La sierpe

Los Apanecos hasta ahora no sabemos a ciencia cierta el por qué llamamos “Barranca de la Sierpe” a ese lugar; sí sabemos que se encuentra en el camino antiguo que conducía a la ciudad de Juayua y al mismo tiempo al cantón Palo Verde. Yo siempre le tuve temor a ese puntito, porque una vez que acompañé a mi papá a cobrar el salario de un trabajo que había realizado, vimos un mico que salió de un lado del camino (o del barranco), y como ahí había un bejuco colgando de un árbol grande y muy alto, el animalito alcanzaba la punta y con gran destreza se subía a las ramas… nosotros lo vimos exactamente en el momento que se ocultó.

Desde entonces no se me hizo fácil viajar solo por ahí y aún más cuando mi familia se fue a vivir por esos lados… Cuando fui creciendo se me despertó la curiosidad del por qué se le llamaba ahí “Barranca de la Sierpe”, y como en esa época yo ya era un estudiante y leía algunos poemas de los griegos en los que se encuentran expresiones mitológicos que describen a la sierpe como un animal grande, feo y feroz, naturalmente, fue suficiente para que yo le tuviera miedo a la barranca, y prefiriera pasar por el camino a la Laguna Verde para ver a mi familia.

A Don Chente Burgos, le pregunté una vez ¿Qué hay de esa Barranca de la Sierpe? y él me contestó: «Mire joven a mí me contaron que ahí encontraron hace muchísimos años el esqueleto de un animal grandote, que si hubiera tenido sus carnitas y todo lo demás, se hubiera parecido a un ciempiés de esos chiquititos y sin patas, pero con la capacidad de tragarse entero a un caballo. Dicen que los restos se los llevaron a saber pa donde y desde entonces le empezaron a llamar así al lugar». Yo solo me quedé pensando que de ser cierto, debió ser un animal terrible como los que narran las historias de los griegos.

A Don Lalo Peña, también le pregunté lo mismo y su respuesta fue casi igual, por cuanto que se habían llevado los huesos encontrados, por lo demás dijo: «Es bueno que usted ande preguntando porque ya pocos sabemos de esa historia, quizá solo yo voy quedando. A mí me contaron que ese animal era como una iguana gigante, que a lo mejor con el tiempo, desde hace miles de años, se fue haciendo más chiquita, porque así como dicen que eran los huesos de grandotes, si era vegetariana, necesitaría una tarea de monte cada tiempo de comida».

Yo siempre anduve preguntándole a todos los viejitos sobre el asunto, porque para mí se volvió interesante, pero muchos me decían que no sabían nada.

Don Chencho Vargas, me dijo que él sabía que ese animal era como una culebra común, pero gigante, al igual que otros animales de su misma época, y que a lo mejor hay otros huesos enterrados por ahí, que como están muy profundos no los podemos ver.

Al Padre Toño Linares una vez le pregunté sobre el por qué creía él que le habían puesto así a la barranca y me dijo: «Yo creo que esos huesos es cierto que los encontraron y deben de estar en algún museo. A la barranca le pusieron así porque son o se parecen a los de una serpiente…»

La serpiente se ha convertido en un animal mitológico; su nombre viene del latín que quiere decir Serpens o culebra grandota, ponzoñosa y fea.

A lo mejor aquí no hubieron tales huesos, y como los mitos así son, los inventa la gente y finalmente, producen miedo.

 

LAZAU

 

UN JOVEN TRAVIESO

Esto que les voy a contar fue una experiencia personal. Voy a tratar primero de hacer una descripción del escenario… Mi papá tenía su finquita a la orilla del pueblo, ahí estaba la casa donde vivíamos en la 5º Avenida. La finquita se extendía hacia el Poniente y se confundía con la montañita que alberga la fuente de San Andrés… Yo muchas veces me internaba en ella para disfrutar de la frescura. Al otro lado, o sea siempre al Poniente de la montañita, lindaba con la calle o camino de la finca Albania, el que sigue hacia otras fincas vecinas a la Barranca del Paso. Pues yo conocía muy bien la montañita que está cubierta de árboles grandes pero también debajo de estos está tupida de arbustos, bejucos por todos lados y naturalmente espeso de humus cubierto de hojas.

Un día se me ocurrió armar una trampa para tacuazín porque habían señales de abundancia y nosotros estábamos escasos de carne en la comida… yo tuve que pásarme al otro lado de la barranca porque ahí estaba el lugar óptimo para ello… La hice tal cual… Una casita cónica con baritas, su puertecita, el disparador y un guineo jugoso como señuelo.

El primer día feliz porque cayó un hermoso animal ¡Gordo! El segundo día igual… Y así varios cayeron; un día hasta una comadreja cayó. Pero un día la hazaña terminó cuando preparaba la trampa como a las seis de la tarde, hora que en la montañita ya era de noche y apenas se miraba. Cuando inesperadamente salió de la nada un animal del tamaño de una vaca e iba haciendo brecha entre los matorrales del otro lado donde yo tenía que pasar para salir a la propiedad de mi familia. Yo no vi el animal porque estaba de espaldas…Y… cuando me di la vuelta y me paré para ver el animal, solo vi la señal por donde había pasado… Todo sucedió en cuestión de segundos y me encontré en un callejón sin salida… Si me iba para arriba a salir a la calle de la Finca Albania, hacía tres días que se había ahorcado un señor que yo conocía en un árbol de tatascamite de la misma montañita y yo lo vi cuando estaba colgado…Tuve gran miedo… Entonces en cuestión de segundos tomé la decisión… Me santigüé… Tomé  el corvo que andaba… y salí no se ni como a contarle el cuento a mi padre. No volví jamás a ese sitio.

LAZAU

EL SEPELIO DE LA MEDIA NOCHE

Parece que los Apanecos estamos olvidando las leyendas que de esa manera nos obligábamos a dormir temprano. Esta historia yo la recibí de la Chilita Calderón, un día de tantos que hablábamos  del tema. Esto que te voy a contar sucedió en la 3ª Avenida, a lo mejor,  desde la Cruz del Barrio El Calvario o mejor dicho de otro modo donde está el rastro municipal, hasta la Cruz de Barrio Las Flores, en donde antes había una ceiba enorme, para luego doblar al cementerio.

Don Belarmino Hidalgo vivía en esa Avenida; su casa como se acostumbraba en esa época de paredes viejas de adobe un tanto deterioradas que permitía espiar de adentro hacia afuera y darse cuenta de muchas cosas que pasaban.

Don Mino, como lo llamaba la gente, le contó a la Chilita que los días viernes de cada mes a las doce de la noche pasaba sonando una campanita y un ruido de pasos de algunas personas como que van marchando con pasos lentos pero lentísimos marcados por un tambor que asusta  y una rezadera que no se entiende lo que rezan. Todo esto provoca miedo pues y no queda más que meter toda la cabeza bajo las chivas.

Esa vez que les cuento como mi mujer ya iba a parir no me dormía, cuando de repente oí la campanita y me dije, voy a ver que es esta mierda… Quité un terroncito que me hacía estorbo y pude ver qué pasaba… ¡Arrepentido porque lo vi todo!.. Estaba tieso y no me podía mover… Con la respiración levantaba polvo de los adobes que me estaban sirviendo de soporte y sentía que nunca terminaban de pasar… La campanita tilín, tilín y el tambor pon, pon, y otra vez tilín, tilín tilín y después pon, pon, pon, y a mejor no terminó hasta llegar al cementerio.

Fijese Chilita que el cajón era negro de lujo bien barnizado a muñeca… Iban cargando cuatro que no se les veía la cabeza porque iban encapuchados con túnica o vestido largo… ¡Y con sandalias Chilita!… a ambos lados iban dos con un candelero encendido cada uno, encabezando dos filas de gente con vestidos diferentes  de color café o negro, desteñido tal vez… Y así el sepelio se fue supongo yo por toda la Avenida hasta llegar a la Cruz y luego al cementerio…. ¡Mire chilita! esto que le conté, le ha de haber pasado a muchos; lo que sucede es que no quieren contar porque no quieren vivir el pasado… Fíjese que esa noche para poderme tranquilizar tomé un vaso grande y me serví una cuarta del alcohol 90 que tenía para atender a mi mujer en el parto, le puse agüita y ¡Me sampé el talegazo de un solo como se dice!

 

LAZAU

LA CARRETA BRUJA

Por lo que contaba la gente, la carreta bruja rodó por todas las calles de Apaneca; todos la oyeron pero quizá unos pocos mentirosos dicen que la vieron; yo a veces creo que fue una historia inventada por las mamás que tenían adolescentes y evitar así los peligros y los vicios de la calle; o por las señoras celosas que no querían que sus esposos no se les fueran a otros brazos a deshoras de la noche… Así es que yo voy a narrar lo que me contaron.

Doña Toyita Membreño, un día me dijo – “¿Usted cree que existió la carreta bruja? – Inmediatamente le dije que no… – Y ella dijo – “Fíjese que sí, porque yo la he oído a las doce de la noche allá a lo lejos y otras veces aquí pasando enfrente de mi casa haciendo unos rechinidos que me destiemplan los dientes y sin poder hacer nada… Lo único que he hecho es embocicarme más entre las chivas… La Niña Toyita, que vivía al final de la Avenida Central Sur –  agregó – al llegar a la esquina de Toño Baires, la carreta chillona agarra para el cementerio… aquí se oye fuerte y a medida que se aleja se oye poquito… Para allá va”.

Don Chendo Martínez, que vivía en la 2da. Avenida Norte, allá por la clínica, una vez que nos pusimos a platicar, salió lo de la carreta bruja y él me dijo – “No niño, porque así me decía él, ni acordarse porque cuando esa mierda empezaba a rechinar a mí se me fruncía el culo, es insoportable por el miedo que da”-  ¡Cuénteme!  ¡Cuénteme! Le dije yo – “Yo cuando me acuerdo me pongo erizo; fíjese que no es una carreta común. Una vez que empezó a rechinar allá a lo lejos yo tomé la decisión de desengañarme y por una rendija de la pared pude ver que era un cajón con ruedas y todo, pero no llevaba boyero, sino con una palanca en vez de yugo y dos personas vestidas de negro y encapuchadas la iban jalando… ¿Y encima sabe que llevaba la carreta?.. Iba repleta de esqueletos todos parados cada quién con su guadaña… Esto… Cuando yo lo vi ¡Puta! No era yo de asustado; pero como soy previsor tenía por hay un medio litro de Cuatro Ases y de un solo le llegué a la mitad… solo así me sentí vergón y me dormí. La mentada carreta bruja se fue recto a topar a la cruz del calvario para luego doblar hacia el cementerio.

Don Rubén Bolaños, que vivía en la 3ª Avenida Norte cerca de la iglesia, también contó que la curiosidad le rebalsó un día y se puso a ver si lograba ver a la carreta y como se sentía muy hombre y se jactaba de tener temperamento fuerte, hizo con anterioridad una rendija en la pared, pero también se preparó con su trago y un crucifijo. Él contó que no solo rechina, sino que por ratitos se oye como que las ruedas circulares se vuelven cuadradas y por eso se oye un tableteo sordo, lento y se escucha polóngón… Polongón… Polongó… pero luego por ratitos rechina. Sabe joven que lo espeluznante es que no participan bueyes, sino va cargada de demonios todos cachudos y en sus manos cada quien lleva un palo que parece tridente y para que avance se bajan dos y la halan con el pecho mediante un palo de apoyo y cuando caminan en la oscurana se ven como que van en una burbuja colorada… ¡Horrible joven!

Don Rubén ese día que logró su objetivo se puso a riata, dice que tomó el Cristo pero como no lo había llevado a bendecir, cuando pasó frente a su casa la carreta se detuvo y giró de frente hacia su puerta… – Ese ratito joven por poco me cago… la carreta siguió su camino sin duda hacia el cementerio como decían, esa era su morada y de ahí salía a las 12 de la noche.

LAZAU

LA SIGUANABA

La siguanaba para nosotros es una leyenda pero para nuestros ancestros pipiles era parte de su idiosincrasia político-social-religiosa, y éste es un ejemplo de la relación entre la raza pipil y la naturaleza, cuando la leyenda habla que el hijo Tlaloc (el agua) se casa con una mujer coqueta y elegante llamada Sihuelut (mujer bella), pues todos sabemos que el agua es el elemento esencial para la vida (plantas y animales).

La leyenda en síntesis dice que Sihuelut conoció al joven príncipe hijo del dios Tlaloc… Sihuelut se enamoró locamente y se casaron, vivieron muy felices, pero al nacer su primer hijo todo cambió; pues cuidar al niño era dedicar todo el tiempo a él… Sihuelut se volvió mal humorada porque las fiestas le hacían falta.

Su hijo era pequeño y su tez morena como ella y le pusieron el nombre de Cipitío… Sihuelut pasaba el tiempo furiosa y renegaba porque no podía ir a las fiestas. Cuidar al hijo era un martirio para ella.

Como su marido era guerrero y se iba lejos, ella tomó la decisión de ir a la fiesta de su casicazgo sin tomar en cuenta las consecuencias ya que el niño se quedó dormido.

A media noche, Cipitío se despertó con hambre, pataleó y lloró y nadie se dio cuenta y al fin se quedó dormido. Ella regresó en la madrugada solo a dormir sin acordarse de su hijo. Siguió saliendo todas las noches y el pequeño sufría el abandono y para no morirse de hambre se subía al “polletón” para comer ceniza.

Al regresar el príncipe se dio cuenta de la conducta de su mujer y el mal trato que daba a su hijo; el Príncipe descontrolado se fue a llorar al bosque, ahí concurrió Tlaloc y le dice que ya está enterado y por eso la castigará con dureza, dijo.

Sihuelut estaba escondida y escuchó las palabras del dios Tlaloc, sintió miedo y pidió perdón prometiéndole cambiar. Tlaloc aceptó la petición y Sihuelut se empezó a comportar bien y se hizo buena madre y esposa; pero pronto olvidó la promesa y a los pocos días abandonó por completo a su hijo y a su esposo de nuevo.

Un día Cipitío se desesperó porque se quedó solo y con mucha hambre y se fue de la casa y se perdió, ya no pudo regresar a su choza.

Tlaloc se dio cuenta de lo ocurrido y llamó a Sihuelut para cumplir el castigo anterior y le dijo: “Desde hoy te llamarás Siguanaba (mujer de las aguas), tu castigo será caminar por todos los ríos, lagos y lagunas hasta que encuentres a tu hijo”. Eso hace la Siguanaba todos los días y noches… Dicen que es horrible: Ojos grandes, colorados, labios volteados y dientuda, el pelo enredado y sucio.

Hay personas que aseguran que la han visto y que tiene las chiches largas y que cuando se enoja se las golpea sacando un ruido como cuando se golpea un trapo mojado en la pared.

Pero en El Salvador hay tantas versiones, ésta solo es una más… En Apaneca sabemos que algo le dejó de ventaja a la siguanaba como es el hecho de cambiar a su gusto su fisionomía y de acuerdo a las circunstancias; pero solamente un ratito y es lo que ella aprovecha, para engañar a los hombres especialmente.

Don Arturo Rodríguez, un hombre psicológicamente fuerte era perseguido por los espantos y una vez que me contaba sobre el poder de los gatos y los cadejos negros y las tuncas hociconas, también me contó que cuando él tenía siete años su mamá lo dejó solo en la casa del cafetal donde vivían en el cantón Chucutita y  cuando volteó la cabeza hacia la ventana que era muy alta, vio a una mujer bellísima y como vio que estaba solo, bordeo la casa y  entró por la puerta principal, pero ya no era la mujer grande que había visto, sino que era una niña como de su edad… Que lo tomó de la mano… Le dio que chupara una leche burra, como que ya sabía que le gustaban, y se lo llevó por el camino recto que iba a salir a la calle amplia principal… Pero solo habían caminado media cuadra y desapareció misteriosamente y yo como estaba chiquito no me di por asustado, dijo.

Al Tío Manuel Calderón, se lo llevó el chipuste porque a pesar que era un tunantón, con experiencia en cuestión de mujeres, sufrió lo peor que un hombre de su calaña puede sufrir. Cuento que ya expliqué en otro escrito (Una aventura fugaz). Pues al pobre Tío Manuel fue seducido con miradas en uno de los bullicios de las fiestas patronales, la Siguanaba se lo llevó a un cafetal que linda con el camino que va a la fuente de San Andrés y cuando él ya estaba bien excitado por la mujer, se le abalanzó y fue a caer al fondo del barranco formado por el pateo de la gente y hasta el día siguiente las primeras aguateras lo encontraron todo quebrado. Él contó después que ella desapareció como un espejismo.

Don Chón Pérez contaba que no es broma lo de la Siguanaba… Él decía que cuando era muchachón se enamoró de una cipota que no era bonita pero sí muy atractiva… La conocí por medio de una señora amiga que la acompañaba para traer leña de una finca que se llama “Las Brisas” después del “Paso”. Siempre que la señora pasaba por mi casa y llevaba el mecate, el yahual y el corvo cuto leñatero yo ya estaba avisado y encrespado, porque ya sabía que la cipota la acompañaría… Así pasamos mucho tiempo… Y disimuladamente las alcanzaba en el camino, porque la mamá siempre estaba pendiente de sus movimientos… Un día le dije: Mirá mamita ¿A ver cuándo podemos venir solitos? Y ella me contestó que sí… Cuando yo te haga la seña me dijo.

Yo me quedé entusiasmado… Me quedé pendiente esperando la seña… Y nada… Pero al fin, yo vi una seña allá a lo lejos… Caminó un tantito y emprendió el camino… Y yo también guardando la distancia como lo hacía antes cuando iba con la señora… Lo raro fue que no la podía alcanzar… Cuando pasamos la barranca del paso la alcancé… La quería tocar como antes y no se dejaba… Se metió a los matorrales y ahí yo ya estaba encabritado… La quise acariciar como antes y no se dejó tampoco… Pronto salió corriendo y carcajeándose, burlándose de mí.

Cuando volví a mi casa venía mi dulce amor de hacer sus tareas de la escuela con sus amigas y yo haciéndome mil conjeturas, contó don Chon…

LAZAU

EL CEMENTERIO

De tantos lugares que existieron y de hechos que sucedieron en Apaneca se puede escribir con entusiasmo; pero del cementerio como que no es muy agradable; sin embargo es necesario que las futuras generaciones sepan algo de sus ancestros.

Todos sabemos que en Apaneca el cementerio estuvo descuidado; hasta ahora que parece que estamos tomando un poquito de conciencia de la importancia de mantener limpio el lugar sagrado en donde descansan los restos de las personas  que ya no están entre nosotros, y aun las queremos mucho.

Yo tengo presente en mi memoria que pocos días antes de la fiesta de los difuntos en que los cementerios recibía una peinadita; el deshierbo formal lo hacía el familiar del difunto. Esta fiesta fue o sigue siendo la oportunidad para los cipotes de ganarse sus fichitas deshierbando tumbas y pintando crucitas… yo me gané hasta 20 colones en total en esos dos días, el de los santos y el de finados, que era bastante para mi edad. En ese afán me di cuenta de muchas cosas… gran aprendizaje.

De las cosas bonitas que yo vi es que ahí se juntaban las familias que hacía mucho tiempo que no se habían visto. Lo mismo pasaba con los amigos… gran chonguengón se formaba a veces porque no faltaban los conjuntos musicales de cuerda cantado y tocando rancheras que al difunto le gustaban; pues no me lo van a creer porque hasta lágrimas brotaban entre los amigos… pero como nunca falta la mosca en la leche derramada, algunas veces se excedían de tragos y terminaban dándose trompones y que una vez sacaron los corvos y hasta las crucitas pagaron la fiesta… las machetiaron.

El párroco aquí en Apaneca siempre ha tenido su participación ese día en el cementerio, pues los responsos son parte de sus obligaciones. Alguna vez acompañé al Padre llevándole el recipiente y el agua bendita; y me fue mal porque no sabía latín. Otra vez fui con Guillermo Vides, mi tío, ayudándole con el “chelo” porque era él que le contestaba al Cura acompañándose con ese instrumento que le da el toque a difunto. Aquí me di cuenta que hasta en el cementerio hay discriminación social porque solo a los de arriba se les hacía responso y si acaso allá relanciado a los de abajo… Quiero decir a los que tenían mausoleo o quizá deban grande la limosna o digamos de otro modo, a las personas honorables… ¡Qué triste verdad! A ver cuándo rompemos con los temores infundados con la tradición y creamos cánones o costumbres nuevas porque yo en lo personal no tengo la capacidad para ir de noche a visitar a mis seres queridos… Soy sincero… Si acaso iría pero acompañado de un buen poco de gente… aunque yo una vez fui de noche al cementerio siguiendo a mi gran amigo Roberto Guerra que se le acababa de morir su papá y como lo extrañaba se fue a llorar a su tumba en la medianoche… ¿Porque le tenemos miedo a las personas que ya no están con nosotros?.. y … que un día hasta comimos juntos… jugamos juntos… dormimos juntos y hasta nos abrazamos y besamos tal vez… Creo que tenemos que romper ese tabú que nos metieron nuestros antepasados. Lo cual es imposible o tal vez cuando haya recursos y se ilumine de noche y hagamos fiestas ahí… Porque no todo es malo… Bonito se ve el cementerio enflorado… lo malo es que no es de todos los días.

Lo que les voy a contar creo que si es nuevo y quedará para los que estudian arqueología o para algún historiador que tenga acceso a los archivos de la iglesia y de la alcaldía. Yo solo dejaré la inquietud.

Se trata sobre el primer cementerio a partir de la llegada de los españoles… Mi padre me contaba y me aseguraba que estaba antes del primer portón de la finca de Sisimiapa, a la derecha por supuesto de la carretera que va hacia Ataco, desde los orígenes de nuestra ciudad hasta allá por los 1,700 que se empezó a utilizar el que ahora conocemos… aunque había que hacer un estudio profundo de todo esto porque parece que nuestros nativos según sus costumbres, enterraban a sus muertos en los lugares altos ya que eran mucho más ceremoniosos que nosotros y el lugar más alto de la planicie es donde hoy está la iglesia; a lo mejor ahí estaba su centro ceremonial también.

Voy a exponer tal cual mi Papá me lo explicó: En esa época no habían leyes específicas para el campo santo y si las habían las mismas autoridades las transgredían debido a las circunstancias… y por eso el cementerio se convertía en potrero público… así mí papá y todos los habitantes tenían caballos, bueyes y vacas, el lugar más inmediato para pastar una noche era el cementerio antiguo.

Una noche que tuvo una emergencia y necesitó su caballo personal, fue a traerlo y como ya sabía en qué sector encontrarlo no titubeó, ahí estaba junto a los otros que le servían para la carga… Pero lo curioso del caso es que no se dejó amarrar, sino que corría entre los otros caballos y en esa treta se fue lejos; mi papá cuando ya era de madrugada regresó cansado a donde había empezado la persecución… Se sentó en los restos de una tumba enmontada… y la sorpresa fue tal… Que el bendito caballo se le acercó por la espalda a mi papá y le mordió el cuello; después se dio la vuelta para lamerle las manos y lo amarara, cuando ya no lo necesitaba.

En otra ocasión me contó que fue a dejar sus caballos para que pastaran esa noche porque en la madrugada los iba a necesitar, cuando de pronto de una tumba bien carcomida por el montarral, salió un hombre vestido de militar emanando luces como de fuego. Él ni cuto ni perezoso salió corriendo sin esperar más.

Por supuesto que ese cementerio estaba abandonado desde ya hacía mucho tiempo, era difícil creer que hubiera parientes cercanos enterrados ahí.

Los mausoleos de calicanto se los había comido el tiempo pues ya estaban enmontados.

LAZAU

LA TASAJERA DE LOS CAMINOS

Muchas personas se contentan cuando leen mis narraciones sobre cosas y hechos antiguos de mi querido pueblo de Apaneca; por eso, voy a empezar por satisfacer la incertidumbre, duda o curiosidad de la gente que me pregunta por qué la “tasajera” en algunas calles de la ciudad y de los caminos.

Lo que sucede es que con el devenir del tiempo cuando se han ido construyendo carreteras nuevas entre los pueblos o ciudades vecinas, siempre el espacio donde pasaba la carretera antigua era ocupada por la gente que tuvo necesidad de un lugar para vivir y después naturalmente, fue construyendo una vivienda mínimamente digna. En Apaneca sabemos que «tasajera» es hacer de un pedazo grande otros pedazos más pequeños.

Para entender mejor lo que me propongo es necesario hacer bastante uso de la imaginación, y pensar en lo que sucedió en antaño; por ejemplo para ir a Ahuachapán no se iba como vamos ahora, sino que había que partir del final de la 1ª. Av. Norte, dicho de otro modo, por el camino que nosotros llamamos “chiquito”…Luego llegábamos a la Pila Santa Clara (ahora Aldea), pasábamos por la Cruz que está donde confluyen el camino hacia la Cumbre y la Lagunita, y continúa hacia la Fania y San Ramón, para luego guindar hacia Salutiupan y después a la ciudadela que ya es Ahuachapán.

Si nos ubicamos en el tiempo, todo lo que yo cuento pasó hace muchísimos años atrás y lo he ido recogiendo de lo que me contaron mis abuelos y abuelas, personas mayores de esa misma edad y por supuesto de la lógica, la suposición, la imaginación mía y el análisis en base de lo que se ve.

Otro ejemplo, es cuando se iba a Juayua, había que salir por la Av. 15 de Abril Norte y el Modelo… seguir por donde hoy se hizo la colonia Los Llanitos y coger como quién va para la Sierpe… Las Maravillas… Salitrillo… El Diamante… y finalmente llegar por el costado Norte del cementerio… y ya estábamos en Juayua.

Para viajar a Sonsonate era igual de complicado… Lo que yo tengo todavía almacenado en mi cabeza es que una vez que fuimos en romería para visitar a San Antonio del Monte, organizadas por las fiesteras de siempre: Mamá Chenta, Tía Cande, Tía Melche, Tía Narcisa y Tía Casimira, todas de apellido Calderón… también las que siempre acompañaban estos trotes eran Tanchito y Chavela Villafuerte. Salimos por el final de la Av. 15 de Abril Sur hacia el Plan de San Antonio, hubo una pequeña oración en Las Cruces… seguimos a Tizapa, Los Alpes, El Ciprés y La Esmeralda… llegamos a Salcuatitán, Masahuat y luego a Sonsonate y San Antonio… visitamos la iglesia y cumplida la promesa, regresamos.

Lo que más recuerdo de este viaje es que los caminos eran estrechos… Que a los cipotes nos llevaban encaramados en dos carretas junto a unas señoras que nos cuidaban para que no nos fuésemos a caer… Que algunos penitentes iban a caballo, pero que la mayoría iba a pie.

Para viajar a San Pedro Puxtla, cualquiera diría que era el mismo de Sonsonate, pero no fue así… El camino predilecto para viajar a San Pedro en aquella época fue por el Cantón Quezalapa; las dos veces que yo viajé a caballo con amigos pasamos por Malinche, Tierra Colorada y Tequendamas.

Para ir a Concepción de Ataco, siempre fue el mismo que ahora y con las mismas características: saliendo por el final de la 4ª Calle Poniente; pero se doblaba hacia la izquierda para seguir por donde hoy existe una comunidad que le llaman El Chorizo, sin ninguna interrupción, ya que Apaneca y Ataco son dos pueblos hermanos enclavados en la misma meseta y en lo más alto de una cordillera.

Mi afán de este escrito no es la geografía, sino explicar el por qué de la “tasajera” y cómo eran los caminos; pues a medida que las poblaciones han crecido, el desorden territorial también creció como por inercia.

Cuando se originaron los pueblos obedecieron a un diseño de acuerdo al número de habitantes y sus necesidades, pero cuando aparecieron nuevos pobladores, hubo que compartir el territorio, así como también los caminos, ahora carreteras, que por el avance de la civilización hubo que «tasajear»… el territorio de Apaneca no fue la excepción.

 

LAZAU

Las melcochas

Cuando estamos pequeñitos adolecemos de muchas cosas, como la comida que algunas personas hacen para vender, hablo de las golosinas pues; pero a esa edad no tenemos dinero para comprar. En esas circunstancias había una señora llamada Encarnación que vendía comidas baratitas y gustitos fáciles de vender y para que la gente se diera cuenta de la venta, mandaba a su hija que ya era mayor y muy bonita por cierto, a avisar; pero ella no podía hablar correctamente y parecía afectada de su cerebro, sin embargo, era útil en el negocio de su mamá.

La niña Chon, como llamábamos a doña Encarnación, le decía: «Andá a avisar que todavía hay hay tamales de cotuza, que ya está la sopa de chompipe y que por la tarde habrá chilate con melcochas» «Bueno» – contestaba ella – Y empezaba a grito tendido: «Dice mamá ver tamales de tupupusa, sopa de tupipe y chalate con acochas»… Juanita se llamaba.

Cuando los cipotes oíamos el anuncio empezábamos el berrinche.

LAZAU

Mi primera vez en San Salvador

Aquí voy a narrar una de las memorias de mi infancia un tanto divertida… Yo estaba chiquito cuando a la tía Melche Calderón se le ocurrió llevarme por primera vez a San Salvador para que disfrutara del desfile del 15 de septiembre y de la pericia de su hijo Andrés el 14, en los actos conmemorativos de la Independencia Patria del año 1949.

Para esa época el Cuartel de Caballería estaba en la ciudad allá por la terminal de buses de oriente, por ahí nos quedamos donde una familiar, Doña Paquita Herrera. Ahí me oriné las dos noches en la cama de tanto comer paletas y helados.

Esa la noche fuimos al acto y vi las piruetas del tal Andrés en el lomo de su caballo. Al día siguiente fuimos a ver pasar el desfile… muy bonito por cierto; pero terrible para mí, porque me perdí entre toda la gente que estaba apostada en las afueras del Hospital Rosales… y pues… ¡Fue la “chillazón” más terrible de mi vida! ¿Que cómo pasó? Pues resulta que yo iba agarrado de las nahuas de mi tía… y me descuidé un ratito… y cuando me di cuenta iba agarrado de otras nahuas que no eran las de ella, sino otras parecidas…y… ¡Empieza la chillazón! Toda la gente alborotada y asustada con mis gritos… A las tantas apareció mi tía buscándome… No se me olvida.

LAZAU

Un incendio

Cuando yo ya andaba cerca de mi abuelo Toño que vivía en su finca llamada Campos Elíseos, en la región de la Bellota en el cantón Quezalapa, y que todavía me daban a “atol con el dedo”, vi con mis propios ojos de cerquita como un enorme incendio devoraba la montaña, cosa que en aquella época me causó miedo y estupor; ahora cuando me acuerdo me da rabia y coraje por no haber tenido la edad para denunciar y detener lo que en verdad estaba sucediendo.

¿Quién habrá tenido la culpa? La respuesta así a secas es: La fiebre del café de principios del Siglo XX y de mediados, que con la desmemoria de los gobernantes, autorizaron la pérdida de las tierras de nuestros nativos (ejidos y comunales); además por favorecer a forasteros con dotes de ambición con tan solo una Ley, la más torpe conocida en el mundo, que por la siembra de once palitos de café ya iba a ser dueño de esa tierra; y por último, por la inocencia de nuestros nativos que en vez de pelear por su tierra, se sintieron felices porque iban a recibir una paga, sin darse cuenta que estaban etiquetando su porvenir en favor de esos forasteros.

El incendio que hasta hoy me aterroriza, fue provocado por el patrón que no se conformó con lo que la ley le había regalado, sino que quería agrandar su poder pasando por encima del amor a los árboles centenarios y dolor de los animales; además de las consecuencias en la salud de la gente por el cambio climático y por ende el deterioro del medio ambiente en donde vivimos todos incluyendo al mismo patrón.

Yo vi rodar desde lo alto de la ladera del volcán grandes troncos centenarios envueltos en llamas y muchas aves volando allá a lo lejos buscando otro refugio. Por esos lados conocí Tucanes o Navajones, como nosotros les llamábamos; Urracas, Carpinteros cabezones y un pájaro que vivía en manadas que llamábamos Collarejo, que ya no están; y no digamos los animales que no podían volar, que se acabaron sin que nadie dijera nada, ni diera cuentas de semejante atrocidad.

Años más tarde fui a cortar café a ese lugar… Grandes plantillas cargadas de café y el patrón “dándose el taco” de tener el mejor café de la región, calidad de altura… Mejor pagado en el mercado… y nuestra gente cada vez más pobre y enferma… Y nosotros hoy en día con un pésimo clima diferente al de aquella época.

Otro día fui por ahí y no pude ver ni un ave, ni mucho menos iba a ver un animalito rastrero… ¡Qué vergüenza! Solo quiero decir esto: Que esa fue la regla de todos los forasteros que vinieron a Apaneca para agrandar sus fincas; y no solo de éste que en esta ocasión describo.

LAZAU