Un intento por “abrirle los ojos” a mis lectores

Pareciera que soy un resentido social, pero quizá lo soy con mucha razón. Tal vez si me hubiera quedado “burro” ignorante sin escuela, o trabajador “soba leva” del patrón, o mandadero político sin saber de qué se trata la política y mucho menos sin saber amar a la patria… Mi papá me decía: “Me gustaría algún día verte arriba de una tarima gritando verdades necesarias, pero jamás sirviendo de tonto útil diciendo bobadas con sabor a mentiras.

Me da mucho sentimiento al ver tanta pobreza provocada por las políticas de Estado emanadas por personas sin escrúpulos, pero también por la ingenuidad de nuestra gente, que con su humildad ha facilitado el engrandecimiento de los corruptos.

Y todo mi sentimiento llega cuando empiezan las fechas memorables que en la escuela nos enseñan “a morir”, por cierto. No sé qué han sentido ustedes mis queridos lectores allá por el mes de septiembre, cuando recordamos que a veces sin comer y orgullosos, dejábamos los pellejos en los empedrados de mi querido pueblo de Apaneca ensayando para el mero día 15 en que culminaban las fiestas cívicas.

Es oportuno pues contar lo que sucedió un 15 de septiembre, precisamente en un desfile; y es que en la Escuela se acostumbraba que quien llevara la bandera fuera el alumno más aventajado, el que tuviera las mejores notas; además que fuera alto, no importando que estuviera desnutrido o no. Como en aquella época el viento soplaba al 100%, y como el pabellón era grandotote, me pego una primera arrastrada de Norte a Sur cuando estábamos saliendo en el desfile frente al parque; de llevar el paso exigido nada, solo sosteniendo la asta para que no me llevara corriendo. Al cruzar en la 4° calle de Oeste a Este el esfuerzo fue menor, pero al llegar a la Av. 15 de abril la situación se complicó, porque el pabellón se me movía para uno y otro lado y por ratitos me llevaba de retroceso. Cuando se llega a la 3ª Calle, el ventarrón se siente menos, pero al cruzar hacia la 1ª Av. ocurrió lo mismo, el pabellón me llevó corriendo hasta llegar al parque de nuevo ¡Muy cansado…! ¡Que pena!  Ese día bien lo recuerdo, porque por primera vez teníamos una Banda de Guerra ¡Gran novedad! En esa época no había nada de resentimientos, todo era alegría.

Todo el mal empieza cuando uno estudia y hace análisis de los sucesos y como fueron, y uno se da cuenta de las verdades que han tenido que ver de una manera oculta o disfrazadas en el devenir del tiempo, en donde han prevalecido los intereses personales de quienes no han tomado en cuenta que son cabezas o tanques de pensamiento, y que uno ingenuamente les da las gracias y los admira.

Yo siempre en mis adentros me digo ¿Y estos personajes que dicen que son los próceres y que lucharon tenazmente por la independencia Centroamericana del yugo español; luego esos mismos, permitieron separarse y formar su propio gobierno? Fue inaudito que los próceres salvadoreños a sabiendas que les tocaría la parte más pequeña lo permitieran. Pareciera que a los próceres de El Salvador les interesó más venirse de Guatemala a cuidar sus latifundios, que buscar otra solución; por ejemplo, si eso querían, pues debieron agarrar partes iguales. Por eso cuando veo a El Salvador tan pequeño me siento resentido.

Aunque lo hecho hecho está, voy a tratar de anotar aquí lo poco que he logrado recabar de estos señores “abnegados”.

Cuando allá en Guatemala se firmó el acta de independencia, aquí en El Salvador se supo por lo menos un mes después, si no es que mucho más. El Dr. Pedro Barriere (Cubano) fue el último intendente colonial que no se quería ir. El 28 de noviembre de 1821, entregó el mando al Dr. José Matías Delgado que había venido ya de Guatemala.

Es fácil entender lo frágil de la situación porque de pronto aparece Vicente Filísola, un italiano que pasa por España y se hace militar, luego viene a México y se pone al servicio de Agustín de Iturbide para anexar a Centroamérica y de pronto viene hasta El Salvador y le saca carrera al presbítero y Doctor Delgado, y se sienta en su silla de Jefe de Estado el 9 de febrero de 1823 y se va en mayo de ese mismo año.

Luego comienza la época en que se hacen llamar presidentes:

Felipe Collados Núñez (Del 7 al 25 de mayo de 1823)

Se forma una junta consultiva que estuvo del 25 de mayo de 1823 al 17 de junio del mismo año. Luego nombran al guatemalteco Mariano Prado Baca, del 17 de junio de 1823 al 22 de abril de 1824. Prado hizo un 2° y 3° período hasta llegar al 1 de octubre de 1824. Le sigue Juan Vicente Villacorta Díaz, siendo el primer presidente electo, gobernó desde el 13 de diciembre de 1824 al 1 de noviembre de 1826. Continúa de nuevo, Mariano Prado Baca, no obstante que era “nica” le gustó el hueso, haciendo éste un 4° periodo desde el 1 de noviembre de 1826 al 1 de noviembre de 1829. Luego José María Cornejo, quien gobernó desde el 30 de enero de 1829 al 16 de febrero de 1830, poder que le fue conferido por José Damián Villacorta, encargado de la Presidencia hasta esa fecha. El presidente Cornejo, separó a El Salvador de la Federación Centroamericana y por eso fue encarcelado en Guatemala.

Otros presidentes fueron de 1830 a 1834:

  1. José Damián Villacorta
  2. Francisco Morazán (hondureño)
  3. Joaquín de San Martín
  4. Carlos Salazar Castro
  5. Gregario Salazar

Luego aparecen en la palestra entre 1835 a 1841:

  1. Joaquín Escalón y Balibrera
  2. José María Silva
  3. Nicolas Espinoza
  4. Francisco Gómez
  5. Diego Vigil
  6. Timoteo Menéndez
  7. Antonio José Cañas   
  8. Francisco Morazán, que va y viene por todo Centroamérica luchando por la no separación de los Estados centroamericanos. En esta ocasión, renunció a la Jefatura Suprema del Estado, el 11 de julio de 1840.
  9. Gobernó un Concejo Municipal.
  10. Antonio José Cañas
  11. Norberto Ramírez
  12. Juan Lindo, quién fundó la Universidad de El Salvador; también participa en la entrada en vigor la segunda constitución que declarara la disolución de la Federación el 22 de febrero de 1841.

Presidentes del periodo posterior a la Federación de 1841 a 1861:

  1. Juan Lindo, gobernó durante cuatro meses y renunció.
  2. Pedro José Arce.
  3. José Escolástico Marín.
  4. Juan José Guzmán, quien tomó posesión del cargo al no ser aceptado por Antonio José Cañas. Fue depuesto por Francisco Malespín.
  5. Cayetano Antonio Molina y Lara
  6. Pedro José Arce. 
  7. Fermín Palacios.
  8. Francisco Malespín, su vicepresidente lo asesinó al querer recuperar la presidencia.
  9. Joaquín Eufrasio Guzmán, se auto declamó presidente luego que Malespín se fue de Campaña a Nicaragua.
  10. Eugenio Aguilar
  11. Tomás Medina Menéndez
  12. José Félix Quirós
  13. Francisco Dueña Diaz
  14. Doroteo Vasconcelos
  15. Ramón Rodríguez
  16. Rafael Campos
  17. Lorenzo Zepeda
  18. Miguel Santín del Castillo
  19. Joaquín Eufrasio Guzmán
  20. José María Peralta
  21. Gerardo Barrios, éste trajo el café con la idea de hacer esclavos.
  22. Francisco Dueñas, luego de darle golpe de estado a Barrios lo fusilaron.

Presidentes cafetaleros de 1871-1931

  1. Santiago González, del 15 de abril de 1871 al 1 de mayo de 1872; vuelve el 9 de julio de 1872 al 1 de febrero de 1876.
  2. Manuel Méndez, del 1 de mayo al 9 de julio de 1872. 
  3. Andrés Valle, del 1 de febrero de 1876 a mayo de 1876.
  4. Rafael Zaldívar, del 21 de agosto de 1884 al 14 de mayo de 1885. Su principal objetivo fue quitarles el sustento diario a nuestros nativos, nacionalizando las tierras de los egidos y las tierras comunales para la siembra del café, e hizo el llamado a extranjeros a quienes ofreció que cultivando once palitos esmerados de café ya serían dueños de la tierra. Así muchos vinieron, para que sus hijos fueron salvadoreños y nuestros nativos esclavos.
  5. Ángel Guirola.
  6. Fernando Figueroa.
  7. José Rosales, dejó su herencia para la construcción del Hospital Rosales.
  8. Francisco Menéndez.
  9. Carlos Ezeta.
  10. Rafael Antonio Gutiérrez.
  11. Tomás Regalado, del 14 de noviembre de 1898 al 1903.
  12. Pedro José Escalón.
  13. Doctor Manuel Enrique Araujo, del 1 de marzo de 1911 a 1913, fue asesinado el 9 de febrero de 1913.
  14. Carlos Meléndez.
  15. Alfonso Quiñonez Molina.
  16. Jorge Meléndez.
  17. Pio Romero Bosque.
  18. Arturo Araujo. Fungió como presidente del 1 de marzo al 2 de diciembre de 1931, fue derrocado por su vicepresidente Maximiliano Hernández Martínez.

En esta época se gestó la oligarquía salvadoreña y la esclavitud en los cafetales. Vienen ahora los gobiernos militares entre los años 1931 a 1979. En esta época se hablaba ya de bolcheviquismo nacido en Rusia y se hacía camino por toda Europa y el mundo. La burguesía salvadoreña tuvo miedo e hicieron pacto con los militares y formaron un Directorio Cívico el 2 y 4 de diciembre de 1931, compuesto de militares de alto rango, incluido Maximilano Hernández Martínez.

1º Maximiliano Hernández Martinez, se autonombró presidente después de derrocar a Arturo Araujo, haciendo un periodo del 4 de diciembre de 1931 al 28 de agosto de 1934. Durante esta época fueron asesinados 25 mil nativos, en 1932. A Maximiliano «le gusto la guayaba», como se decía entonces, pues ya tenía la estrategia para convertirse en un dictador, entre ellas, fusilar a quienes le hacían estorbo; tuvo además un militar de espíritu «comodín» que cumplía a cabalidad sus aspiraciones llamado General Andrés Ignacio Menéndez, a quien convenció de convocar  elecciones, gobernando nuevamente del 1 de marzo de 1935 al 9 de mayo de 1944, terminándose así la democracia. Depuso su cargo obligado por la huelga de brazos caídos convocada por la sociedad civil.

2º Andrés Ignacio Menéndez, éste gobernó durante seis meses. Fue el militar “comodín” de Hernández Martínez.

3º Osmín Aguirre y Salinas, la gente le llamaba “la mica polveada”, gobernó del 21 de octubre de 1944 al 21 de mayo de 1945, fue presidente provisional.

4º Salvador Castaneda Castro, gobernó del 1 de marzo de 1945 al 14 de diciembre de 1948, fue del efímero Partido de Unificación Social Demócrata; fue derrocado por un grupo de jóvenes militares.

5º Consejo Revolucionario del Gobierno, del 15 de diciembre de 1948 al 14 de septiembre de 1950, dirigido por el teniente coronel Óscar Osorio.

6º Oscar Osorio, del 14 de septiembre de 1950 al 14 de septiembre de 1956.

7º José María Lemus, del 14 de septiembre de 1956 al 26 de octubre de 1960.

8º Junta de Gobierno, del 26 de octubre de 1960 al 25 de enero de 1961.

9º Directorio Cívico Militar, del 25 de enero 1961 al 25 de enero de 1962.

10º Eusebio Rodolfo Cordón, gobernó durante 6 meses, del 25 de enero de 1962 al 1 de julio de 1962. Este fue designado por el Directorio Cívico Militar para convocar a elecciones.

11º Julio Adalberto Rivera, del 1 de julio 1962 al 1 de julio 1967. En este momento nace el Partido de Conciliación Nacional (PCN). A Rivera le llamaban el hombre de la moto y del sombrero campesino.

12º Fidel Sánchez Hernández, ganó las elecciones con el partido PCN y gobernó entre 1 de julio de 1967 al 1 de julio de 1972; durante su mandato tuvo lugar la llamada “Guerra del Futbol”.

13º Arturo Armando Molina, gobernó del 1 de julio de 1972 al 1 de julio de 1977.

14º Carlos Humberto Romero, del partido PCN, gobernó del 1 de julio de 1977 al 15 de octubre de 1979. Fue derrocado por dos oficiales jóvenes: Adolfo Arnoldo Majano y Jaime Abdul Gutiérrez, quienes gobernaron del 15 de octubre de 1979 al 2 de mayo de 1982.

Gobiernos civiles de 1979 hasta el presente

1º Junta Revolucionaria de Gobierno (15 de octubre de 1979 al 2 de mayo de 1982). En este período comienza la Guerra Civil. Se dividió en tres periodos con distintas juntas, las del 79, 80 y 81. Finalmente se nombra un presidente provisional.

2º Álvaro Magaña Borja (2 de mayo de 1982 al 1 junio de 1984).

3º José Napoleón Duarte (1 de junio de 1984 al 1 de junio de 1989), del Partido Demócrata Cristiano (PDC), inició las negociaciones para poner fin a la guerra civil.

4º Alfredo Cristiani (10 de junio de 1989 al 1 de junio de 1994). Del Partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). Durante este período se firmaron los Acuerdos de Paz en Chapultepec, el 16 de enero de 1992.

5º Armando Calderón Sol (1 de junio de 1994 al 1 de junio de 1999). Del Partido ARENA.

6º Francisco Flores (1 de junio de 1999 al 1 de junio del 2004) Fue el responsable de la dolarización la economía salvadoreña.

7º Elías Antonio Saca (1 de junio de 2004 al 1 de junio de 2009). Del Partido ARENA, durante su gestión entró en vigor el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.

8º Mauricio Funes (1 junio de 2009 al 1 de junio 2014). Del Partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Implantó el subsidio al gas propano, se crearon los proyectos de Ciudad Mujer y el Plan Casa para Todos.

9º Salvador Sánchez Cerén (1 de junio de 2014 al 1 de junio de 2019) Del Partido FMLN. Creó el Ministerio de Cultura, rompió relaciones diplomáticas con Taiwán e incremento el salario mínimo en el sector privado y público.

10º Nayib Bukele (1 de junio del 2019 hasta presente). Del Partido Nuevas Ideas.

A continuación, me permito relatar algunos sucesos importantes, por supuesto a grandes rasgos, de algunos presidentes o Jefes de Estados y así facilitar la búsqueda por internet, si es de interés para mis lectores conocer algunos pormenores de lo que hicieron. Por ejemplo, los primeros Jefes de Estado, estuvieron a “menos cero grados” por amor a la patria, pues algunos gobernaron poco tiempo, bien porque otro los desalojó por la fuerza, como es el caso del Dr. José Matías Delgado, que fue desalojado por un italiano llamado Vicente Filísola.

Otro ejemplo es Mariano Prado Baca, nacido en Nicaragua, es nombrado por una Junta y gobierna tres periodos pequeños; más tarde, aparece el General Francisco Morazán, que siendo hondureño cae en la palestra salvadoreña. En esta época la historia los llamó caudillos.

Podemos mencionar además como ejemplo a Juan Lindo, que al parecer empezó a preocuparse por algunas cosas importantes como la fundación de la Universidad Nacional. En esta época también entró en vigor la Segunda Constitución en la que se declaró la separación total de la Federación, hecho ocurrido el 22 de febrero de 1841.

Todos los presidentes hicieron algunas cosas buenas y otras cosas malas. Gerardo Barrios, por ejemplo, ya lo he dicho antes, trajo el café ¿Para qué? Para convertir a nuestros nativos en esclavos. Más tarde llegaría al poder Rafael Zaldívar, quien consolidó el esclavismo en El Salvador cuando por decreto pasó las tierras ejidales y comunales al Estado y promocionó al mundo que con solo sembrar 11 palitos de café se convertirían en dueños de la tierra; así vinieron, especialmente de Europa a invertir, dando origen a los grandes latifundios. Para entonces, nuestros nativos que eran dueños de la tierra, pasaron a ser asalariados (nueva forma de hacer esclavos). A todos estos presidentes la historia les ha llamado “cafetaleros” porque todas las actividades se movían alrededor del café.

En esta época se dieron fenómenos políticos horrendos, como son los derrocamientos de los presidentes por los mismos vicepresidentes, mismos que ellos habían escogido para la administración. En esta época también ocurrieron asesinatos horribles, como el del Dr. Manuel Enrique Araujo, que alarmó al mundo entero. ¿Quieren saber algo de este hecho? Pues hubo muchas versiones, voy a contarles la que mi abuelito Toño sabía: Él contaba que el Dr. Araujo hacía un buen gobierno, de hecho, era médico y graduado en la Universidad Nacional; también viajó a Europa para perfeccionar sus conocimientos. Mi abuelo decía que durante su gestión todo era alegría porque la vida era más barata, además decía que él nunca había visto a un Presidente visitar a su gente para mover las leyes a su favor. Fue una lástima porque se decía que era una gran persona, que tenía una gran mente y con un corazón tranquilo. Pero se confió.

Mi abuelo me contó que él iba a los conciertos que los fines de semana se daban en el parque, que entonces se llamaba “Bolívar”, frente al Palacio Nacional. Ahí se ponían unas bancas de madera para que la gente pudiera ver el espectáculo; el Dr. Araujo se sentaba en las primeras filas y a ambos lados lo acompañaban dos amigos: Francisco y Carlos Dueñas. Los asesinos llegaron por atrás y el principal le asestó el primer machetazo en la cabeza, como quien raja en dos un coco, y los otros dos le pegaron en las demás partes del cuerpo; “pero también cuentan que se oyó un disparo”. Terminado el encargo, se dieron a la fuga, increíble porque los individuos eran campesinos que ni siquiera conocían San Salvador, por lo que no queda más que pensar que alguien los llevó, y que ellos actuaron inocentemente. Desorientados los capturaron cerca del Campo Marte hoy llamado Parque Infantil.

¿Quién fue el criminal principal? Se llamaba Virgilio Mulatillo. Los otros dos se llamaban Fermín Pérez y Fabián Graciano. Los tres actuaron con instinto de animal. El disparo que se escuchó y que impactó en el omoplato del Dr. Araujo fue hecho por el Mayor Fernando Carmona, quien fue preso y a los tres días se suicidó.

Mi abuelo contaba que se rumoraba que los habían preparado, o mejor dicho adiestrado, en una finca cerca de Ataco, parece que la gente de por ahí ya los conocían.  La verdad es que se decían tantas cosas que no se sabía qué creer. A los asesinos los fusilaron rápido sin siquiera investigar nada. Cuentan que Mulatillo quería decir algo como “Guatemala, de Guatemala” pero nadie entendió y todo quedó impune.

Todo lo que mi abuelo me contó quedó igual, hasta 100 años después se esclareció que el asesino intelectual fue el presidente de Guatemala Manuel Estrada Cabrera y el presidente de Estados Unidos, según revelaron dos cartas secretas enviadas a su presidente por los diplomáticos de Estados Unidos destacados en Guatemala.

Cuento esta historia con detalle para que las futuras generaciones busquen y lean lo que cada personaje hizo para nuestro país. De los gobiernos militares aquí no se puede apuntar mucho porque estos hicieron cosas peores y hay material suficiente de cada uno para hacer un libro; tal es el caso de Maximiliano Hernández Martínez que asesinó a 25 mil salvadoreños. En esa época había elecciones, pero siempre ganaba el candidato del partido de los militares y los oligarcas. El último de los presidentes militares fue Carlos Humberto Romero, que fue derrocado el 15 de octubre de 1979 por dos oficiales apoyados por la Juventud Militar de esa época.

En esos mismos días se gestaba el partido ARENA, sin duda los oligarcas se sintieron desprotegidos, y sus capitales y sus propiedades en peligro. Yo recuerdo que ese día un batallón comandado por el Coronel Majano invadió una finca en El Espino, en donde estaban reunidos clandestinamente, y según la noticia fueron capturados todos, dándose cuenta entonces que pensaban fundar un partido orientados por el mayor retirado del Ejército Mayor Roberto D´Aubuisson Arrieta, personaje oscuro que cobijado por la derecha salvadoreña y por la amistad con Estados Unidos, creó en El Salvador organismos paramilitares para matar a miles de salvadoreños, incluyendo a Monseñor Romero (ahora Santo). Más tarde, siempre con mañas, llegó a ser diputado y desde allí, amparado en la presidencia, ejerció el principal anhelo de su vida: matar.

Mientras sucedía lo último que he expuesto entre los años 1979 y 1982, gobiernan en el país, tres juntas formadas por personas importantes entendidas en política, que finalmente eligieron al Dr. Álvaro Magaña para gobernar del 2 de mayo de 1982 al 1 de junio de 1984, con el propósito de no dejar un vacío de poder mientras se redactaba la Constituyente y se preparan las elecciones de 1984.

Una observación importante que no puede quedar fuera y que pasó en esta época, fue el cambio ideológico del pueblo salvadoreño provocado por las elecciones de 1972, y es como un despertar, porque se realizaron elecciones aparentemente libres en las que iba como candidato el Ing. José Napoleón Duarte con la Unión Nacional Opositora (UNO), contra el Coronel Arturo Molina, con su Partido de Conciliación Nacional (PCN). El Ing. Duarte ganó las elecciones por abrumadora cantidad de votos, pero con trampas y con el apoyo de la Asamblea Legislativa constituida por un solo partido, el PCN, impusieron como presidente al Coronel Molina. Días más tarde, una madrugada, Duarte arenga al pueblo ayudado por un par de militares que tiraron unos cuantos cañonazos; pero lo capturan, le dan sus garrotazos, le revientan la cara y casi le sacan un ojo, lo llevan a su casa y junto con su esposa e hijos, el chucho y a saber cuántos acompañantes más, los llevaron al Aeropuerto de Ilopango, los subieron a un avión y los fueron a dejar a Venezuela.

Hubo elecciones otra vez. Se lanza por la Unión Nacional Opositora (UNO) al Coronel Ernesto Claramount Rozeville, frente a Carlos Humberto Romero del Partido de Conciliación Nacional (PCN), y este partido con trampas gana otra vez.

Con todo esto el pueblo se cansa y opta por organizarse. Las instituciones sociales coincidentes en pensamiento toman conciencia porque no ven otra salida para tener una democracia aceptable y se van a la montaña como Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en 1979. Así comienza la guerra civil: el Ejército Nacional enfrentado contra el Ejército del pueblo.

Fueron 12 años tristes en los que se pueden contar millones de historias; murieron más de 100 mil buenos hombres y mujeres que debemos recordar siempre. La guerra marcó el inicio de su final el 11 de noviembre de 1989 cuando el FMLN lanzó la “Ofensiva Final” en todo el territorio salvadoreño, demostrando su poderío. La guerra formalmente terminó después de muchas reuniones que culminaron con la Firma de los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992 en Chapultepec de México.

Volviendo a la resolución de la última Junta de Gobierno, en la que se designó a Álvaro Magaña como presidente provisional para que organizara las elecciones del 1 de junio de 1984… Así sucedió; participó en esta contienda electoral, el Ing, José Napoleón Duarte, por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), frente a Roberto D’Aubuisson de ARENA. Ganó el PDC. Lamentable el Ing. Duarte finalizando su periodo falleció.

En 1989 entra a la palestra el partido ARENA con Alfredo Cristiani, frente a Claramount, del PDC; las elecciones son ganadas por Cristiani. En su momento participó en las negociaciones por la paz, no para llevarse las palmas, sino más bien porque fue obligado por las circunstancias y el temor. Durante su gestión, fueron asesinados los sacerdotes Jesuitas… y eso dice mucho de su capacidad.

En 1994 el partido ARENA lanza como candidato a Armando Calderón Sol, frente al Doctor Guillermo Manuel Ungo, del Frente Democrático Revolucionario (FDR), las elecciones las ganó ARENA. El Doctor Ungo hubiera sido un buen presidente, pero no fue posible, murió en México asilado. La gente dice que las ayuditas que vinieron para la reconstrucción de los daños que dejó el terremoto ocurrido en 1986, desaparecieron en su gestión.

En 1999, a contienda electoral va Francisco Flores de ARENA, frente a Facundo Guardado del FMLN, que ya en ese momento se había convertido en partido político; por cierto, se equivocaron en esa elección, pues había muchos más cerebros para escoger candidatos. Paco Flores se distinguió porque repartía dólares en saquitos a sus colaboradores de la Asamblea Legislativa, compraba propiedades a sus familiares y premió a la empresa privada dolarizando la moneda, cagándose en nosotros el pueblo, pues de cien coloncitos que teníamos ahorrados, se convirtieron en 11.42 unidades de dólar. Todos los donativos que el gobierno de Taiwán hacía para aliviar la pobreza de los salvadoreños en esa época, fueron a parar a los bancos extranjeros. Aquí estamos todos dudando, porque prefirió morirse antes de devolver lo robado.

En 2004 gana ARENA otra vez llevando como candidato a Elías Antonio Saca que compitió frente a Jorge Shafik Handal, si el FMLN lo hubiera lanzado en la campaña anterior hubiera ganado la presidencia. Tony Saca actualmente está preso porque hizo cosas igual que Flores. Éste saqueó la partida secreta, compró mansiones y empresas que lo hacen parecer como empresario exitoso al igual que Cristiani y Calderón Sol a quienes su tiempo ya prescribió.

En el 2009, al igual que en estas últimas elecciones, participaron otros partidos.  En esta ocasión participa otra vez el FMLN con Mauricio Funes, que no era miembro de ese partido, frente a Rodrigo Ávila, de ARENA. Hasta ese momento son los partidos más grandes, dando origen al fenómeno de la polarización, convirtiéndose en una reyerta ideológica que al final de cuentas, en eso se quedan, cuidando el puestecito dorado y para el pueblo “caca”.

Pero volviendo al tema de esta elección, las gana Mauricio Funes ¡Salvemos la Divina Providencia! porque éste salió peor que todos los presidentes civiles revueltos con militares, porque saqueó el Estado y no se dejó agarrar, pues se fue huyendo del país y finalmente se asiló en Nicaragua para luego hacerse ciudadano de ese país.

En el 2014, gobierna Salvador Sánchez Cerén de quien no puedo decir mucho, quizá no robó, habrá que esperar qué dirán los historiadores, yo solo se que fue un comandante del FMLN, que estuvo discutiendo los Acuerdos de Paz en Chapultepec (México), que luego ganó las elecciones con su partido, que hizo un gobierno entre tantas críticas, y fue el presidente que luego de ser comandante del FMLN, vino a ser comandante del ejército que fue su enemigo.

En el 2019 aparece un nuevo partido creado por Nayib Bukele y que él mismo llamó “Nuevas Ideas” basado en la mala crianza de todos los partidos en donde no hay uno que no haya hecho uso del infinitivo verbo “robar” y como últimamente lo robado es abultado, su eslogan fue importante para ganar las elecciones de ese año: “devuelvan lo robado”. También ha habido otro fenómeno importante, y es que por primera vez en la historia de El Salvador no ha habido negociaciones bajo la mesa entre los Diputados y el Ejecutivo y esto ha creado gran confrontación. Éste ha sido el único presidente de la República que no se ha dejado manosear por nadie y por eso quisieron quitarlo y poner a otro a su conveniencia. Nayib Bukele fue a elecciones con el partido GANA, las que ganó en segunda vuelta porque él no tenía partido y se enfrento a Norman Quijano de ARENA.

A quien no debo dejar en el tintero, como dicen los que escriben, es a Prudencia Ayala, nativa referente de la mujer salvadoreña que nació en Sonzacate el 28 de abril de 1885 y murió el 11 de julio de 1936. Prudencia fue escritora y activista social que luchó por los derechos de la mujer salvadoreña. Fue la primera mujer aspirante a la presidencia en 1930, cuando ni siquiera la mujer podía votar, pero no la eligieron tildándola de loca. La mujer pudo votar hasta el año 1952 cuando quedó establecido en la Constitución de 1950. Hay mucho que se puede saber de Prudencia Ayala.

En todo lo que he escrito sobre los presidentes de El Salvador, me he limitado a invitarles a que investiguen por internet la biografía de cada uno, en vez de interesarse en tonterías que nada bueno les deja.

LAZAU

DON ALBERTO MASFERRER

(Realizado en el tiempo en el que ejercía como profesor de literatura)

Bien dicho esta que en El Salvador cada 33 años nace una luz que alumbra y da la pauta para seguir por el camino del bien, en lo político, en lo económico y en lo social.

Don Alberto Masferrer es uno de ellos que, aunque se topó con una gran piedra angular dura y resbalosa, le hizo mella en su puntiagudo pensamiento.

Don Alberto nació en Alegría del departamento de Usulután el 24 de julio de 1868; en el lugar que siempre suena a fiesta, quién iba a creer que ese nacimiento iluminaría las esperanzas de un mejor El Salvador.

Lástima que quienes solo buscan su comodidad tratan de oscurecer su pensamiento, y muchos salvadoreños padeciendo las dolencias que el maestro, prosista y poeta inspirado vio en su presente; pero no importa, porque también vio el futuro, y su pensamiento sigue vigente como semilla de la buena, pues dedicó su vida especialmente al magisterio, pero sin perder de vista la política combativa que le valió persecución por causa de sus ideas socializantes, las que podemos ver en sus obras y todos sus escritos. Analicemos entonces a vuelo de pájaro uno de sus libritos para darnos cuenta de su pensamiento real.

En su obra “Mínimum Vital” el maestro Masferrer sostenía sobre la necesidad de un movimiento político, social y económico que llenara lo que él denominó “Mínimum Vital”, cuya doctrina la redujo a cinco puntos, representados por una estrella de cinco puntas, veamos:

1° ›› Todo hombre tiene derecho a la satisfacción de sus necesidades primordiales, es decir, que la colectividad le asegure pan, libertad y justicia mediante una equilibrada y sabia organización del trabajo, de la producción y el consumo.

2° ›› Las sustancias comunes, materia prima de la vida, deben ser patrimonio de todos, para que todas y todos extraigan de ellas lo necesario para el sustento del individuo y de la cotidianidad.

3° ›› Las sustancias comunes, herencia y propiedad de todas y todos, son la tierra, el agua, el aire, la luz y el calor solar en todas sus modalidades y potencias, y por lo mismo, no apropiables por usurpación o título perenne que nada justifica.

Nadie es dueño de una común sustancia, pudiendo solo usar de ella en cuanto se lo permitan las normas y costumbres de la colectividad, que es la legítima poseedora.

4° ›› En cuanto el hombre realice su voluntad de trabajo es dueño de los instrumentos del mismo, manteniendo su imprescindible derecho a un mínimo de vida integra.

5° ›› De ahí que, el deber primario ante Dios y por encima de todo, sea la organización de la propiedad, el trabajo, la producción y el consumo, lo mismo que las relaciones de hombre a hombre, de tal manera que todos encuentren siempre y en todas circunstancias, las condiciones precisas para alcanzar su mínimo de vida integra.

Al igual que en este libro, el maestro Masferrer en todo lo que escribió, deja ver lo que le dictó su cerebro y su corazón. Escribió 24 libros, todos con un lenguaje sencillo, siendo los más conocidos además del que acabamos de analizar los siguientes:

  • Estudios y figuraciones sobre la vida de Jesús.
  • Ensayos sobre el destino.
  • Una vida en el cine.
  • Las siete cuerdas de la lira.
  • ¿Qué debemos saber?
  • La religión universal.
  • Niñerías.
  • Prosas escogidas.
  • Leer y escribir.
  • El dinero maldito.

Don Alberto Masferrer además de maestro y escritor, también fue cónsul y viajó por Europa y varios países de América, lo cual le acarreó mayor desasosiego, y que no fue más que manifestación de anhelo por infundir sus ideas y cambiar la mentalidad de su gente y la colectividad; él deseaba que los niños hicieran bien su tarea yendo a la escuela, que el obrero hiciera bien su trabajo, que el campesino cultivará correctamente la tierra, que los maestros resonaran su voz en las escuelas, que la vendedora del mercado fuera honesta en su venta, pero todo con equilibrio para tener derecho a una recompensa mínima decente por su esfuerzo en su trabajo; también que el dueño del almacén de completa la yarda de tela, que el que vende frijoles y el maíz no le falte a la libra, y por último, que quien atesora muchas riquezas con ayuda de Dios o del diablo, la ponga al servicio de la colectividad.

Don Alberto Masferrer murió a sus 64 años en 1932, el 04 de septiembre en San Salvador; la antorcha se apagó y se hizo ceniza, pero la luz quedo.

LAZAU

Experiencia inolvidable en plena pandemia

Este escrito tuvo pie el 06 de mayo del 2020, el día miércoles para mayor exactitud.

Todos sabemos que yo soy un anciano de 78 años, por no decir viejo que le pongo ganas a la vida, cosa que todos los días le sé pedir a Dios, aunque no hago alarde porque se lo pido en silencio y luego que lo que le pido me lo concede le doy las gracias otra vez; pero a veces cuando no hago caso porque no cumplo algunas obligaciones me da mis moquetazos para que entienda y deje de ser terco.

Voy a contarles lo que me sucedió ese día miércoles 06 de mayo del 2020 por supuesto.

Todo comenzó al querer tapar un hoyo que una intrépida rata ha hecho en una de las puertas de madera de mi cuarto; digo que ahí comenzó porque me puse a alistar una madera que lo cubriera y la bendita rata no pudiera entrar.

El clima candente, el serrucho desafilado y que la tabla que cortaba estaba dura, contribuyeron a hacerme difícil la tarea, y para colmo de males escuchar los regaños de mi hija y mi mujer por abusar de mi salud contribuyeron también a que me enojara y tirara todo con violencia. En ese mismo momento se me subió la presión arterial, la temperatura corporal llegó a los 40º C, me dolían los huesos y un frio intenso invadió mi cuerpo; suficientes características para pensar tantas cosas como hacerle el “honor” al coronavirus; y para ajustar mi tribulación viene un médico por hay, que adijueces como decía mi abuelita, me manda al Hospital General del ISSS para que valoren mi estado de salud.

Cuento todo esto porque a veces hay equivocaciones: la persona llega sana, la revuelven con algunos enfermos ya contagiados, y esta persona que llegó sana ya no vuelve porque encontró la muerte.

A mí me llevaron a las cinco de la tarde; inmediatamente me subieron a una cama, al buen rato me quitaron mi oxígeno y me pusieron el del hospital. Luego me sacaron sangre y no sé qué más me hacían porque me puyaron los brazos por todos lados y lugares muy sensibles; así también me tomaron radiografía de los pulmones. Estaba cansado porque me tuvieron ahí cuatro horas y yo les pedía que me dejaran venir a mi casa y las enfermeras solo decían no.

Mis familiares estaban fuera no les permitían entrar. Por fin entraron para comunicarles que me dejarían ingresado. A esa hora yo ya estaba estable. Pero todos estábamos confundidos por la sorpresa, aunque yo ya estaba seguro que el virus no lo tenía, a esa hora me llevaron al quinto piso. Estando ahí comienza el problema en su máxima expresión porque la enfermera que me llevaba pregunta en la primera puerta ¿Hay espacio aquí para este señor? Sale la encargada y contesta que no; viendo nosotros que ahí estaban los más enfermos de virus. Seguimos caminando hacia la otra puerta y pasó lo mismo y vimos que ahí estaban los menos graves. Vamos a la tercera puerta y la enfermera pregunta ¿Hay espacio?, y la enfermera contesta que sí. Ya estaban casi metiéndome cuando la enfermera dijo – hasta aquí llegan ustedes – y le preguntó mi hija que por qué – ¿Que nadie allá abajo les explicó de lo que está pasando? – dijo la enfermera, ¡Claro que no! – Contesto Elena – ¡Abajo solo nos dijeron que mi papá se quedaría ingresado y que acá arriba el médico encargado explicaría por qué se tiene que quedar!

Yo ya cada vez estaba más atribulado y me quería bajar de la cama para que nos viniéramos a la casa… y yo les repetía “si me quedo aquí me contagiaré del virus y en dos días estaré muerto”. Según mi hija al llevarme al quinto piso pensó que yo iba a estar solito en un solo cuarto y bien atendido y que ella podía quedarse conmigo. Según parece, como explicó la doctora encargada cuando llegó, que lo que querían eran alistarme con otros pacientes con enfermedades respiratorias graves, para averiguar mi estado de salud y porque había tenido fiebre. Una enfermera antes que la doctora llegara dijo que si me llevaban a mi casa y me agravaba después y me traían nuevamente ya no me atenderían, ¡Que gran tontería dijo!

Finalmente la doctora encargada manifestó que valoráramos bien el exigir un alta obligatoria.

Así estuvimos largo rato hasta que mi hija Elena se comunico con mi otra hija Claudia y así tomar una mejor decisión.

Como ellos, los del hospital, insistían en dejarme ingresado y nosotros haciendo la contraparte,  Elena un tanto enojada y con gran fuerza y las palabras quebradas dijo: ¡Me lo llevo! Luego que estábamos en ese estira y encoge llego un doctor joven, este fue más compresivo y dijo que si considerábamos que era mejor que me viniera, estaría bien, siempre y cuando tuviéramos las condiciones necesarias en la casa para atenderme. Aclaró también que si me sentía mal de nuevo podía acudir al hospital y que iban atenderme inmediatamente, él también me recetó unos medicamentos.

Por eso aquí estoy vivito y coleando. Estando aquí haciendo conjeturas me acordé que días anteriores se me quebró un diente de arriba y se me infectó; y por eso fue el dolor en la boca, la subida de la presión arterial, y la calentura. Por esa misma razón ahora estoy siendo atendido por un dentista.

Esta historia la cuento porque puede servir a muchos que están pasando por una situación igual. No estoy satanizando todos los hospitales porque yo he estado en otro hospital y me han tratado como si estuviera en un hotel de cinco estrellas como el Policlínico Planes de Renderos con médicos, enfermeras y su personal de servicios. Todo fue excelente.

LAZAU

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JUEGOS DE CIPOTES

Esta memoria traerá bonitos recuerdos a los viejos, o sea cuando en Apaneca habían muchos espacios en las calles sin empedrar y a los cipotes de hoy tal vez pensaran en objetos parecidos para imitarnos, los juegos que a nosotros nos entretenían y nos ayudaban a desarrollar destrezas y otras habilidades en su mayor parte para bien; fueron muchos, pero voy a intentar darme a entender:

 

EL TROMPO

 

Buscábamos el mejor terreno plano y participábamos los que quisiéramos; hacíamos dos marcas, rayas rectas o “rones” les decíamos nosotros, una distante de la otra más de 10 ms. Y menos de 15 ms… cuando jugábamos con dinero lo hacíamos con monedas de 0.05, 0.10, o de a 0.25 ctvs. de colón, pero todas parejas, de una misma denominación y puestas las monedas en raya y nosotros con el mejor trompo, haya cada quien, y… a la señal de salida, comenzábamos todos bailando su propio trompo y moviendo su moneda a partir del primer ron llevándolo arriado como quien va arriando un cerdito. ¿Quién ganaba?… por supuesto el que llegaba primero sin errores y sin trampas… ¿Qué ganaba? Pues la moneda de todos los perdedores. Y así pasábamos horas enteras jugando.

Otra forma de jugar el trompo fue haciendo el mismo recorrido, pero ya no con la moneda, sino con otro trompo y por supuesto cuando íbamos a ese juego llevamos otro trompo en la bolsa… el cual poníamos en el primer ron para arriarlo hasta el otro… Los que lo llevamos sin dificultad y pasábamos el ron estábamos salvados pero el último que llegaba le tocaba perder y se ganaba la “ñoliada”, así decíamos, o sea que le tomábamos el trompo y lo llevábamos todos a un lugarcito adecuado y le dábamos uno por uno en la parte superior con el clavo de nuestro trompo… y naturalmente antes de comenzar el juego acordábamos de cuántos ñolos iba a ser el juego… por supuesto el trompo perdedor quedaba destrozado.

Así pasábamos los cipotes tardes enteras jugando sanamente, pues yo pienso que estábamos aprendiendo la amistad temprana, la psicomotricidad en el manejo de objetos y amacizando la personalidad… porque yo pienso que, si a uno lo tienen encerrado en su casa jugando solo con cientos de juguetes, cuando sea grande será un hombre inútil, antisocial, aguado de carácter o amargado… no será feliz en la vida que lo espera.

Pues yo recuerdo que con el trompo aprendíamos desde hacerlo bailar en la palma de la mano hasta levantarlo sobre la misma pita bailando y otros malabares. Además, hubo otra forma de jugar el trompo: para ello hacíamos un círculo en el suelo con la pita o cordel poniendo el trompo al centro formando así un compás y ya teníamos el círculo del tamaño que acordábamos; aunque generalmente le dábamos un metro de radio. Hecho el círculo poníamos cada quien su moneda, de la misma denominación en el centro según hayamos acordado y empezábamos el juego. Debíamos de tirar desde afuera del círculo, no se valía patear la línea y el trompo debía bailar. La moneda que saltaba del centro hacia la periferia iba a ser la suya y la llevaría poco a poco hasta sacarla del círculo. Si lograba sacarla primero que todos, adquiría el derecho a sacar la del otro contrincante, y si lograba sacarla antes que el dueño, ya era suya también. Estos dos que ya no tenían moneda dentro, también adquirían el derecho a sacar la moneda del otro o los que todavía estaban en la lucha, y así sucesivamente al sacarlas todas terminaba el juego.

En muchas ocasiones paso por donde estábamos jugando una persona mayor que también se divertía poniéndonos la puñada de monedas en el centro para que nosotros las sacáramos con el trompo… Tiempos maravillosos que no volverán.

 

EL CHUSCO

 

Chusco decíamos nosotros, pero no sabíamos de dónde venía el nombre del hoyito que hacíamos en el suelo para jugar. Averiguando en español “chusco” es una persona que tiene gracia y picardía y de arrogancia afable: yo recuerdo que aquí en Apaneca la gente decía que chusco era una persona con costumbres feas.

La verdad es que nosotros hacíamos un hoyito bien hecho en un suelo duro a modo que cupiera un botón, un centavo, una moneda de 0.01 a 0.05, de a 0.10 o de 0.25 centavos; la cosa es que había que ponerse de acuerdo entre los que íbamos a jugar. Hecho el hoyito hacíamos una raya que señalara el punto donde poner el pie para tirar.

Para jugar, nos juntábamos dos o más, pero en cada gestión solo podíamos participar dos, y si éramos más, había que hacer una pequeña elección o rifa para comenzar.

Voy a poner el ejemplo con centavos. Si yo ganaba el orden de tiro, le tomaba el dinero a mi contrincante, y si me daba dos centavos, yo ponía mis dos centavos también, así juntos los tiraba desde la seña o raya. Mi misión era tratar que cayeran las cuatro monedas dentro del hoyito y ese es el “chusco” y ganaba. Si no lo hubiera hecho… porque solo cayeron tres o menos, tiraba mi contrincante y así sucesivamente hasta que cayera el chusco. Solo el chusco gana… y éste es el que gana el derecho de seguir tirando y escoger al siguiente concursante; aunque podría ser que escoja el mismo. El que gana, es el que manda o decide.

A mi no me gustaba mucho porque había amigos expertos en hacer el chusco y no nos dejaban ganar para los dulces. Muchos cipotes eran tan hábiles que, al comenzar el juego ya tenían la ganancia en la mano.

 

LAS CHIBOLAS

 

Chibolas es el nombre como nosotros las conocíamos, pero habían personas de la clase alta que introdujeron el nombre de canicas. Nosotros decíamos: “Vamos a jugar chibolas” y yo recuerdo que estaba muy pequeño cuando Chico Rogelio Calderón vino de Panamá, porque allá trabajó el en el Canal, pero lo que quiero destacar es que me trajo un matate alargado de 100 chibolas, bellísimas, claras, con una figura en medio; y ese ha sido para mí, el mejor regalo que me han hecho en mi vida de niño, y es una memoria más que hasta ahora no se me olvida, y además, me hizo comprender lo importante que es regalarle algo a un niño cuando está chiquito.

 

EL JUEGO

 

Nos juntábamos dos o más, aunque generalmente éramos muchos; hacíamos una figura en el suelo plano y duro que llamábamos “pusunga” como de 30 o 40 centímetros. La “pusunga”, no era más que dos curvas opuestas entre sí que se cortaban en sus extremos a la que le hacíamos a lo largo una raya equidistante de ambos lados. En esa raya, poníamos las chibolas con las que íbamos a jugar, para ello debíamos de ponernos de acuerdo sobre cuantas chibolas íbamos a poner cada uno. No se valían chibolas cacaricas o cacariadas.

El juego comenzaba, todos parados a la altura de la pusunga tirábamos la chibola que llamábamos “tiradora”, hacia una raya que habíamos hecho a unos siete metros. La chibola que tirábamos cada quien, unas quedaban cerca de la raya, pero otras quedaban lejos; de acuerdo a esas distancias comenzábamos a tirar, respetando el orden por supuesto; así, el que quedaba lejos, tiraba de último desde esa raya que nosotros llamábamos “barco” y no raya.

Si desde el primer tiro desde el barco con la tiradora, golpeaba una de las chibolas y la sacaba de la pusunga, éste continuaba tirando sin parar sacando las que pudiera hasta que fallara. Mientras los otros estaban esperando su turno desde el barco. Ahora salía el segundo, y luego el tercero, y el cuarto, etc., así pasábamos todos; los que tenían buena tiradora y pulso, se iban a su casa con bastantes chibolas y otros con las bolsas vacías, pero sí, ya se sabía que el día siguiente estábamos ahí de nuevo y con un poco de suerte, ganábamos.

Había otros tipos de juego, pero no de conjunto, sino que individuales que no ayudaban mucho a la amistad entre cipotes, ni tampoco a amacizar la personalidad temprana… y como en esa época nuestros papás eran un tanto despreocupados, o se hacían del ojo pacho, porque les daba pena o vergüenza afrontar algunos problemas; las madres también porque el tiempo para ellas no ajustaba. ¿Qué quiero decir con esto? Que nosotros en aquella época nos íbamos a la calle para aprender, por relación, lo que los cipotes más grandes nos enseñaban, cosas buenas y malas. En aquella época, la calle también educaba como en casa.

 

EL YOYO

 

Dos tapitas circulares y un cordel, eso es todo ¿Cómo manejarlo? Pues también es fácil: el cordel se asegura en el dedo anular y se soban las dos tapitas, en el cordel pero también se encogen… y así, ya somos diestros, ya nos podíamos exhibir en público.

 

LA ZUMBADORA

Este es el más fácil de todos. Nuestros papás cortaban una piececita de madera de unos 12 centímetros de largo x 5 de ancho… la raspaban con güiste o lijaban hasta ponerlo bien afinadita… le hacían un hoyito en un extremo… le amarraban una pita en el extremo… nos enseñaban a girarla con fuerza alrededor de nuestro cuerpo y ya teníamos una zumbadora que hacía un ruido haciéndole honor a su nombre.

 

EL CHACALELE

 

Materiales a utilizar: dos bellotas, un cordel y un palo. A una bellota que va arriba le sacábamos la comida y le hacíamos tres hoyos: en el de arriba para meter el palo, en el de abajo donde saldrá el palo que gira y el de a un lado para sacar la pita o cordel, que hace que el chacalele funcione… a la otra bellota de abajo no le sacábamos la comida o contenido porque es importante el peso, solamente le hacíamos un hoyo estrecho en la parte plana y dura. Afinábamos el palo y en la parte superior le hacíamos una cabecita que permitía sostenerse y en la parte inferior una punta. ¿Cómo lo armábamos? Tomábamos el palo y se lo metíamos a la bellota primera o de arriba, pero ese palo debía llevar amarrado fijamente el cordel y sacarlo por el hoyito del costado (el que servirá para estirar y encoger). Hecho esto, el palo se le mete a la segunda bellota, la pesada que, para que quede fija debe usarse el ingenio poniéndole un clavo o alfiler por en medio o un alambre fino, ¡Allá cada quien! Y ya se tenía un juguete más… Para jugar, se hala la pita y se encoge o se estira. El chacalele hace un ruido peculiar que nos parecía bonito.

 

EL CAPIRUCHO

 

Este es el juego que nunca se dejó de practicar. En aquellos dorados tiempos una cosa importante era, que cada quien hiciera su propio capirucho. Bastaba tener una bellota, sacarle el contenido destruyéndole la base primorosamente y hacerle un orificio en el pequeño ombligo que la bellota tiene encima; ponerle ahí una pitita o cordel con un palito para enchutar y ya teníamos un bonito capirucho de bellota.

Un capirucho de carretón es igual, pues a la llegada de las máquinas de coser ropa de pedal, los hilos venían enrollados en carretes pequeños de madera, nosotros no perdíamos la ocasión para pedirle a un sastre el carrete cuando se les terminaba el hilo. ¿Cómo lo hacíamos? Raspábamos con güiste adecuados el primer sombrerito del carretón, tratando de que quedase cóncavo… el otro sombrerito, había que bolearlo con mucho gusto y en ese hoyo que quedaba ahí, conseguíamos a como pudiéramos, plomo para darle peso y facilitar el enchute.

Yo recuerdo que algunos cipotes aprovechaban las balas ya disparadas y otros se iban a los basureros para buscar ahí el depósito de la pasta de dientes, ya que en aquella época cuando comenzó, eran de plomo. Las ponían en agua en una cacerolita y derretían el plomo. Así, con el plomo sostenía la pita o cordel y en el extremo de esa pita, el palito enchutador.

Ya compitiendo con otro amigo jugábamos lo que llamábamos “panza”, que consistía en número de enchutes en un tiempo determinado… El que hacía más, ganaba y el otro se llevaba la panza.

 

EL CHOPLOCO

Este consistía en un trocito de tallo de ihscapupo… esta es una planta que abundaba antes en los bordos de los caminos, en los potreros y en algunos cafetales de Apaneca. Tiene una característica propia: que en el envés de sus hojas son suavecitas como gamuza y nuestros nativos las usaban como papel higiénico. Pero lo que me tiene ocupado es el Choploco. Se corta el trozo como de 15 cm de largo. Se mide la mitad y a esa mitad se le hace una seña con cuchillo en la cascarita, la cual se fricciona con fuerza hasta que esa mitad se desprende, pero solo la cascarita. Y como es fácil de remover esa cascarita, se le zafa y se le mete… y al hacerlo repetidas veces, hace un ruido onomatopéyico como el de su nombre Choploco.

 

LA PISCUCHA O BARRILETE.

 

Otro juego inolvidable fue la piscucha, me imagino que le llamamos así, por su forma: “picuda” ¿Cómo la hacíamos? Pues muy fácil… yo recuerdo que todo el año pasábamos recolectando las varas de los cohetes, esos que tiraban en las fiestas patronales, en los rezos de los Santos todo el año, y en navidad, ya que estos no pesan mucho, con las varas nos entreteníamos afinándolas para el caso.

Cuando venían los vientos de octubre comprábamos papel de china a cuál más vistoso y también almidón para hacer engrudo para pegar… y… manos a la obra. Cortábamos el cuadro a nuestro gusto. Le pegábamos las varas una vertical de punta-cabeza a cola y la otra en forma de arco de un ala a la otra y ya teníamos el cuerpo… seguido le poníamos la colgajera del mismo papel en ambas alas para equilibrar la piscucha al volar. Además, le poníamos una cola larga de papel de diario para que al volar no colasiara… a a a a solo le falta el frenecillo que servía para amarrar de allí la piscucha. Este es importante porque sin él tampoco vuela y no es más que dos pitas en forma angular que pende una de las varas que hacen cruz y la otra que pende del centro. Luego con gran emoción nos íbamos a la calle a volar nuestra piscucha.

Venían después las hazañas de cipote. A mí me llena de alegría recordar que cuando venía de la escuela con entusiasmo colgaba mi bolsón con los cuadernos y a jugar con la piscucha… buscaba el espacio adecuado, despejado de alambres de la luz eléctrica y telefonía o ramas de algunos árboles; pero una vez arriba la piscucha o barrilete porque así también le llamábamos no quedaba más que disfrutar el juguete. Muchas veces ya sé tenía la intensión u objetivo de soltarlo cuando estuviese alto para que todos los mirones salieran corriendo para “capiar” hilo. Así decíamos, dicho de otro modo, robar hilo. A veces el barrilete grande y la fuerza del viento fuerte provocaba que el hilo no soportara y el barrilete se iba lejos.

Una vez recuerdo que un barrilete andaba por las nubes, que tal que casi no se veía, estaba siendo elevado por los Vielman en el extremo norte de la Avenida Central, todo apuntaba que ya no lo bajarían, todos los cipotes estábamos alebrestados… Al fin lo soltaron y el hilo traía en la puntita un carrizo de papel que le permitía venirse trabando en los alambres y techos de toda la avenida y los compañeros cipotes detrás tratando de bajar el hilo el que a veces lo bajaban pero en la lucha por quererlo tener se les volvía a soltar, luego allá más delante continuaba trabándose en los alambres y en los techos de las casas… Yo estaba en la casa de mi abuelo en el extremo Sur de la Avenida y ya llegando donde yo estaba se desvió un tantito y se fue a posar en un árbol de pito que estaba en el patio… yo atragantado de la emoción me entré y no me importó que el árbol tenía espinas las cuales se me incrustaron, pero yo no las sentía. Mientras en la calle muchos amigos buscaban el sitio donde se había trabado el hilo de la piscucha que estaba volando allá a lo lejos entre las nubes… Mientras yo calladito enrollando gran pocote de hilo en un palo logrando bajar bastante la piscucha… los cipotes enloquecidos en la Avenida buscando y se preguntaban porque bajaba tanto la piscucha.

Mi alegría termino cuando vino un ventarrón fuerte y la piscucha se me soltó y se me fue haya a lo lejos para caer probablemente a las faldas del cerro Chichicastepec.

 

El origen de mi raza apanequense

Ya he escrito que yo dependo de una abuela aborigen (Justa Rufina Arévalo Avelar) y de un español (Antonio Saz Herrera), pero no es esto lo que ahora me inquieta, sino lo de más allá en el tiempo, puesto que aquí en Apaneca científicamente hablando hace 1,000 años a. de J. C. humanos no habían, y si los habían ¿Cuál sería su estado?… Eso es lo que precisamente me inquieta.

En la escuela aprendimos, y yo también enseñé, que el Homo sapiens americano pasó por primera vez por el estrecho de Bering hacia Alaska hace 16,000 años a. de J.C. siguiendo al mamut cuando su dieta principal era ese animal junto con semillas, hojas, tallos y vegetales… y no pasó corriendo sobre el hielo como en un principio en la escuela nos hicieron creer, no, sino pisando la roca con poco hielo cuando el mar estaba un tanto vacío y cuando las aguas del mar estaban a un nivel de 100 metros más abajo que ahora… Fue entonces que el Homo sapiens pasó tranquilo haciendo alarde de su nomadismo y tratando de satisfacer sus necesidades biológicas más importantes.

Así llegó a la península de Alaska… No es justo pensar que solamente venía un hombre y una mujer… no … por supuesto venía una tropilla o varias tropillas que fueron medrando por todo el continente americano hasta llegar a Cabo de Hornos.

Es bueno imaginar y reflexionar sobre cómo y cuál era el estado físico y mental del humano a esta fecha… Han pasado 14,000 a. de J.C. y el Homo sapiens ha medrado por el territorio que hoy es Canadá y Estados Unidos, haciendo su trabajo… A lo mejor el mamut ya había desaparecido y el búfalo o cíbolo ya se había transformado junto a otros animales como el reno y el conejo, que fueron alimento cotidiano del humano, y otras muchas especies más que fueron desapareciendo por la caza indiscriminada.

En el transcurso de los siglos el hombre aprendió a pescar y esto favoreció al resto de las especies animales… No hay que olvidar que la actividad más importante fue la recolección de frutas, hojas, tallos y semillas para su subsistencia.

Se supone que a partir del año 13,000 a. de J.C., el humano ha medrado o migrado hacia el sur y ha llegado ya al altiplano mejicano y a Centroamérica, pues ya se había dado cuenta que aquí el clima es benigno y que eso hacía la vida más fácil… Ya no necesita tantos cueros para protegerse del frío o abundante comida; así va dejando el nomadismo y se va juntando con otros cerca de las fuentes de agua como los ríos, lagos o pequeñas vertientes que nosotros en Apaneca llamamos Ojos de Agua.

Al volverse sedentario se hace cómodo, en el buen sentido de la palabra, mientras él se va lejos a cazar y recolectar, la mujer y los hijos se quedan, y es precisamente en este momento cuando domestica las aves que ahora llamamos de corral como la gallina, el pato y el guaxolote o chompipe en nuestro caló. A lo mejor también el perro ya se había domesticado desde esos inicios en su afán por migrar junto al humano.

Nuestro aborigen varón allá en la montaña mientras caza y recolecta, también observa que las plantas nacen, crecen y se reproducen, y es así como hace infinidad de pruebas trayendo semillas, es así como descubre que las plantas más agradecidas son el frijol y el maíz; no es difícil pensar además que probó con muchos otros tubérculos. Aplausos se gana la mujer indígena porque es ella junto con los hijos la que cuidó, protegió e hizo producir la huerta alrededor de su choza… si, ya se le puede llamar así.

No obstante, el humano siguió migrando hacia el sur y ha llegado a Centroamérica… en Centroamérica está El Salvador… y en El Salvador está Apaneca. Apaneca originalmente fue poblado por Homo sapiens que venían migrando en esa época en un estado de cazador y recolector. En otro cuento he narrado ya “El origen de Apaneca”, ahí explico que mi abuela materna me contaba que Apaneca originalmente estuvo asentado atrás del cerrito que hoy vemos de frente desde el pueblo y que se llama Texitz (De Tex-caracol e Itz – sonido claro y agradable) con la finalidad de defenderse de los grandes ventarrones… Toda esa región se llama ahora Cantón Tizapa, originalmente llamado Tizapán (llamado así porque el agua de las fuentes que los abastecían estaban retenidas en rocas de “tiza” y “pan” que significa “encima”), nombre dado a la región por la migración organizada de tulanos toltecas comandada por Ce-Cath-Topilzin entre los años 1,000 y 1,200 d. de J.C., aunque ya para esa época la mayoría ya se habían mudado al chiflón de viento.

Historiadores mejicanos últimamente cuentan que hubo una disputa interna por el trono en Tollán, Tula o Xicocotitlán (Valle mezquital en el estado de Guerrero, México) y para evitar el derramamiento de sangre, el príncipe Ce-Cath-Topilzin, tomó la decisión de emigrar con sus seguidores sacerdotes, vasallos, nobles y guerreros hacia el sur.

Ahora bien, los historiadores nuestros desde que yo era pequeño, nos enseñaron que Topilzín Axith al frente de los tulanos o Toltecas, pasó por el sur de Guatemala y El Salvador, llegando por primera vez a Ahuachapán (Agua=Roble y Chalca=Casa, literalmente “Casa de robles y encinas”) donde ya habitaba la tribu Pocomán de origen maya desde el siglo V a. de J.C.

No hay duda, que este fue el punto de partida para todas sus conquistas posiblemente en el año 300 después de Cristo: así llegaron a Tlacopán (Tlacotl=vara y pan = lugar), ahora llamada Tacuba… a Ataco (lugar de elevados manantiales)… a Apaneca (Apanehecath de Apan=chiflón y Ehecath=viento)… a  Salcoatitlán (Lugar de culebras y quetzales)… a Juayua (De Xuayua de Cahuit=arboleda y Hua=que posee)… a Nahuizalco, donde la historia cuenta que no fue conquistada por Topitzín, sino que fueron cuatro familias indígenas de izalcos que radicaron ahí en 1596… el resto de pueblos como Mazathuath o Mazahuatan (lugar que tiene venados, ahora llamada Santa Catarina Mazahuat), Santo  Domingo de Guzmán, donde hubo una tribu dominada y educada por sacerdotes Dominicos, por eso a ellos se debe su nombre, y San Pedro Puxtla (Puxtla, que significa “Lugar de mercaderes”) es otro pueblo cuyo origen fue una tribu Yaqui o Pipil. Debemos tener claro que por estos pueblos no pasó Topitzin y que que se formaron mediante otras migraciones en estado salvaje.

Es entendible que Topilzin Axith, no pasó por todos los pueblos mencionados, pues se ha dicho que las migraciones de humanos fueron constantes desde el altiplano mejicano. Mucho antes eran pequeñas tribus que ya hablaban un inscipiente nahuath y que poco a poco se fueron quedando en las partes más altas del occidente del país… Los sabios sacerdotes y nobles que venían con Topilzín fueron los que denominaron Pipiles a nuestros ancestros, porque fueron ellos los que en sus travesías escucharon hablar mal el Nahuath… es por eso que los llamaron “niños”.

Ce-Cath-Topilzin, continuó su gira buscando el mejor lugar para establecer su reino y según cuenta el historiador Santiago Ignacio Barberena, fundó Tecpán Izalco en Nauathizalco (De Itz=que significa obsidiana y Cal o Chacha=casa, que quiere decir “Lugar de las casas de obsidiana”) … Luego pasó por Atehuan (Ateos) y llegó a Kuskatan Tajtzinkayu (Del Pipil Cuzcat que significa “joya” o “presea” que quiere decir literalmente “Lugar de cosas preciosas”) … Llegando luego a la ciudad de los Xoxhitototl (Etimológicamente Suchit o Sushil=flor y Toto-tutut=pájaro, actualmente llamado Suchitoto). Como Topilzín no pudo pasar el río Lempa, lo bordeó y después se cree que encontró el lugar ideal al cual llamó Tula, como la ciudad de sus ancestros.

Muchos pescadores en el lago de Güija han afirmado haber visto construcciones de calicanto en lo más profundo del lago. Algunas personas aficionadas han buceado en algunas partes y en las profundidades han obtenido objetos valiosos. Todo esto da lugar a conjeturas fantásticas, por ejemplo, hay personas que piensan que aquí hubo una planicie alimentada solo por los pequeños ríos de Ostúa, Angüe y Costumapa. La destrucción de Tula llegó al estallar el volcán San Diego, que formó un dique gigantesco que retuvo las aguas. Lo demás queda para motivarles a ustedes lectores a seguir investigando.

Por todo esto me doy cuenta que lo que mi abuela me contaba fue cierto. Una de las incógnitas que siempre me tuvo entretenido, fue lo que pensaba yo en mis adentros sobre mis abuelos… me decía yo solito ¿Por qué mi abuela es pequeña, piel entre negro amarillento, ojos y pelo negros, con cara de chinita; y mi abuelo en cambio, era grandote, blanco, rubio y ojos azules… Ahora que ya estoy en los “entas” me doy cuenta que mis genes pasaron así por el estrecho de Bering caminando y en barco por el océano Atlántico ¡Qué fantasías verdaderas he logrado imaginar!… y … si seguimos imaginando, y le echamos un ojazo a todas las caritas de mi gente linda de Apaneca veremos que poquito falta para que nos parezcamos todos… como los chinos que todos son iguales.

Así voy a terminar mi historia, haciendo ver que el Cath Topilzín, si pasó por Apanehecath. Se cree que él es el que llamó a nuestros nativos pipiles o niños por hablar mal nuestro idioma.

LAZAU

Los canchules

*CANCHUL: Palabra nahuatl que significa niño pidón o niño pediche

“Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo canchules para nuestro camino…”

Así como vemos un enjambre de abejas que va en busca de un lugar donde posarse, así íbamos los cipotes unos tras otros para recibir el canchul, que aunque a veces solo fue un dulce, para nosotros significaba mucho… Bonita y agradable tradición que, por cierto, deberíamos de revivir ya que ningún joven de hoy se atreve a organizar una canchuliada.

Allá por el año 1955, un 1º de noviembre, Día de Todos los Santos, recuerdo yo que hubo una última canchuliada. Cuentan que inicialmente muchas personas ya conocidas y entusiastas del pueblo de Apaneca, se preparaban para ese evento poniendo como señal un farolito encendido en la puerta de sus casas.

Los canchules fueron tradición en mi pueblo. Yo me acuerdo con todo mi respeto de Doña Fidelina Marquez de Vielman, Doña Isabel Castaneda, Doña Susana Asensio de Carías, Doña Clarita Rivas de Asensio, Doña Evita Posada de Arévalo, las Niñas Arévalo Avelar, Doña Esperanza Márquez, Doña Juana Márquez de Madrid, y tantas otras señoras más que no recuerdo sus nombres; ellas preparaban canchules que consistían en tamales dulces, tamales pishques o de cambray… pero también ponche, shuco, atol… y en otros casos pan dulce que nos daban al tocar la puerta, aunque ya sabían que éramos nosotros al escuchar el sonsocanto: “Ángeles somos, del cielo venimos…” que se repetía una y cien veces hasta encontrar la casa dispuesta a recibirnos.

Pero esta bonita tradición terminó, pienso yo, cuando algunos compañeros mal educados empezaron a degenerarla. Yo me acuerdo que los mismos de siempre en una ocasión, en vez de gritar el sonsocanto de los canchules, cantaron la marcha de general Gerardo Barrios empleando palabras soeces no adecuadas para la ocasión, decían: “Cuando vayas a cagar no te limpies con papel porque el papel tiene letras y el culo no sabe leer”.

Voy a contar una y solo una de las tantas mala crianzas en las que desgraciadamente estuve presente; la voy a explicar con reservas porque es posible que algún amigo mío o familiar haya participado, y como mi intención no es herir susceptibilidades no diré sus nombres, aunque si se sintieran aludidos que lo digan.

Fue cosa de los mayores y lo planificaron en secreto… éstos alistaron un palo liso y lo llenaron o atascaron de pupú humano… Lo llevaron escondido en algo especial para no mancharse y para que la gran mayoría de nosotros no nos diéramos cuenta… Y nos fuimos a pedir canchules a una casa donde nunca habíamos ido… Nos pareció raro que ahí solo vimos a un joven, que para aquellos a lo mejor no era agradable, y que por eso quisieron dañarlo… Llegamos con el sonsocanto “Ángeles somos…” tocamos la puerta y el joven salió… En ese momento, los que estaban al tanto armaron un jelengue simulando un pleito entre los más grandes e hicieron una rueda de mirones alrededor de la trifulca, incluyendo al joven de la casa; y entre trompones y empujones, uno de los que estaba repartiendo más pescozadas le dijo al del palo: ¡Vení vos! ¡A vos desde hace días quiero darte verga! ¡Pero botá ese palo! El del palo le contestó: ¡Con el palo o sin el palo te doy verga! y para sorpresa del joven éste le dice: ¡Teneme el palo vos!, entonces el joven que lo toma,  y éste que se lo jala dejándole las manos atascadas de excremento… los demás cuando vieron lo que había pasado salieron corriendo… Yo también salí corriendo, pero tomé otro camino para contarles a mis papás lo sucedido.

La bulla entre la gente se regó y desde entonces la malacrianza de algunos amigos acabaron con la tradición, porque desde entonces nadie oye que se pida canchules como antes.

LAZAU

 

UN RECUERDO A MI FAMILIA

Foto portada: Justa Rufina Arévalo Avelar y Antonio Saz Herrera

Como se dice en buen caló, me hice profesor a patadas y mordidas, no porque me faltara vocación y capacidad, sino porque no había recursos y tuve que luchar contra cientos de obstáculos que se me presentaron en aquella época ingrata para un cipote ambicioso de mi edad.

Yo vagaba entre muchos desde que tuve uso de razón. En un principio la vida me fue placentera porque mis abuelos maternos, aunque vivían en el campo, relativamente eran algo acomodados y me querían mucho: me atrevo a decir que fui su nieto consentido porque me los había ganado con mis actitudes. Todos los días viajaba rumbo al cantón Quezalapa a la finca “Campos Elíseos” enclavada en la región de La Bellota y llevaba de una vez los comprados: seis reales de hueso de res para la sopa, cuatro reales de conchas para la boca y una pacha de guaro, tarea de todos los días… Sentadito en un tronco de árbol grande caído a la vera del camino, me encontraba a mi querido abuelo que me recibía contento con un “Yavenishijo”… Tomaba el tanate… lo habría… sacaba primero una concha… y con la uñas fuertes que tenía hacía dos tapitas el molusco… Se tomaba el primer talegazo y chulungún la concha… La que hacía chupada con sonido de choploco. Luego bajamos juntos a la casa de la finca donde nos esperaban mi abuelita y dos tías que no se habían casado todavía.

Yo llegaba contento y entusiasmado a buscar el cántaro para acarrear el agua desde el Ojo de Agua hasta terminar de llenar un enorme calderón y un barril de hierro que se encontraban en el patio contiguo a un barandal de la casona… Esto lo hacía acompañado de la tía Ana y como el Ojo de Agua estaba como a seiscientos metros me permitía jugar de camión, haciendo los recovecos, la velocidad acelerada en las rectas, poca velocidad en las vueltas con chirridos, simulando los peligros que esto conlleva en caminos escabrosos y con carga; hasta el ruido del motor y los frenazos los hacía con la boca… Mientras mi tía hacía un viaje yo hacía dos y a las diez de la mañana el calderón y el barril de hierro estaban llenos. Hoy recuerdo con tristeza los caminitos y los pocos árboles que me vieron jugar entre la montaña carcomida ya, por el pecado ambicioso de obtener mayor riqueza.

Los demás trabajos eran variados y ocasionales; cortar leña, alistar el monte y el zacate para el caballo, la mula y la vaca, bajar las pacayas para la venta, los güisquiles o las frutas y los racimos de guineos cuando ya estaban a punto… Todas las tareas se hacían con una gran dosis de juego. Cuando llegaban los primos y los cipotes vecinos jugábamos de todo, pero diría yo ecológicamente porque ocupábamos el medio ambiente con respeto, a tal grado que hasta volábamos piscucha encaramados en las horquetas de los árboles grandes, sin desmedro de sus ramas… Hacíamos ranchitos en el cafetal y cada quién tenía el suyo. Hacíamos de todo imitando a los mayores. Cuando llovía el juego era mejor porque estábamos seguros que nadie nos espiaba… A veces nos íbamos de cacería a carrerear a las ardillas o a tratar de emboscar a los conejos o a puyar en los huecos de los árboles a los girones que, aunque no agarrábamos nada, corríamos y nos carcajeábamos bastante.

Por la tarde, otra vez de regreso para el pueblo cargadito con pacayas, güisquiles y frutas; además, centavitos que mi abuelo me daba por el día trabajado… Bastante dinero juntaba para mis gastos personales. Yo sentía bonito por la vida facilona que llevaba; pero lo que en verdad estaba pasando es que andaba huyendo de la escuela.

Aprendí a leer con Doña Rosita Vielman, de grata recordación para mí, pues ella con mucho amor nos dejaba aparentemente castigados, pero su objetivo específico era bañarnos y enseñarnos cómo debíamos hacerlo en casa, así como otras normas de higiene importantes en la vida. Pasé a segundo grado con don Homero Hidalgo, profesor joven y apuesto originario de Tacuba; con él estuve bien. Fui a tercero con el Sr. Augusto Aguilar, que a saber de dónde llegó… Aquí sí que no entendía nada… se me vino el cielo encima… lo recuerdo muy mal porque una vez que unas niñas de caché muy conocidas, estaban molestando y haciendo bulla, el profesor se dio cuenta y para salvarse del enojo y el castigo, dieron queja de mi… me llamó hacia el frente y con todas sus ganas me pegó tres reglazos en las manos… me hizo llorar… y para completar su gusto me llevó a la Dirección y allí el Señor Director Don Miguel Zelman Villalobos, me aplicó dos riatazos en las nalgas… me tuvo parado toda esa hora y la siguiente y cuando me mandó a formar para irme a casa, me dijo que mejor ya no volviera… y así fue, ya no volví. Cuando ahora los veo en las entrevistas por la tele como Licenciado en Ciencias de la Educación, uno y el otro, psiquiatra, me lleno de coraje y cólera porque el trauma que me causaron todavía lo llevo a cuestas.

Yo a nadie le conté mi problema, ni a mis amigos siquiera. Perdí cuatro años de escuela, pero yo feliz porque mi papá y mi mamá me compensaban con cariño, además tratándose de volver a viajar donde mis abuelitos donde también me apapachaban, lugar que ya conocía y aprendía cada vez más cosas nuevas del campo.

Nada me hacía cambiar, me gustaban las tareas de antes y estar cerca de mi abuelo, trabajar jugando era mi pasión… Cuando alguien me platicaba de ir a la escuela decía yo ¡Que Chipiada!… Me había comprado un par de botines cafés muy elegantes, por cierto, pero jamás me quedaron buenos, eso sí, me sirvieron de alcancía, llenas de billetes y monedas estaban siempre, que hasta préstamos sin retorno le hacía a mi papá cuando el zacate o comida del rebaño se acababa en la alacena.

Había mucha gente que desconocía mi vida de abundancia y solo veían mi tamaño, por lo que me aconsejaban volver a la escuela, pero yo siempre estuve renuente. Don Lito Arévalo, un señor gordito que montaba un jeep, me alcanzaba en el camino cuando regresaba por la tarde y desde que arrancaba empezaba el martilleo con lo mismo cada vez con palabras diferentes… “Mirá cipote – me decía – deberías ir a la escuela, fíjate que para ser un buen hombre hay que aprender muchas cosas que solo ahí las enseñan”, yo lo tengo presente cuando me alcanzaba y paraba el carro entre una nube de polvo y me decía: “subite; poné la carga atrás  y te venís a la par conmigo”… y comenzaba la cantaleta… Don Lito como sabio poco a poco mi conciencia corroyó.

Tenía catorce años de edad cuando de repente entré en un trance de melancolía porque los primos y los otros cipotes con quienes jugaba habían vuelto a la escuela. En esas circunstancias averigüé que los maestros aquellos ya no estaban… que Don José Domingo Arévalo era el nuevo director y que había nuevos maestros. Y vino la reflexión definitiva. Gracias al altísimo yo ya había prendido a tomar decisiones.

En ese bendito momento llegué a mi casa y le dije a mi padre: “Mañana me voy a la escuela” fuimos con mi madre a la tienda y compramos cuatro cuadernos rayados, otros para el dibujo, caligrafía, ortografía y mapas; el que llamábamos de borrador, me lo hizo ella de papel de empaque; lápices y pluma fuente siempre hubo en la casa; el bolsón mi madre lo improvisó de la manga de un pantalón que mi papá que ya no usaba.

Muy temprano estábamos ahí, la maestra Toyita Rivas daba clases a tercero, el que yo iba a repetir. Doña Toyita, señora que siempre he respetado y recordado con cariño porque todo aquel enredo que yo tenía en mi cabeza y también el sentimiento adverso a la escuela se terminó, cuando ella puso su mano sobre mis hombros y dijo: “Está aceptado… déjemelo” mi mamá dio los datos y una nueva era comenzó para mí.

De ella hay mucho que decir, pero el espacio es corto, aunque vale la pena resaltar algunas de sus virtudes como lo joven y atractiva a nuestros ojos, mente y corazón… todo lo que enseñaba lo hacía fácil de captar y asimilar… templada en cuestión de disciplina acompañada de consejos adecuados a nuestras necesidades y aspiraciones… Tres años pasé con ella (3º,4º y 5º), los más felices de mi época de estudiante. Una anécdota con ella voy a contarles: Todos notamos que a la Niña Toyita le gustaban los jocotes tiernos y los mangos, nos gustaba verla cuando se chupaba los dientes y aturraba la cara de gusto cuando los probaba… pero también fuimos observando que se ponía más bonita y el estómago le iba creciendo… inolvidable suceso porque todos nos pusimos tristes cuando supimos que iba a tener un bebé… la queríamos mucho… el rendimiento bajó.

En la escuela todo había cambiado, había otra dinámica. Don José Domingo a quien recuerdo con gratitud y cariño le puso otro estilo. Estando yo en cuarto grado él me llevó a un concurso de poesía a nivel departamental que se llevó a cabo en Ataco. El tema que según todo el mundo iba a ser el Capitán General Gerardo Barrios, porque fue un 29 de agosto el día en que lo fusilaron, que fue descartado porque el jurado argumentó que podía haber fraude. Ellos se reunieron y tuvimos que esperar. Quedó finalmente como tema El Río, yo me gané el segundo lugar y me dieron diploma, los dos tomos de biología de Montts Calderón y el libro Corazón. Don Chepemingo y la niña Toyita se pusieron felices, yo lo noté.

Estando ya en quinto grado me seleccionaron para ir a competir en ortografía y comprensión de la zona occidental, en la Escuela Mariano Méndez de Santa Ana; Don Chepemingo me llevó en su propio carro… estuvo conmigo hasta colocarme en el sitio que me correspondía y solo me dijo: “Tranquilo Carlos”… Cuando terminé la prueba la entregué. Como lo habían nombrado jurado, yo me quedé fuera de la escuela esperándolo junto al carro; después de tanto esperar lo vi venir y traía la cara como de fiera endiablada, apenas se me acercó vi estrellitas sin cielo, me había dado un moquete en la cabeza como queriendo decir ¡Que bruto fuiste! “Si hubieras puesto legía con “j” y oyo con “h”, hubiéramos ganado un lugar, fijate”…  ya en carro caminando, “El primer lugar sacó 4 errores, el segundo 5 y el tercero 6 y vos sacaste 7 errores” dijo golpeando otra vez el timón bravo conmigo… yo personalmente le di la razón allá en mis dentros… pues yo no decía nada porque estaba asustado… él hubiera querido que yo ganara cualquiera de los lugares.

Así pasaron tres años felices y yo ya tenía diecisiete; ya hacía mis buenas reflexiones como la de que cuando sacara sexto grado me iba a ser policía, guardia, mecánico o telegrafista, pues en esa época eran puestos importantes en las comunidades y fáciles de lograrlos. Por otro lado me sentía motivado porque si no obtenía el primer lugar, obtenía el segundo, que siempre disputé con el compañero Carlos Valentín Puente. Era una honra para mí que me pusieran la banda de tela fina y mención honorífica en público cada fin de trimestre.

Me estoy remontando allá por el año de 1958 cuando fui al sexto grado y ya no era mi maestra la Niña Toyita, sino que la Niña Chita Cuestas. Con ella nos costó acomodarnos, aunque era buena y primorosa con el grupo, sentíamos el vacío. Yo personalmente aprendí muchas cosas importantes con ella, casi siempre me mandaba a la pizarra para hacerle los mapas de cualquier parte del mundo o dibujos de Ciencias Naturales que ocupaban en la clase… era cosa de segundos sin ver la copia. Con ella también se me despertó la afición por la guitarra. Así terminé mi primaria en aquel edificio que todavía añoro; a veces me paro de espaldas hacia el parque y me la imagino como tal que, aunque estoy viendo el mercado, se me entremete la figura con su techo de tejas sostenido por paredes anchas y su bonito portal histórico sostenido por pilares rollizos de madera con bases moldeadas con arcilla; con un piso de piedritas todas iguales al mismo ras que no estorbaban al caminar. De no haber botado las paredes que formaban los salones, estarían allí gravadas las voces de los maestros y el griterío de los niños. En sus patios había hermosos cipreses que nos cuidaban del sol mientras jugábamos o recibíamos la clase de música del maestro Guillermo Vides.

Ese mismo año que yo me fui se inauguró la Escuela nueva de la que solo me quedó el gusto de pasar los pupitres y los demás enseres. Les cuento que me quedé con las ganas de tener como maestro a Don Lorenzo Aguilar Bautista, a Don Jorgito Vélis Vindel, a Doña Julita Saz de Vielman, a Doña Angelina de Cuellar y a Doña Juanita de Arévalo; pues según el sorteo la dicha no fue para mí. Aunque tengo entendido que eran tan buenos como la niña Toyita.

Bueno, ahora viene en serio mi incertidumbre ¿Qué voy a hacer el año siguiente? En mi casa no había suficientes recursos y si los había, éramos muchos estómagos que llenar. Estaba como encerrado en un túnel solo viendo oscuridad, las salidas estaban cerradas y a nadie se le había ocurrido abrirlas desde fuera, hasta que finalmente el Padre Ricardo Humberto Cea que piochaba y cavaba las rocas de entrada, el reverendo había comprendido mi problema y el de muchos de mi edad sin contárselo … disponiéndose a fundar el Colegio San Andrés.

La noticia fue una novedad y la gente de mi pueblo se puso contenta, pero yo aunque había visto la luz al final del túnel, me encontraba muy incómodo porque mi familia se trasladó lejos del pueblo, en las cercanías de la Laguna Verde en donde mi papá había comprado un terrenito, donde había una casita y yo no podía viajar; además, mi abuelo que para mí era muy importante ese año falleció. Aun así, en ese estado de cosas, mi papá platicó con el Padre Cea y me matriculó. Excepcionalmente iba a empezar las clases después de Semana Santa porque había que trabajar en las cortas de café y ganar bastante para comprar libros, cuadernos y uniformes. Dicho y hecho, me presenté después de la semana grande y tuve que emplearme a fondo para reponerme de los meses perdidos. Muchos problemas surgieron, pero fueron solucionados y sirvieron como acicate para amacizar mi alma. Varios compañeros de la escuela estaban ahí: Carlos Puente, Loncho Mata, Tín Guerra, Abrahán Pérez, Cleta Márquez, Dora Márquez; otros que habían egresado en años anteriores también: Yayo Linos, Julio Guzmán y Paco Márquez, además, Mina Herrera que venía de otro colegio, Hugo Mata y Rosalinda Herrera estaban en segundo curso. Estos somos los fundadores del Colegio San Andrés. Maestros gran equipo: Sr. Rafael Antonio Blanco, Dn. José Domingo Arévalo Mata, Sr. Jorge Humberto Velis, Sr. Guillermo Salas y por supuesto el Padre Cea.

Aguantadas de hambre… muchas… mi pobre Padre venía los miércoles para traerme lo comida de dos días porque yo la traía el domingo para lunes y martes. Experiencias para contar un sinfín, como una vez que estaban agarrando para el Cuartel, yo salí de la casa de mi papá como a las seis de la tarde con mi ropa planchada y mi tanate de comida; yo vi el puño de hombres en el camino que me estaba esperando, me acerqué y se me vinieron encima tirándome corvasos, pero metidos en las vainas, pero no me pudieron agarrar y me fui de regreso; llegué a un lugar donde abundaban las piedras, recogí bastantes y me vine de nuevo porque hasta ahí yo pensaba que los hombres solo pretendían asustarme por envidia, pero no fue así. Cuando llegué al punto no vi a nadie y seguí caminando, ellos se habían ido más abajo para esconderse; de repente, vi salir de los matorrales a los sujetos y los agarré a pedradas. Salí corriendo, pero más abajo había otro poco de gente, algo más ancianos digo yo, porque en la refriega a dos de ellos con facilidad los agarré del buche y los arrastré en el lodo. Finalmente me amarraron con unos lazos y así me trajeron a la cárcel. La ropa llegó toda mojada y la comida sabe Dios dónde había quedado. Minutos después llegó mucha gente para ver qué me pasaba, mi papá ya había sido avisado quizá por los mismos patrulleros, casi detrás venía y junto con él, el Padre Cea, ambos llegaron a rescatarme.

   

Angelina Saz Arévalo y Fernando Calderón Sigüenza

En una ocasión… mejor dicho en muchas ocasiones, mi papá no pudo venir por el mal tiempo y tuve que mitigar el hambre con dos guineos morados que me compraba en la tienda, pero primero me comía la cáscara y después lo de adentro. Así terminaba la semana… ¡Gracias a Dios! Y salía corriendo para reunirme con mi familia.

Les cuento todo esto no para que me compadezcan, sino para que vean que la vida no es fácil cuando no se tienen los recursos, pero hay que saberlos valorar cuando se tienen, pues Dios pone las dificultades para que saltemos como resorte. Hay que tener mucha entereza para soportar los tropiezos que se presentan sin perder de vista el objetivo. La voluntad se fortalece cada vez y uno se vuelve positivo. Así terminé el primer y segundo curso (1959 – 1960), arrimado en la casa de mi abuelo materno cerca de mis dos tías Ana e Imelda, lo digo así porque ellas fueron un tanto indiferentes a lo que me ocurría, aunque así fue de alguna manera me sentía protegido. En ese último año mi tía Ana falleció.

Para 1961 todo fue diferente porque mi papá hizo un buen cambalache con un Señor que le dio una casita en la Quinta Avenida con un bonito terreno que lindaba con la fuente de San Andrés a cambio del suyo en la Laguna Verde. Ahora mi lugar de estudios estaba a cien metros de mi casa y ya dormía cabal y hacía los tres tiempos de comida. Así completé el Plan Básico y para 1962 estudiando el primer año de bachillerato hice mis primeras prácticas de profesor ayudándole al Padre en la nocturna, daba la materia de Idioma Nacional y Estudios Sociales. Por otro lado, el Colegio ya tenía internado y me divertía dándole clases de refuerzo a los alumnos deficientes en sus notas; fue entonces que me dije con seguridad, ya no voy a ser carpintero como mi papá, sino profesor. Mis fuerzas interiores habían aumentado cuando ya tenía verdaderos maestros que imitar: a Don Rafael Antonio Blanco, con sus matemáticas, que estuvo desde sus inicios; Don German Alcides Vásquez, con su Literatura; a Don Miguel Ángel Reyes, con sus Ciencias; a Don Raúl Mejía, con Idiomas; y, a Don Julio César Rodríguez con su Música. Otras personalidades que en gran manera contribuyeron a mi educación, aunque no lo parezca y que pusieron sus codos en favor del Colegio fueron: Doña Bety Mata, ahora viuda de Arévalo, y la vieja Ana. La primera llevaba el control de todo lo administrativo, económico y académico, se caracterizó por su accesibilidad y calor humano que nos regaló; la segunda, una “vieja brava” de carácter difícil, pero sabiéndole llegar, sacaba un corazón grandote para dar; a mí no se me olvida la “trotaconvento” del Colegio, como le decíamos, ella era la que llevaba el control de la cocina, la que nos daba de comer a veces como mamá, pero era también la que nos sacaba corriendo por todo el colegio cuando lo que hacíamos no le parecía. Muchos abrazos a la “viejana”.

Rafael Antonio Blanco y Carlos Saz, en el Colegio San Andrés (1962)

Por fin egresé en 1963. Presenté exámenes generales privados en noviembre de ese año y los aprobé. El 19 de junio del año siguiente, me gradué junto con el compañero Federico Charlex. Para el Padre Cea, fue un exitazo, como decía él. Se vanagloriaba y gritaba a los cuatro vientos que su obra crecía, prueba de esto era que las graduaciones se hacían el día de su cumpleaños (19 de junio de 1921). Esa vez, recuerdo, trajo un gran orguestón con más de cincuenta músicos que nos deleitaron con varias piezas de música clásica. Había invitado a personalidades como al director de Educación superior, al Gobernador Departamental, al Alcalde Municipal, a Diputados que cuando eran jóvenes fueron sus alumnos y otras personas importantes amigos suyos de diferentes partes del país.

Anécdota inolvidable es la vez que me pusieron en el programa para dar las palabras de agradecimiento y durante todo el discurso me temblaron los pantalones y el micrófono también; las palabras se me quebraban y lo peor es que me daba cuenta y por querer controlar mis nervios, la tembladera era peor.

Como el Padre decía: “Yo voy pensando diez años adelante que ustedes”. Dos años me tuvo trabajando en el Colegio como profesor, experiencia que me valió como un curso de perfeccionamiento para el buen oficio de enseñar. Con él aprendí todas las técnicas habidas y por haber en el profesorado y en 1966, me eché a volar. Fui a probarme a un interinato por tres meses en el Instituto Nacional Cornelio Azenón Sierra de Atiquizaya. La experiencia no fue tan grata, ahí los valores morales estaban disminuidos, quise impregnarle a lo que enseñaba el sabor a Cristo Jesús, por lo que me pusieron en sus corríos el sobrenombre de “Chambacú”; quise aplicarles disciplina dura y me pusieron “Chicharrón”, porque dejaba salir tarde a los que no habían aprendido la clase aún. Finalmente salí desilusionado, era muy joven, pensé que me faltaba algo.

Carlos Saz, cuando era profesor del Colegio San Andrés (1966)

Luego puse a vacilar mi pensamiento y me encontré el trabajo en la justicia, con ayuda del profesor Rafael Blanco, me nombraron secretario del Juez de Primera Instancia de Chalchuapa; pero me fue peor porque me tocaba conocer y escribir cosas horribles que jamás imaginé de la sociedad en que vivimos: una vez me tocó describir la escena de la violación de una niña que iba con su madre en un lugar desolado y oscuro.  En esos juzgados se requiere registrar pistolas, corvos o cuchillos utilizados para herir o quitarle la vida a alguien… Me dio pánico y me hizo reflexionar duramente, caí en la cuenta que era por la educación que tenía que luchar.

Supe que en Chalchuapa estaba la supervisión inmediata de los Planes Básicos de Orientación Media… El señor supervisor Don Rigoberto Aguilar Guido, estuvo una vez supervisando una clase mía y cómo elaboraba las pruebas objetivas en el Colegio San Andrés, ya me conocía, más la palanquita siempre del Señor Blanco, puse mi solicitud y no tardó mucho en contestarme positivo a mi favor… fui nombrado Subdirector con dieciséis horas de clase en el Plan Básico de Orientación de Metapán, el once de mayo de 1966.

Por primera vez vi el camino amplio para bregar sin tapujos porque encontré el terreno fértil para sembrar mis conocimientos, alumnos ávidos de aprender, compañeros colaboradores conmigo, padres de familia responsables y una comunidad con un ambiente sano; allá lejos, pero muy lejos sin contaminación de lo que algunos llaman civilización.

Para entonces en Metapán la fábrica de cemento CESSA estaba poniendo sus primeros postes, las carreteras para llegar todavía eran estrechas; en muchas ocasiones el bus en el que yo viajaba tenía que apartarse a un ladito para que el otro pasar. Para mí Metapán fue el mejor lugar del mundo, nada que envidiar para vivir feliz; una sociedad que lo tenía todo completamente independiente, con sus calles y avenidas angostitas, con sus casas antiguas de adobe con una característica dominante y es que, la puerta de la entrada a la sala principal se ubicaba en la esquina. Adentro las casas grandes tenían un portal que da al jardín donde no faltaban las rosas. A lo lejos, desde cualquier punto alto se veía su hermosa Iglesia colonial teñida con cal, manifestando que la gente de Metapán está protegida por Dios. Yo me sentí como nunca; mis alumnos me llamaron “Señor Saz” y todo habitante también que por primera vez me hicieron sentirme estimado, elegido, estimulado y si se puede decir, apapachado.

Esquipulas. Paseo en bicicleta con alumnos del Instituto (1967)

Retrocediendo un poco en el tiempo, con relación a mis menesteres todo estaba arreglado. Cuando llegué después de mi largo viaje, un compañero llamado Miguel Ángel Morales me estaba esperando. Cuando me bajé del armatoste que me llevaba, se imaginó que yo era y agarrándome mis “volados” me preguntó y saludó… y caminando me dijo: “Vengase, vamos a vivir en la misma casa ya todo está arreglado” y como me vio la figura como la de un quiebrapalito, me hizo la broma: “Yo creí encontrarme con un hombrón de tamaños moyeros como los del luchador! Ahí vivían otros amigos que trabajaban en la fábrica de cemento CESSA con los que compartimos muchas cosas.

Aunque disfrutaba el trabajo y la gente era buena en Metapán, siempre estuve absorto porque mi primer retoño estaba por venir y le pedía a Dios estar ahí en ese preciso momento. Viernes por la tarde a como diera lugar estaba en camino sin volver atrás… Por fin un domingo siete de agosto se me concedió, ahora tenía que trabajar más y con más ganas.

Aún para 1967 solo éramos cinco compañeros: Florentín HenrrIquez Herrera, era el director, un hombre muy dinámico; Miguel Ángel Morales; Ana Josefa Carpio; Salvador Belloso; y yo, éramos el equipo que no mirábamos el reloj para trabajar; una secretaria llamada Ana y el ordenanza, Teto Mira, también nos acompañaban.

En 1968 fundamos el bachillerato (4º y 5º curso). En 1969 sacamos los primeros bachilleres. Ese mismo año tuve que ausentarme porque fui becado a la Ciudad Normal para impulsar la Reforma Educativa. Ya para 1970 como el centro de estudios ya era Instituto Nacional, yo era el subdirector, y tenía que asumir el cargo de director porque Florentín se iba a la Normal también becado.

Compañeros de Ciudad Normal (1969)

En 1971 nos separamos porque hubo transformaciones en el Sistema Educativo, yo me quedé como director del Tercer Ciclo de Educación Básica (ahora 7º, 8º y 9º grados) en el mismo local, mientras que el bachillerato pasó a un nuevo local con todo su equipo y algunos profesores: Florentín Henríquez, Miguel Ángel Morales y Francisco Jiménez. Desde antes estuvimos gestionando un nuevo local porque ya no cabíamos. La familia de Don Mincho Valiente, accedió a donar al norte de la ciudad, contiguo a la piscina, un espacioso terreno con la condición de que el centro educativo llevara el nombre de un ser querido de la familia, fue así que se llamó Instituto Nacional Benjamín Estrada Valiente.

En 1974 vino otra transformación, las escuelas fueron unificadas, o sea que iban a tener ahora hasta el 9º grado. El local que nosotros ocupábamos pertenecía a la Alcaldía y lo abandonamos con la condición de que la mitad pasara al Kinder y la otra mitad a la Casa de la Cultura, en la que también fui parte de su fundación. Yo pasé a la Escuela Urbana Unificada República de Guatemala y la compañera Ana Josefa Carpio de Torres, a la Escuela Urbana Unificada Luz Gómez.

En la Escuela Guatemala aprendí como dicen por ahí a “dejarme el pellejo”, los compañeros maestros, los niños y los papás me enseñaron muchas cosas, con ellos hicimos muros, cercos, adoquinados, canchas, gradas y los servicios básicos que le hacían falta a la escuela. En ese tiempo la institución creció y albergó a más de mil alumnos con veintinueve maestros a mi cargo asistiendo unos por la mañana y otros por la tarde. Diecisiete años viví en Metapán, ahí crecieron mis hijos, suficientes para amar el lugar. Pudiera escribir tantas cosas, pero el tiempo es escaso, muchas historias se quedarán en el olvido.

Carlos Saz entrega título a Adán Figueroa. Graduación del Institudo de Metapán  (Metapán, 1970)

Difícil fue para mí cuando tuve que retirarme de Metapán, porque adoraba el lugar. Una amenaza infortunada a finales de 1982 cuando la guerra civil se había encrudecido y el desgobierno ya era evidente. Una persona irresponsable con el afán de conseguir sus objetivos malignos y cobardes, me hizo llegar en forma de anonimato, algo que acostumbraban en esos días personas que les gustaba hacer el mal.

Grupo de Danza de la Escuela Guatemala, cuando Carlos Saz era el Director

(Metapán, 1978)

A veces hay mano de Dios en las decisiones de los hombres y dicen que no hay mal que por bien no venga. En esa época el Colegio San Andrés había desaparecido y coincidió que yo me quedé sin plaza y no tenía donde ejercer mi profesión, el Padre Cea por su parte, andaba queriéndole dar vida al Colegio. Justo a tiempo, me llamó a mí y a Lito Rivas para llevar a cabo su nuevo proyecto. Nos comprometimos con el Señor Obispo monseñor Marco René Revelo, quién firmó un contrato con el Señor Ministro de Educación. El contrato decía que nosotros pasábamos a ser parte de la red de maestros pagados por el Estado en Colegios Católicos, con la colaboración de otros maestros pagados hora – clase salimos adelante en 1983. Muchas de las experiencias del largo trajinar en otros lugares fueron útiles aquí, sumados a los nuevos objetivos de los Colegios Diocesanos, tuvimos buenos resultados. Ahora el Colegio San Andrés está ahí y las aspiraciones del Padre ya concretadas perdurarán.

Antes dije que a veces hay mano de Dios en las decisiones de los hombres, pues estos nueve años fueron el cumplimiento de lo que él quería que yo hiciera ¿saben por qué? Se los voy a contar… Cuando yo viví la gran tribulación por la amenaza que me hicieron allá en Metapán, pasé una semana sin poder decidir si dejar o no la ciudad y el trabajo en la Escuela Guatemala… platicaba con mi esposa y conmigo mismo y nada… platicaba con Dios y tampoco… pero tenía un amigo, Toño Caballero, a donde nos íbamos a dormir y ahí tuve un sueño: Empezó a temblar, la gente corría y nosotros agarrados de las manos también… tuvimos suerte y llegamos a la Iglesia, subimos a la cúpula y desde ahí vimos que las casas se caían en pedazos y se incendiaban, la gente moría entre las llamas… solo la Iglesia estaba intacta. Esa misma noche comenté el sueño con mi esposa y sin titubear la mañana de ese día de octubre salimos de Metapán solo con un poco de ropa, la Petra, nuestra chuchita y un perico. Pasé dejando las llaves a mis superiores en Santa Ana y nos fuimos con mis familiares en Apaneca.

Esta historia va para mis familiares que no la conocen, ojalá me haya dado a entender, solo pretendo impulsarlos o tal vez divertirlos porque yo si escribo es para eso… o para aprovechar darles consejos a raíz de lo que yo viví ¿quieren algunos? Ahí les van: Vean al vecino como de la familia… apunten en su diario una cosita buena o mala que hicieron… ahorren lo que puedan y no gasten en tonterías… cuiden con esmero lo que tienen y no lo despilfarren… pidan disculpas o perdón si alguna vez se equivocan… si alquilan una casa mejor piense en comprarla para que sea suya… aprendan a nadar de chiquitos para que cuando sean grandes no sufran viendo que otros pueden… aprendan a manejar la computadora y el carro con tiempo… dedique aunque sea un ratito a leer la biblia… sean prudentes en todo lo que hacen haciendo uso del sentido común.

A veces me auto juzgo y pienso que me equivoco porque hago juicios indebidos por lo que pido perdón a quienes talvez ofendí… ¿Saben qué? Yo tengo grandes problemas como es el de que soy cuidadoso hasta con las cosas viejas que tengo, porque cuando niño muchas cosas me hicieron falta, que también repercutieron en mis cosas subjetivas. Por eso digo: Aunque yo sé que a estas alturas nada se puede hacer, en mis oraciones le pido a Dios me alargue un poco esta vida para ver triunfar a mi Elena, a mis nietos y a otros niños de la niña Tancho que también quiero.

Octubre de 2014

LAZAU

LA PROCESIÓN DE LA SUERTE

Doña María Solano, que vivía en la Calle 15 de septiembre en el Barrio El Calvario, un día platicando con Doña Tiveria Luna, que también era vecina, ésta le contó entre todos los chambres del pueblo que se había desatado una noticia importante.

¿Y de qué se trata Tive? – preguntó Doña Mari… Pues es una especie de procesión que va por las calles y avenidas de las doce de la noche en adelante… Es solo de señoras y no van muchas… Van rezando y cada una lleva una candelita encendida… Todas van con vestido negro y tapado incluido hasta la cabeza.

Mirá Mari, hay que estar preparadas porque yo ya lo estoy… dicen que solo se necesita un pañuelo blanco de seda, un botecito con agua bendita y un cofre de madera.

Que si uno tiene suerte, se puede ganar una sortija que si la sobás y le pedís un favor, te lo concede y hasta te da pisto si le pedís lo necesario.

Creo que la llevamos de ganar porque no va para toda la gente, si no donde hay una viuda cincuentona… dicen que van rezando y ahí se paran… Una de ellas se desprende del grupo… toca la puerta… y es ahí donde tenés que ser fuerte Mari porque vas y abrir la puerta y ella te dice: “En usted confío, guárdeme mi candelita”… Vos la tomás y cuando la procesión se va, cerrás tu puerta y apagás la candelita… Inmediatamente se envuelve en el pañuelito blanco que se supone ya lo has bendecido antes y lo ponés en el cofre donde se guardan la ropa… allí lo dejás hasta que la señora que lo dejó vuelva y te traiga la sortija.

¿Oye Tive, no será que ya estas asustada antes que te asusten? Porque desde ya te veo pálida… yo personalmente no creo mucho de lo que estas planeando… creo que si mi marido estuviera ya me hubiera reprendido… Él no tomaba en serio estas cosas.

Al pasar como unos seis meses, la procesión pasó; me tocaron pero yo no abrí la puerta. La Tive si porque la encontraron muerta del susto, se le paró el corazón porque dicen que cuando la señora pasó de nuevo por la candelita que le dio a guardar, la Tive metió la mano en el cofre para sacarla y una mano le agarró la suya y ahí se quedó. Dicen que cometió un error el más grande de su vida: se le olvidó mojar el pañuelito blanco de seda con el agua bendita; porque si lo mojó pero con otra agua que tenía adjunta.

LAZAU

El gato negro

El gato es un animalito doméstico muy útil porque ahuyenta los ratones y para algunas damas que lo prefieren como mascota; pero también en todas las épocas ha sido relacionado con la mente misteriosa del hombre, pero más que todo el de color negro… Yo recuerdo lo que se decía de Doña Moncha Turcios, que curaba o hacía la cacha de curar algunas enfermedades terminales; pero también lo contrario, poner para bien o para mal por encargo.

Cuentan que vivió yendo para Ahuachapán cerca de la Fania; ahí tenía su parcela en la que había construido su casita campestre, de bajareque como con tres o cuatro cuartos, una sala grande con su respectivo corredor con alguna comodidad; pero lo más importante, una salota para recibo o estar, en cuyo interior las paredes estaban tapizadas de santos y fotos de familia; además, bancos y sillas por todos lados para sentarse, porque eso sí, había mucha concurrencia de algunas personas que venían de muy lejos.

Decían que todo el terrenito estaba cultivado con guineo, guayabos, café, duraznos, naranjos, etc., pero más que todo arbustos y plantas medicinales como ciguapate, chichipince, albahaca, ruda, etc… Era un jardín.

Me contaban que cuando uno llegaba se sentaba a esperar su turno; pero también se solía dar una vueltecita… Después de la espera, la Niña Moncha tenía un cuarto aparte totalmente oscuro a donde metía a la gente una por una… Al entrar no había que hablar mucho; el saludo, las preguntas respectivas, las respuestas y al camino… Ahí había un sillón, un almatroste de madera en donde se sentaba ella… a su derecha, en una mesa había un gato negro que solo movía la cabeza y la cola de vez en cuando… a su izquierda una candelota encendida de cera pura de abeja, a la que el paciente o pacienta tenía que tocar a la hora de dictar la receta, la dosis y entrega de la medicina, y finalmente ya para salir, había que sobar el lomo del gato negro, como queriendo decir ¡Gracias!… A la salida de la casa ya para partir estaba su marido con una bolsa de cuero en la que había que depositar una donación monetaria.

Si de verdad curó, debió haber sido por fe en sí mismos y en el poder de nuestro Señor Jesucristo, porque dicen que una vez que le llevaron una enferma de cáncer o lepra… no recuerdo muy bien… y como en esa época no había modo ni siquiera de aliviar dichas enfermedades, a Doña Moncha se le ocurrió reponerle los pedazos de carne y piel que había perdido con carne roja de res o de cerdo… Así los familiares le estuvieron poniendo a su enferma carne fresca en las llagas o en las partes deterioradas… Finalmente pues la señora murió… Gran imaginación de la Sra. Turcios.

Como Doña Moncha se hizo famosa, las curaciones ya no fueron solo normales, sino que también paranormales, pues a muchos curó de amor ciego por culpa de “la prueba del puro”; por odio provocar “muerte en accidente”; por venganza poner o sacar “sapo en la panza”; “muerte a pausas” por envidia; y hasta acercamiento nuevamente de parejas que un día fueron felices y que ahora están separados, o lo contrario según el interés…

Doña Moncha nunca dijo que el gato negro hacía el trabajo de curar, pero la gente sí, porque su felino no era un animal cualquiera… Era un gato entendido, por eso la gente decía que era el mismito demonio y ella una bruja empedernida… Otros decían que tenía pacto con el diablo.

Según cuentan, el día jueves de cada semana no había consulta porque el gato le tocaba baño y preparación de los menjurjes para la próxima semana.

Hay personas que ya traen esos dones; Doña Moncha, preparaba sus agüitas con gran dedicación y esmero pues en su terreno tenía muchas plantas que a base de observación había adquirido experiencia en ese afán de curar. Nuestros antepasados los nativos eran expertos en esos conocimientos.

Doña Moncha a saber qué se hizo, la presión de los díceres fueron tan grandes que por eso vendió su terrenito y desapareció… Unos dicen que se fue para la costa… Otros dicen que para Nahuizalco… Solo Dios sabe que se hizo con su gato.

Esto que voy a contar es otra historia… A Don Arturo Rodríguez, no le fue bien con el gato negro como le fue a Doña Moncha. Don Arturo era una persona muy seria, de carácter fuerte y firme, que no se doblegaba ante problemas o situaciones paranormales, porque para lo que él me contó era para quedar psicológicamente enfermo en la primera experiencia.

Pues cuenta que en su casa siempre hubieron gatos para correr a los ratones y que nunca se comían las sobras de la cocina, porque más de uno de ellos  – que eran cuatro – se iba afuera para traer un conejito que compartían y devoraban entre todos. También recordaba que una vez entró a la casa un animal más feroz que ellos y mató a los dos más jóvenes dejándolo degollados… «Para entonces yo era un niño-  me dijo – Luego crecí, aprendí a leer y escribir en la escuelita de mi cantón Shucutitan; empecé a trabajar pesado en las fincas, pero con el tiempo el patrón se fijó en mí y me puso a trabajar más suave en otras tareas: hacer mandados, traer encomiendas, apuntar con sus nombres y tareas a los trabajadores, sumar, multiplicar, y hasta ayudar a pagar los fines de semana».

«Ya le conté bastante de mi vida amigo mío; me falta lo espeluznante – dijo -Cuando mi patrón me mandó a administrar una de sus fincas que tenía en el cantón Palo Verde, un gato negro cayó del bordo del camino; era de noche, poco común porque se me puso delante y sus ojos eran colorados; como se me abalanzó al pecho lo tomé del buchito y lo tiré con violencia al peñazco de una barranca y solo hizo ¡Miau!… Así pude llegar a la casa grande y a mi cuarto… Eso se repitió muchas veces y siempre cuando yo estaba solo».

«Otra vez estaba ya cerrando los ojos para dormirme cuando ¡Miau! El mentado gato negro… Hice lo mismo… Lo tomé del bucito y lo tiré por la ventana… Usted no me lo va a creer, ya había dormido un poquito y como a la una de la madrugada, ahí estaba el gato negro pegadito a mi almohada de nuevo ¡Miau! me hizo al oído, esta vez lo volví a tomar del buchito y lo metí en una jaula bien cerrada. Pero el gato por la mañana ya no estaba».

«Oiga amigo lo que le voy a decir: El gato negro me ganó la partida; como una vez que me sorprendió como a las doce de la noche, yo estaba empeñado en terminar una planilla porque al día siguiente era sábado, se me apareció en la silla que estaba a mi lado ¿Qué hice?… pues sobarle la cabecita y en un parpadear de ojos desapareció… y no volvió jamás.

LAZAU

La tunca bruja

Mi padre era un hombre tranquilo y cuando cometía un error en vez de tomar el cincho para escarmentar, mejor tomaba la opción de contarme un cuento; pero esa vez que llegué a casa muy noche estaba sudando y muy serio… y … yo con el pelo parado, erizado de la piel y el cuerpo rígido, pues sentí que lo que me contó ese día era cierto…

«Ahí por donde Borja, donde vos estás pasando a esta hora de la noche asustan… sé que tu querencia te obliga a pasar por ese lado… pero te voy a contar lo que una vez a mí me sucedió…» Mi papá me estaba hablando del cruce o encuentro de la Avenida Central y la 2da. Avenida, en donde tres de las esquinas eran de los Borjas.

«Yo vivía en el convento porque entonces ese era mi hogar, cosa que ya vos bien sabés que yo me crié al dado del Padre Golón… Casi todas las noches visitaba una mi entretención en el barrio San Pedro… yo ya andaba pensando en casarme y hacer mi vida aparte… Un día que me cogió mucho la noche, caminaba de Sur a Norte sobre la Avenida y seguí sobre la calle de Oriente o Poniente, cuando en esa esquina exactamente donde los Borjas, se me apareció una tunca del tamaño de una vaca… ¡Naturalmente que yo me asusté y no reaccionaba!… Al fin, me obligó a dar algunos pasos para atrás porque me “cosiaba” las mangas de los pantalones…. caminaba sin cesar por todos lados y me cerraba el paso… al mismo tiempo chillaba con rabia atacándome y ¡Mordiéndome las canillas y yo corriendo de trecho en trecho! a cómo podía… ¡No encontraba una salida!… Y como por ahí no vive ninguno, ni gente pasaba, era en vano gritar o clamar por auxilio… Yo logré agarrar un palo y le di un garrotazo, pero me lo detuvo con el hocico… lo hizo pedazos y a saber qué sintió porque salió corriendo, siempre “cosiando» y se perdió allá a lo lejos como que iba al Cerrito.

«Yo me quedé asustado y temblando de miedo… Cuando conté lo sucedido a algunos amigos me dijeron – Esa fue una novia que tuviste y se quedó mordida… – Otros me dijeron que había sido una mujer celosa que andaba tras de mis calzones por ahí y me quiso amolar».

Mi recomendación hijo es que no salgas tan noche, me dijo.

LAZAU