedes – y le preguntó mi hija que por qué – ¿Que nadie allá abajo les explicó de lo que está pasando? – dijo la enfermera, ¡Claro que no! – Contesto Elena – ¡Abajo solo nos dijeron que mi papá se quedaría ingresado y que acá arriba el médico encargado explicaría por qué se tiene que quedar!

Yo ya cada vez estaba más atribulado y me quería bajar de la cama para que nos viniéramos a la casa… y yo les repetía “si me quedo aquí me contagiaré del virus y en dos días estaré muerto”. Según mi hija al llevarme al quinto piso pensó que yo iba a estar solito en un solo cuarto y bien atendido y que ella podía quedarse conmigo. Según parece, como explicó la doctora encargada cuando llegó, que lo que querían eran alistarme con otros pacientes con enfermedades respiratorias graves, para averiguar mi estado de salud y porque había tenido fiebre. Una enfermera antes que la doctora llegara dijo que si me llevaban a mi casa y me agravaba después y me traían nuevamente ya no me atenderían, ¡Que gran tontería dijo!

Finalmente la doctora encargada manifestó que valoráramos bien el exigir un alta obligatoria.

Así estuvimos largo rato hasta que mi hija Elena se comunico con mi otra hija Claudia y así tomar una mejor decisión.

Como ellos, los del hospital, insistían en dejarme ingresado y nosotros haciendo la contraparte,  Elena un tanto enojada y con gran fuerza y las palabras quebradas dijo: ¡Me lo llevo! Luego que estábamos en ese estira y encoge llego un doctor joven, este fue más compresivo y dijo que si considerábamos que era mejor que me viniera, estaría bien, siempre y cuando tuviéramos las condiciones necesarias en la casa para atenderme. Aclaró también que si me sentía mal de nuevo podía acudir al hospital y que iban atenderme inmediatamente, él también me recetó unos medicamentos.

Por eso aquí estoy vivito y coleando. Estando aquí haciendo conjeturas me acordé que días anteriores se me quebró un diente de arriba y se me infectó; y por eso fue el dolor en la boca, la subida de la presión arterial, y la calentura. Por esa misma razón ahora estoy siendo atendido por un dentista.

Esta historia la cuento porque puede servir a muchos que están pasando por una situación igual. No estoy satanizando todos los hospitales porque yo he estado en otro hospital y me han tratado como si estuviera en un hotel de cinco estrellas como el Policlínico Planes de Renderos con médicos, enfermeras y su personal de servicios. Todo fue excelente.

LAZAU

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JUEGOS DE CIPOTES

Esta memoria traerá bonitos recuerdos a los viejos, o sea cuando en Apaneca habían muchos espacios en las calles sin empedrar y a los cipotes de hoy tal vez pensaran en objetos parecidos para imitarnos, los juegos que a nosotros nos entretenían y nos ayudaban a desarrollar destrezas y otras habilidades en su mayor parte para bien; fueron muchos, pero voy a intentar darme a entender:

 

EL TROMPO

 

Buscábamos el mejor terreno plano y participábamos los que quisiéramos; hacíamos dos marcas, rayas rectas o “rones” les decíamos nosotros, una distante de la otra más de 10 ms. Y menos de 15 ms… cuando jugábamos con dinero lo hacíamos con monedas de 0.05, 0.10, o de a 0.25 ctvs. de colón, pero todas parejas, de una misma denominación y puestas las monedas en raya y nosotros con el mejor trompo, haya cada quien, y… a la señal de salida, comenzábamos todos bailando su propio trompo y moviendo su moneda a partir del primer ron llevándolo arriado como quien va arriando un cerdito. ¿Quién ganaba?… por supuesto el que llegaba primero sin errores y sin trampas… ¿Qué ganaba? Pues la moneda de todos los perdedores. Y así pasábamos horas enteras jugando.

Otra forma de jugar el trompo fue haciendo el mismo recorrido, pero ya no con la moneda, sino con otro trompo y por supuesto cuando íbamos a ese juego llevamos otro trompo en la bolsa… el cual poníamos en el primer ron para arriarlo hasta el otro… Los que lo llevamos sin dificultad y pasábamos el ron estábamos salvados pero el último que llegaba le tocaba perder y se ganaba la “ñoliada”, así decíamos, o sea que le tomábamos el trompo y lo llevábamos todos a un lugarcito adecuado y le dábamos uno por uno en la parte superior con el clavo de nuestro trompo… y naturalmente antes de comenzar el juego acordábamos de cuántos ñolos iba a ser el juego… por supuesto el trompo perdedor quedaba destrozado.

Así pasábamos los cipotes tardes enteras jugando sanamente, pues yo pienso que estábamos aprendiendo la amistad temprana, la psicomotricidad en el manejo de objetos y amacizando la personalidad… porque yo pienso que, si a uno lo tienen encerrado en su casa jugando solo con cientos de juguetes, cuando sea grande será un hombre inútil, antisocial, aguado de carácter o amargado… no será feliz en la vida que lo espera.

Pues yo recuerdo que con el trompo aprendíamos desde hacerlo bailar en la palma de la mano hasta levantarlo sobre la misma pita bailando y otros malabares. Además, hubo otra forma de jugar el trompo: para ello hacíamos un círculo en el suelo con la pita o cordel poniendo el trompo al centro formando así un compás y ya teníamos el círculo del tamaño que acordábamos; aunque generalmente le dábamos un metro de radio. Hecho el círculo poníamos cada quien su moneda, de la misma denominación en el centro según hayamos acordado y empezábamos el juego. Debíamos de tirar desde afuera del círculo, no se valía patear la línea y el trompo debía bailar. La moneda que saltaba del centro hacia la periferia iba a ser la suya y la llevaría poco a poco hasta sacarla del círculo. Si lograba sacarla primero que todos, adquiría el derecho a sacar la del otro contrincante, y si lograba sacarla antes que el dueño, ya era suya también. Estos dos que ya no tenían moneda dentro, también adquirían el derecho a sacar la moneda del otro o los que todavía estaban en la lucha, y así sucesivamente al sacarlas todas terminaba el juego.

En muchas ocasiones paso por donde estábamos jugando una persona mayor que también se divertía poniéndonos la puñada de monedas en el centro para que nosotros las sacáramos con el trompo… Tiempos maravillosos que no volverán.

 

EL CHUSCO

 

Chusco decíamos nosotros, pero no sabíamos de dónde venía el nombre del hoyito que hacíamos en el suelo para jugar. Averiguando en español “chusco” es una persona que tiene gracia y picardía y de arrogancia afable: yo recuerdo que aquí en Apaneca la gente decía que chusco era una persona con costumbres feas.

La verdad es que nosotros hacíamos un hoyito bien hecho en un suelo duro a modo que cupiera un botón, un centavo, una moneda de 0.01 a 0.05, de a 0.10 o de 0.25 centavos; la cosa es que había que ponerse de acuerdo entre los que íbamos a jugar. Hecho el hoyito hacíamos una raya que señalara el punto donde poner el pie para tirar.

Para jugar, nos juntábamos dos o más, pero en cada gestión solo podíamos participar dos, y si éramos más, había que hacer una pequeña elección o rifa para comenzar.

Voy a poner el ejemplo con centavos. Si yo ganaba el orden de tiro, le tomaba el dinero a mi contrincante, y si me daba dos centavos, yo ponía mis dos centavos también, así juntos los tiraba desde la seña o raya. Mi misión era tratar que cayeran las cuatro monedas dentro del hoyito y ese es el “chusco” y ganaba. Si no lo hubiera hecho… porque solo cayeron tres o menos, tiraba mi contrincante y así sucesivamente hasta que cayera el chusco. Solo el chusco gana… y éste es el que gana el derecho de seguir tirando y escoger al siguiente concursante; aunque podría ser que escoja el mismo. El que gana, es el que manda o decide.

A mi no me gustaba mucho porque había amigos expertos en hacer el chusco y no nos dejaban ganar para los dulces. Muchos cipotes eran tan hábiles que, al comenzar el juego ya tenían la ganancia en la mano.

 

LAS CHIBOLAS

 

Chibolas es el nombre como nosotros las conocíamos, pero habían personas de la clase alta que introdujeron el nombre de canicas. Nosotros decíamos: “Vamos a jugar chibolas” y yo recuerdo que estaba muy pequeño cuando Chico Rogelio Calderón vino de Panamá, porque allá trabajó el en el Canal, pero lo que quiero destacar es que me trajo un matate alargado de 100 chibolas, bellísimas, claras, con una figura en medio; y ese ha sido para mí, el mejor regalo que me han hecho en mi vida de niño, y es una memoria más que hasta ahora no se me olvida, y además, me hizo comprender lo importante que es regalarle algo a un niño cuando está chiquito.

 

EL JUEGO

 

Nos juntábamos dos o más, aunque generalmente éramos muchos; hacíamos una figura en el suelo plano y duro que llamábamos “pusunga” como de 30 o 40 centímetros. La “pusunga”, no era más que dos curvas opuestas entre sí que se cortaban en sus extremos a la que le hacíamos a lo largo una raya equidistante de ambos lados. En esa raya, poníamos las chibolas con las que íbamos a jugar, para ello debíamos de ponernos de acuerdo sobre cuantas chibolas íbamos a poner cada uno. No se valían chibolas cacaricas o cacariadas.

El juego comenzaba, todos parados a la altura de la pusunga tirábamos la chibola que llamábamos “tiradora”, hacia una raya que habíamos hecho a unos siete metros. La chibola que tirábamos cada quien, unas quedaban cerca de la raya, pero otras quedaban lejos; de acuerdo a esas distancias comenzábamos a tirar, respetando el orden por supuesto; así, el que quedaba lejos, tiraba de último desde esa raya que nosotros llamábamos “barco” y no raya.

Si desde el primer tiro desde el barco con la tiradora, golpeaba una de las chibolas y la sacaba de la pusunga, éste continuaba tirando sin parar sacando las que pudiera hasta que fallara. Mientras los otros estaban esperando su turno desde el barco. Ahora salía el segundo, y luego el tercero, y el cuarto, etc., así pasábamos todos; los que tenían buena tiradora y pulso, se iban a su casa con bastantes chibolas y otros con las bolsas vacías, pero sí, ya se sabía que el día siguiente estábamos ahí de nuevo y con un poco de suerte, ganábamos.

Había otros tipos de juego, pero no de conjunto, sino que individuales que no ayudaban mucho a la amistad entre cipotes, ni tampoco a amacizar la personalidad temprana… y como en esa época nuestros papás eran un tanto despreocupados, o se hacían del ojo pacho, porque les daba pena o vergüenza afrontar algunos problemas; las madres también porque el tiempo para ellas no ajustaba. ¿Qué quiero decir con esto? Que nosotros en aquella época nos íbamos a la calle para aprender, por relación, lo que los cipotes más grandes nos enseñaban, cosas buenas y malas. En aquella época, la calle también educaba como en casa.

 

EL YOYO

 

Dos tapitas circulares y un cordel, eso es todo ¿Cómo manejarlo? Pues también es fácil: el cordel se asegura en el dedo anular y se soban las dos tapitas, en el cordel pero también se encogen… y así, ya somos diestros, ya nos podíamos exhibir en público.

 

LA ZUMBADORA

Este es el más fácil de todos. Nuestros papás cortaban una piececita de madera de unos 12 centímetros de largo x 5 de ancho… la raspaban con güiste o lijaban hasta ponerlo bien afinadita… le hacían un hoyito en un extremo… le amarraban una pita en el extremo… nos enseñaban a girarla con fuerza alrededor de nuestro cuerpo y ya teníamos una zumbadora que hacía un ruido haciéndole honor a su nombre.

 

EL CHACALELE

 

Materiales a utilizar: dos bellotas, un cordel y un palo. A una bellota que va arriba le sacábamos la comida y le hacíamos tres hoyos: en el de arriba para meter el palo, en el de abajo donde saldrá el palo que gira y el de a un lado para sacar la pita o cordel, que hace que el chacalele funcione… a la otra bellota de abajo no le sacábamos la comida o contenido porque es importante el peso, solamente le hacíamos un hoyo estrecho en la parte plana y dura. Afinábamos el palo y en la parte superior le hacíamos una cabecita que permitía sostenerse y en la parte inferior una punta. ¿Cómo lo armábamos? Tomábamos el palo y se lo metíamos a la bellota primera o de arriba, pero ese palo debía llevar amarrado fijamente el cordel y sacarlo por el hoyito del costado (el que servirá para estirar y encoger). Hecho esto, el palo se le mete a la segunda bellota, la pesada que, para que quede fija debe usarse el ingenio poniéndole un clavo o alfiler por en medio o un alambre fino, ¡Allá cada quien! Y ya se tenía un juguete más… Para jugar, se hala la pita y se encoge o se estira. El chacalele hace un ruido peculiar que nos parecía bonito.

 

EL CAPIRUCHO

 

Este es el juego que nunca se dejó de practicar. En aquellos dorados tiempos una cosa importante era, que cada quien hiciera su propio capirucho. Bastaba tener una bellota, sacarle el contenido destruyéndole la base primorosamente y hacerle un orificio en el pequeño ombligo que la bellota tiene encima; ponerle ahí una pitita o cordel con un palito para enchutar y ya teníamos un bonito capirucho de bellota.

Un capirucho de carretón es igual, pues a la llegada de las máquinas de coser ropa de pedal, los hilos venían enrollados en carretes pequeños de madera, nosotros no perdíamos la ocasión para pedirle a un sastre el carrete cuando se les terminaba el hilo. ¿Cómo lo hacíamos? Raspábamos con güiste adecuados el primer sombrerito del carretón, tratando de que quedase cóncavo… el otro sombrerito, había que bolearlo con mucho gusto y en ese hoyo que quedaba ahí, conseguíamos a como pudiéramos, plomo para darle peso y facilitar el enchute.

Yo recuerdo que algunos cipotes aprovechaban las balas ya disparadas y otros se iban a los basureros para buscar ahí el depósito de la pasta de dientes, ya que en aquella época cuando comenzó, eran de plomo. Las ponían en agua en una cacerolita y derretían el plomo. Así, con el plomo sostenía la pita o cordel y en el extremo de esa pita, el palito enchutador.

Ya compitiendo con otro amigo jugábamos lo que llamábamos “panza”, que consistía en número de enchutes en un tiempo determinado… El que hacía más, ganaba y el otro se llevaba la panza.

 

EL CHOPLOCO

Este consistía en un trocito de tallo de ihscapupo… esta es una planta que abundaba antes en los bordos de los caminos, en los potreros y en algunos cafetales de Apaneca. Tiene una característica propia: que en el envés de sus hojas son suavecitas como gamuza y nuestros nativos las usaban como papel higiénico. Pero lo que me tiene ocupado es el Choploco. Se corta el trozo como de 15 cm de largo. Se mide la mitad y a esa mitad se le hace una seña con cuchillo en la cascarita, la cual se fricciona con fuerza hasta que esa mitad se desprende, pero solo la cascarita. Y como es fácil de remover esa cascarita, se le zafa y se le mete… y al hacerlo repetidas veces, hace un ruido onomatopéyico como el de su nombre Choploco.

 

LA PISCUCHA O BARRILETE.

 

Otro juego inolvidable fue la piscucha, me imagino que le llamamos así, por su forma: “picuda” ¿Cómo la hacíamos? Pues muy fácil… yo recuerdo que todo el año pasábamos recolectando las varas de los cohetes, esos que tiraban en las fiestas patronales, en los rezos de los Santos todo el año, y en navidad, ya que estos no pesan mucho, con las varas nos entreteníamos afinándolas para el caso.

Cuando venían los vientos de octubre comprábamos papel de china a cuál más vistoso y también almidón para hacer engrudo para pegar… y… manos a la obra. Cortábamos el cuadro a nuestro gusto. Le pegábamos las varas una vertical de punta-cabeza a cola y la otra en forma de arco de un ala a la otra y ya teníamos el cuerpo… seguido le poníamos la colgajera del mismo papel en ambas alas para equilibrar la piscucha al volar. Además, le poníamos una cola larga de papel de diario para que al volar no colasiara… a a a a solo le falta el frenecillo que servía para amarrar de allí la piscucha. Este es importante porque sin él tampoco vuela y no es más que dos pitas en forma angular que pende una de las varas que hacen cruz y la otra que pende del centro. Luego con gran emoción nos íbamos a la calle a volar nuestra piscucha.

Venían después las hazañas de cipote. A mí me llena de alegría recordar que cuando venía de la escuela con entusiasmo colgaba mi bolsón con los cuadernos y a jugar con la piscucha… buscaba el espacio adecuado, despejado de alambres de la luz eléctrica y telefonía o ramas de algunos árboles; pero una vez arriba la piscucha o barrilete porque así también le llamábamos no quedaba más que disfrutar el juguete. Muchas veces ya sé tenía la intensión u objetivo de soltarlo cuando estuviese alto para que todos los mirones salieran corriendo para “capiar” hilo. Así decíamos, dicho de otro modo, robar hilo. A veces el barrilete grande y la fuerza del viento fuerte provocaba que el hilo no soportara y el barrilete se iba lejos.

Una vez recuerdo que un barrilete andaba por las nubes, que tal que casi no se veía, estaba siendo elevado por los Vielman en el extremo norte de la Avenida Central, todo apuntaba que ya no lo bajarían, todos los cipotes estábamos alebrestados… Al fin lo soltaron y el hilo traía en la puntita un carrizo de papel que le permitía venirse trabando en los alambres y techos de toda la avenida y los compañeros cipotes detrás tratando de bajar el hilo el que a veces lo bajaban pero en la lucha por quererlo tener se les volvía a soltar, luego allá más delante continuaba trabándose en los alambres y en los techos de las casas… Yo estaba en la casa de mi abuelo en el extremo Sur de la Avenida y ya llegando donde yo estaba se desvió un tantito y se fue a posar en un árbol de pito que estaba en el patio… yo atragantado de la emoción me entré y no me importó que el árbol tenía espinas las cuales se me incrustaron, pero yo no las sentía. Mientras en la calle muchos amigos buscaban el sitio donde se había trabado el hilo de la piscucha que estaba volando allá a lo lejos entre las nubes… Mientras yo calladito enrollando gran pocote de hilo en un palo logrando bajar bastante la piscucha… los cipotes enloquecidos en la Avenida buscando y se preguntaban porque bajaba tanto la piscucha.

Mi alegría termino cuando vino un ventarrón fuerte y la piscucha se me soltó y se me fue haya a lo lejos para caer probablemente a las faldas del cerro Chichicastepec.

 

El origen de mi raza apanequense

Ya he escrito que yo dependo de una abuela aborigen (Justa Rufina Arévalo Avelar) y de un español (Antonio Saz Herrera), pero no es esto lo que ahora me inquieta, sino lo de más allá en el tiempo, puesto que aquí en Apaneca científicamente hablando hace 1,000 años a. de J. C. humanos no habían, y si los habían ¿Cuál sería su estado?… Eso es lo que precisamente me inquieta.

En la escuela aprendimos, y yo también enseñé, que el Homo sapiens americano pasó por primera vez por el estrecho de Bering hacia Alaska hace 16,000 años a. de J.C. siguiendo al mamut cuando su dieta principal era ese animal junto con semillas, hojas, tallos y vegetales… y no pasó corriendo sobre el hielo como en un principio en la escuela nos hicieron creer, no, sino pisando la roca con poco hielo cuando el mar estaba un tanto vacío y cuando las aguas del mar estaban a un nivel de 100 metros más abajo que ahora… Fue entonces que el Homo sapiens pasó tranquilo haciendo alarde de su nomadismo y tratando de satisfacer sus necesidades biológicas más importantes.

Así llegó a la península de Alaska… No es justo pensar que solamente venía un hombre y una mujer… no … por supuesto venía una tropilla o varias tropillas que fueron medrando por todo el continente americano hasta llegar a Cabo de Hornos.

Es bueno imaginar y reflexionar sobre cómo y cuál era el estado físico y mental del humano a esta fecha… Han pasado 14,000 a. de J.C. y el Homo sapiens ha medrado por el territorio que hoy es Canadá y Estados Unidos, haciendo su trabajo… A lo mejor el mamut ya había desaparecido y el búfalo o cíbolo ya se había transformado junto a otros animales como el reno y el conejo, que fueron alimento cotidiano del humano, y otras muchas especies más que fueron desapareciendo por la caza indiscriminada.

En el transcurso de los siglos el hombre aprendió a pescar y esto favoreció al resto de las especies animales… No hay que olvidar que la actividad más importante fue la recolección de frutas, hojas, tallos y semillas para su subsistencia.

Se supone que a partir del año 13,000 a. de J.C., el humano ha medrado o migrado hacia el sur y ha llegado ya al altiplano mejicano y a Centroamérica, pues ya se había dado cuenta que aquí el clima es benigno y que eso hacía la vida más fácil… Ya no necesita tantos cueros para protegerse del frío o abundante comida; así va dejando el nomadismo y se va juntando con otros cerca de las fuentes de agua como los ríos, lagos o pequeñas vertientes que nosotros en Apaneca llamamos Ojos de Agua.

Al volverse sedentario se hace cómodo, en el buen sentido de la palabra, mientras él se va lejos a cazar y recolectar, la mujer y los hijos se quedan, y es precisamente en este momento cuando domestica las aves que ahora llamamos de corral como la gallina, el pato y el guaxolote o chompipe en nuestro caló. A lo mejor también el perro ya se había domesticado desde esos inicios en su afán por migrar junto al humano.

Nuestro aborigen varón allá en la montaña mientras caza y recolecta, también observa que las plantas nacen, crecen y se reproducen, y es así como hace infinidad de pruebas trayendo semillas, es así como descubre que las plantas más agradecidas son el frijol y el maíz; no es difícil pensar además que probó con muchos otros tubérculos. Aplausos se gana la mujer indígena porque es ella junto con los hijos la que cuidó, protegió e hizo producir la huerta alrededor de su choza… si, ya se le puede llamar así.

No obstante, el humano siguió migrando hacia el sur y ha llegado a Centroamérica… en Centroamérica está El Salvador… y en El Salvador está Apaneca. Apaneca originalmente fue poblado por Homo sapiens que venían migrando en esa época en un estado de cazador y recolector. En otro cuento he narrado ya “El origen de Apaneca”, ahí explico que mi abuela materna me contaba que Apaneca originalmente estuvo asentado atrás del cerrito que hoy vemos de frente desde el pueblo y que se llama Texitz (De Tex-caracol e Itz – sonido claro y agradable) con la finalidad de defenderse de los grandes ventarrones… Toda esa región se llama ahora Cantón Tizapa, originalmente llamado Tizapán (llamado así porque el agua de las fuentes que los abastecían estaban retenidas en rocas de “tiza” y “pan” que significa “encima”), nombre dado a la región por la migración organizada de tulanos toltecas comandada por Ce-Cath-Topilzin entre los años 1,000 y 1,200 d. de J.C., aunque ya para esa época la mayoría ya se habían mudado al chiflón de viento.

Historiadores mejicanos últimamente cuentan que hubo una disputa interna por el trono en Tollán, Tula o Xicocotitlán (Valle mezquital en el estado de Guerrero, México) y para evitar el derramamiento de sangre, el príncipe Ce-Cath-Topilzin, tomó la decisión de emigrar con sus seguidores sacerdotes, vasallos, nobles y guerreros hacia el sur.

Ahora bien, los historiadores nuestros desde que yo era pequeño, nos enseñaron que Topilzín Axith al frente de los tulanos o Toltecas, pasó por el sur de Guatemala y El Salvador, llegando por primera vez a Ahuachapán (Agua=Roble y Chalca=Casa, literalmente “Casa de robles y encinas”) donde ya habitaba la tribu Pocomán de origen maya desde el siglo V a. de J.C.

No hay duda, que este fue el punto de partida para todas sus conquistas posiblemente en el año 300 después de Cristo: así llegaron a Tlacopán (Tlacotl=vara y pan = lugar), ahora llamada Tacuba… a Ataco (lugar de elevados manantiales)… a Apaneca (Apanehecath de Apan=chiflón y Ehecath=viento)… a  Salcoatitlán (Lugar de culebras y quetzales)… a Juayua (De Xuayua de Cahuit=arboleda y Hua=que posee)… a Nahuizalco, donde la historia cuenta que no fue conquistada por Topitzín, sino que fueron cuatro familias indígenas de izalcos que radicaron ahí en 1596… el resto de pueblos como Mazathuath o Mazahuatan (lugar que tiene venados, ahora llamada Santa Catarina Mazahuat), Santo  Domingo de Guzmán, donde hubo una tribu dominada y educada por sacerdotes Dominicos, por eso a ellos se debe su nombre, y San Pedro Puxtla (Puxtla, que significa “Lugar de mercaderes”) es otro pueblo cuyo origen fue una tribu Yaqui o Pipil. Debemos tener claro que por estos pueblos no pasó Topitzin y que que se formaron mediante otras migraciones en estado salvaje.

Es entendible que Topilzin Axith, no pasó por todos los pueblos mencionados, pues se ha dicho que las migraciones de humanos fueron constantes desde el altiplano mejicano. Mucho antes eran pequeñas tribus que ya hablaban un inscipiente nahuath y que poco a poco se fueron quedando en las partes más altas del occidente del país… Los sabios sacerdotes y nobles que venían con Topilzín fueron los que denominaron Pipiles a nuestros ancestros, porque fueron ellos los que en sus travesías escucharon hablar mal el Nahuath… es por eso que los llamaron “niños”.

Ce-Cath-Topilzin, continuó su gira buscando el mejor lugar para establecer su reino y según cuenta el historiador Santiago Ignacio Barberena, fundó Tecpán Izalco en Nauathizalco (De Itz=que significa obsidiana y Cal o Chacha=casa, que quiere decir “Lugar de las casas de obsidiana”) … Luego pasó por Atehuan (Ateos) y llegó a Kuskatan Tajtzinkayu (Del Pipil Cuzcat que significa “joya” o “presea” que quiere decir literalmente “Lugar de cosas preciosas”) … Llegando luego a la ciudad de los Xoxhitototl (Etimológicamente Suchit o Sushil=flor y Toto-tutut=pájaro, actualmente llamado Suchitoto). Como Topilzín no pudo pasar el río Lempa, lo bordeó y después se cree que encontró el lugar ideal al cual llamó Tula, como la ciudad de sus ancestros.

Muchos pescadores en el lago de Güija han afirmado haber visto construcciones de calicanto en lo más profundo del lago. Algunas personas aficionadas han buceado en algunas partes y en las profundidades han obtenido objetos valiosos. Todo esto da lugar a conjeturas fantásticas, por ejemplo, hay personas que piensan que aquí hubo una planicie alimentada solo por los pequeños ríos de Ostúa, Angüe y Costumapa. La destrucción de Tula llegó al estallar el volcán San Diego, que formó un dique gigantesco que retuvo las aguas. Lo demás queda para motivarles a ustedes lectores a seguir investigando.

Por todo esto me doy cuenta que lo que mi abuela me contaba fue cierto. Una de las incógnitas que siempre me tuvo entretenido, fue lo que pensaba yo en mis adentros sobre mis abuelos… me decía yo solito ¿Por qué mi abuela es pequeña, piel entre negro amarillento, ojos y pelo negros, con cara de chinita; y mi abuelo en cambio, era grandote, blanco, rubio y ojos azules… Ahora que ya estoy en los “entas” me doy cuenta que mis genes pasaron así por el estrecho de Bering caminando y en barco por el océano Atlántico ¡Qué fantasías verdaderas he logrado imaginar!… y … si seguimos imaginando, y le echamos un ojazo a todas las caritas de mi gente linda de Apaneca veremos que poquito falta para que nos parezcamos todos… como los chinos que todos son iguales.

Así voy a terminar mi historia, haciendo ver que el Cath Topilzín, si pasó por Apanehecath. Se cree que él es el que llamó a nuestros nativos pipiles o niños por hablar mal nuestro idioma.

LAZAU