Los canchules

*CANCHUL: Palabra nahuatl que significa niño pidón o niño pediche

“Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo canchules para nuestro camino…”

Así como vemos un enjambre de abejas que va en busca de un lugar donde posarse, así íbamos los cipotes unos tras otros para recibir el canchul, que aunque a veces solo fue un dulce, para nosotros significaba mucho… Bonita y agradable tradición que, por cierto, deberíamos de revivir ya que ningún joven de hoy se atreve a organizar una canchuliada.

Allá por el año 1955, un 1º de noviembre, Día de Todos los Santos, recuerdo yo que hubo una última canchuliada. Cuentan que inicialmente muchas personas ya conocidas y entusiastas del pueblo de Apaneca, se preparaban para ese evento poniendo como señal un farolito encendido en la puerta de sus casas.

Los canchules fueron tradición en mi pueblo. Yo me acuerdo con todo mi respeto de Doña Fidelina Marquez de Vielman, Doña Isabel Castaneda, Doña Susana Asensio de Carías, Doña Clarita Rivas de Asensio, Doña Evita Posada de Arévalo, las Niñas Arévalo Avelar, Doña Esperanza Márquez, Doña Juana Márquez de Madrid, y tantas otras señoras más que no recuerdo sus nombres; ellas preparaban canchules que consistían en tamales dulces, tamales pishques o de cambray… pero también ponche, shuco, atol… y en otros casos pan dulce que nos daban al tocar la puerta, aunque ya sabían que éramos nosotros al escuchar el sonsocanto: “Ángeles somos, del cielo venimos…” que se repetía una y cien veces hasta encontrar la casa dispuesta a recibirnos.

Pero esta bonita tradición terminó, pienso yo, cuando algunos compañeros mal educados empezaron a degenerarla. Yo me acuerdo que los mismos de siempre en una ocasión, en vez de gritar el sonsocanto de los canchules, cantaron la marcha de general Gerardo Barrios empleando palabras soeces no adecuadas para la ocasión, decían: “Cuando vayas a cagar no te limpies con papel porque el papel tiene letras y el culo no sabe leer”.

Voy a contar una y solo una de las tantas mala crianzas en las que desgraciadamente estuve presente; la voy a explicar con reservas porque es posible que algún amigo mío o familiar haya participado, y como mi intención no es herir susceptibilidades no diré sus nombres, aunque si se sintieran aludidos que lo digan.

Fue cosa de los mayores y lo planificaron en secreto… éstos alistaron un palo liso y lo llenaron o atascaron de pupú humano… Lo llevaron escondido en algo especial para no mancharse y para que la gran mayoría de nosotros no nos diéramos cuenta… Y nos fuimos a pedir canchules a una casa donde nunca habíamos ido… Nos pareció raro que ahí solo vimos a un joven, que para aquellos a lo mejor no era agradable, y que por eso quisieron dañarlo… Llegamos con el sonsocanto “Ángeles somos…” tocamos la puerta y el joven salió… En ese momento, los que estaban al tanto armaron un jelengue simulando un pleito entre los más grandes e hicieron una rueda de mirones alrededor de la trifulca, incluyendo al joven de la casa; y entre trompones y empujones, uno de los que estaba repartiendo más pescozadas le dijo al del palo: ¡Vení vos! ¡A vos desde hace días quiero darte verga! ¡Pero botá ese palo! El del palo le contestó: ¡Con el palo o sin el palo te doy verga! y para sorpresa del joven éste le dice: ¡Teneme el palo vos!, entonces el joven que lo toma,  y éste que se lo jala dejándole las manos atascadas de excremento… los demás cuando vieron lo que había pasado salieron corriendo… Yo también salí corriendo, pero tomé otro camino para contarles a mis papás lo sucedido.

La bulla entre la gente se regó y desde entonces la malacrianza de algunos amigos acabaron con la tradición, porque desde entonces nadie oye que se pida canchules como antes.

LAZAU

 

LA PROCESIÓN DE LA SUERTE

Doña María Solano, que vivía en la Calle 15 de septiembre en el Barrio El Calvario, un día platicando con Doña Tiveria Luna, que también era vecina, ésta le contó entre todos los chambres del pueblo que se había desatado una noticia importante.

¿Y de qué se trata Tive? – preguntó Doña Mari… Pues es una especie de procesión que va por las calles y avenidas de las doce de la noche en adelante… Es solo de señoras y no van muchas… Van rezando y cada una lleva una candelita encendida… Todas van con vestido negro y tapado incluido hasta la cabeza.

Mirá Mari, hay que estar preparadas porque yo ya lo estoy… dicen que solo se necesita un pañuelo blanco de seda, un botecito con agua bendita y un cofre de madera.

Que si uno tiene suerte, se puede ganar una sortija que si la sobás y le pedís un favor, te lo concede y hasta te da pisto si le pedís lo necesario.

Creo que la llevamos de ganar porque no va para toda la gente, si no donde hay una viuda cincuentona… dicen que van rezando y ahí se paran… Una de ellas se desprende del grupo… toca la puerta… y es ahí donde tenés que ser fuerte Mari porque vas y abrir la puerta y ella te dice: “En usted confío, guárdeme mi candelita”… Vos la tomás y cuando la procesión se va, cerrás tu puerta y apagás la candelita… Inmediatamente se envuelve en el pañuelito blanco que se supone ya lo has bendecido antes y lo ponés en el cofre donde se guardan la ropa… allí lo dejás hasta que la señora que lo dejó vuelva y te traiga la sortija.

¿Oye Tive, no será que ya estas asustada antes que te asusten? Porque desde ya te veo pálida… yo personalmente no creo mucho de lo que estas planeando… creo que si mi marido estuviera ya me hubiera reprendido… Él no tomaba en serio estas cosas.

Al pasar como unos seis meses, la procesión pasó; me tocaron pero yo no abrí la puerta. La Tive si porque la encontraron muerta del susto, se le paró el corazón porque dicen que cuando la señora pasó de nuevo por la candelita que le dio a guardar, la Tive metió la mano en el cofre para sacarla y una mano le agarró la suya y ahí se quedó. Dicen que cometió un error el más grande de su vida: se le olvidó mojar el pañuelito blanco de seda con el agua bendita; porque si lo mojó pero con otra agua que tenía adjunta.

LAZAU

El gato negro

El gato es un animalito doméstico muy útil porque ahuyenta los ratones y para algunas damas que lo prefieren como mascota; pero también en todas las épocas ha sido relacionado con la mente misteriosa del hombre, pero más que todo el de color negro… Yo recuerdo lo que se decía de Doña Moncha Turcios, que curaba o hacía la cacha de curar algunas enfermedades terminales; pero también lo contrario, poner para bien o para mal por encargo.

Cuentan que vivió yendo para Ahuachapán cerca de la Fania; ahí tenía su parcela en la que había construido su casita campestre, de bajareque como con tres o cuatro cuartos, una sala grande con su respectivo corredor con alguna comodidad; pero lo más importante, una salota para recibo o estar, en cuyo interior las paredes estaban tapizadas de santos y fotos de familia; además, bancos y sillas por todos lados para sentarse, porque eso sí, había mucha concurrencia de algunas personas que venían de muy lejos.

Decían que todo el terrenito estaba cultivado con guineo, guayabos, café, duraznos, naranjos, etc., pero más que todo arbustos y plantas medicinales como ciguapate, chichipince, albahaca, ruda, etc… Era un jardín.

Me contaban que cuando uno llegaba se sentaba a esperar su turno; pero también se solía dar una vueltecita… Después de la espera, la Niña Moncha tenía un cuarto aparte totalmente oscuro a donde metía a la gente una por una… Al entrar no había que hablar mucho; el saludo, las preguntas respectivas, las respuestas y al camino… Ahí había un sillón, un almatroste de madera en donde se sentaba ella… a su derecha, en una mesa había un gato negro que solo movía la cabeza y la cola de vez en cuando… a su izquierda una candelota encendida de cera pura de abeja, a la que el paciente o pacienta tenía que tocar a la hora de dictar la receta, la dosis y entrega de la medicina, y finalmente ya para salir, había que sobar el lomo del gato negro, como queriendo decir ¡Gracias!… A la salida de la casa ya para partir estaba su marido con una bolsa de cuero en la que había que depositar una donación monetaria.

Si de verdad curó, debió haber sido por fe en sí mismos y en el poder de nuestro Señor Jesucristo, porque dicen que una vez que le llevaron una enferma de cáncer o lepra… no recuerdo muy bien… y como en esa época no había modo ni siquiera de aliviar dichas enfermedades, a Doña Moncha se le ocurrió reponerle los pedazos de carne y piel que había perdido con carne roja de res o de cerdo… Así los familiares le estuvieron poniendo a su enferma carne fresca en las llagas o en las partes deterioradas… Finalmente pues la señora murió… Gran imaginación de la Sra. Turcios.

Como Doña Moncha se hizo famosa, las curaciones ya no fueron solo normales, sino que también paranormales, pues a muchos curó de amor ciego por culpa de “la prueba del puro”; por odio provocar “muerte en accidente”; por venganza poner o sacar “sapo en la panza”; “muerte a pausas” por envidia; y hasta acercamiento nuevamente de parejas que un día fueron felices y que ahora están separados, o lo contrario según el interés…

Doña Moncha nunca dijo que el gato negro hacía el trabajo de curar, pero la gente sí, porque su felino no era un animal cualquiera… Era un gato entendido, por eso la gente decía que era el mismito demonio y ella una bruja empedernida… Otros decían que tenía pacto con el diablo.

Según cuentan, el día jueves de cada semana no había consulta porque el gato le tocaba baño y preparación de los menjurjes para la próxima semana.

Hay personas que ya traen esos dones; Doña Moncha, preparaba sus agüitas con gran dedicación y esmero pues en su terreno tenía muchas plantas que a base de observación había adquirido experiencia en ese afán de curar. Nuestros antepasados los nativos eran expertos en esos conocimientos.

Doña Moncha a saber qué se hizo, la presión de los díceres fueron tan grandes que por eso vendió su terrenito y desapareció… Unos dicen que se fue para la costa… Otros dicen que para Nahuizalco… Solo Dios sabe que se hizo con su gato.

Esto que voy a contar es otra historia… A Don Arturo Rodríguez, no le fue bien con el gato negro como le fue a Doña Moncha. Don Arturo era una persona muy seria, de carácter fuerte y firme, que no se doblegaba ante problemas o situaciones paranormales, porque para lo que él me contó era para quedar psicológicamente enfermo en la primera experiencia.

Pues cuenta que en su casa siempre hubieron gatos para correr a los ratones y que nunca se comían las sobras de la cocina, porque más de uno de ellos  – que eran cuatro – se iba afuera para traer un conejito que compartían y devoraban entre todos. También recordaba que una vez entró a la casa un animal más feroz que ellos y mató a los dos más jóvenes dejándolo degollados… «Para entonces yo era un niño-  me dijo – Luego crecí, aprendí a leer y escribir en la escuelita de mi cantón Shucutitan; empecé a trabajar pesado en las fincas, pero con el tiempo el patrón se fijó en mí y me puso a trabajar más suave en otras tareas: hacer mandados, traer encomiendas, apuntar con sus nombres y tareas a los trabajadores, sumar, multiplicar, y hasta ayudar a pagar los fines de semana».

«Ya le conté bastante de mi vida amigo mío; me falta lo espeluznante – dijo -Cuando mi patrón me mandó a administrar una de sus fincas que tenía en el cantón Palo Verde, un gato negro cayó del bordo del camino; era de noche, poco común porque se me puso delante y sus ojos eran colorados; como se me abalanzó al pecho lo tomé del buchito y lo tiré con violencia al peñazco de una barranca y solo hizo ¡Miau!… Así pude llegar a la casa grande y a mi cuarto… Eso se repitió muchas veces y siempre cuando yo estaba solo».

«Otra vez estaba ya cerrando los ojos para dormirme cuando ¡Miau! El mentado gato negro… Hice lo mismo… Lo tomé del bucito y lo tiré por la ventana… Usted no me lo va a creer, ya había dormido un poquito y como a la una de la madrugada, ahí estaba el gato negro pegadito a mi almohada de nuevo ¡Miau! me hizo al oído, esta vez lo volví a tomar del buchito y lo metí en una jaula bien cerrada. Pero el gato por la mañana ya no estaba».

«Oiga amigo lo que le voy a decir: El gato negro me ganó la partida; como una vez que me sorprendió como a las doce de la noche, yo estaba empeñado en terminar una planilla porque al día siguiente era sábado, se me apareció en la silla que estaba a mi lado ¿Qué hice?… pues sobarle la cabecita y en un parpadear de ojos desapareció… y no volvió jamás.

LAZAU

La tunca bruja

Mi padre era un hombre tranquilo y cuando cometía un error en vez de tomar el cincho para escarmentar, mejor tomaba la opción de contarme un cuento; pero esa vez que llegué a casa muy noche estaba sudando y muy serio… y … yo con el pelo parado, erizado de la piel y el cuerpo rígido, pues sentí que lo que me contó ese día era cierto…

«Ahí por donde Borja, donde vos estás pasando a esta hora de la noche asustan… sé que tu querencia te obliga a pasar por ese lado… pero te voy a contar lo que una vez a mí me sucedió…» Mi papá me estaba hablando del cruce o encuentro de la Avenida Central y la 2da. Avenida, en donde tres de las esquinas eran de los Borjas.

«Yo vivía en el convento porque entonces ese era mi hogar, cosa que ya vos bien sabés que yo me crié al dado del Padre Golón… Casi todas las noches visitaba una mi entretención en el barrio San Pedro… yo ya andaba pensando en casarme y hacer mi vida aparte… Un día que me cogió mucho la noche, caminaba de Sur a Norte sobre la Avenida y seguí sobre la calle de Oriente o Poniente, cuando en esa esquina exactamente donde los Borjas, se me apareció una tunca del tamaño de una vaca… ¡Naturalmente que yo me asusté y no reaccionaba!… Al fin, me obligó a dar algunos pasos para atrás porque me “cosiaba” las mangas de los pantalones…. caminaba sin cesar por todos lados y me cerraba el paso… al mismo tiempo chillaba con rabia atacándome y ¡Mordiéndome las canillas y yo corriendo de trecho en trecho! a cómo podía… ¡No encontraba una salida!… Y como por ahí no vive ninguno, ni gente pasaba, era en vano gritar o clamar por auxilio… Yo logré agarrar un palo y le di un garrotazo, pero me lo detuvo con el hocico… lo hizo pedazos y a saber qué sintió porque salió corriendo, siempre “cosiando» y se perdió allá a lo lejos como que iba al Cerrito.

«Yo me quedé asustado y temblando de miedo… Cuando conté lo sucedido a algunos amigos me dijeron – Esa fue una novia que tuviste y se quedó mordida… – Otros me dijeron que había sido una mujer celosa que andaba tras de mis calzones por ahí y me quiso amolar».

Mi recomendación hijo es que no salgas tan noche, me dijo.

LAZAU

Los coyotes

Este no es un cuento, sino una historia que provocaba terror a los niños; no por el aspecto de chuchos giotosos que presentan, sino por el aullido que en grulla o manada hacían. Yo nunca vi uno, solo en fotografía, y me doy cuenta que se parecen y son familia de las hienas.

Estando yo muy pequeño allá por los años 40 y 50 del pasado siglo XX, en las noches al parecer tranquilas, el silencio se rompía con ¡Auuuuuu! ¡Auuuuuuu! ¡Auuuuuuu!, unos y otros, al parecer eran decenas de animales que al compás de los chirridos de los grillos, los coyotes no paraban… se sentía que caminaban de territorio a territorio entre los montes y cafetales… guatales tal vez… Pero lo que si recuerdo muy bien, es que la impresión psicológica que nos dejaba a los cipotes era dura, y creo que por eso adquirimos la maña de orinarnos en la cama.

Cuando los coyotes bajaban, todos los tendederos de las casas del pueblo estaban ocupados ya que algunos no solo amanecían mojados, sino también churrusquiados.

La montaña que abraza la ciudad de Apaneca por el norte se llama La Coyotera, ahí estaban sus madrigueras y como son animales carroñeros bajaban a donde estuviera la comida.

Traigo a cuentas esta historia porque los coyotes ya no están, se extinguieron, pero fueron parte de nuestra historia.

 

LAZAU

La sierpe

Los Apanecos hasta ahora no sabemos a ciencia cierta el por qué llamamos “Barranca de la Sierpe” a ese lugar; sí sabemos que se encuentra en el camino antiguo que conducía a la ciudad de Juayua y al mismo tiempo al cantón Palo Verde. Yo siempre le tuve temor a ese puntito, porque una vez que acompañé a mi papá a cobrar el salario de un trabajo que había realizado, vimos un mico que salió de un lado del camino (o del barranco), y como ahí había un bejuco colgando de un árbol grande y muy alto, el animalito alcanzaba la punta y con gran destreza se subía a las ramas… nosotros lo vimos exactamente en el momento que se ocultó.

Desde entonces no se me hizo fácil viajar solo por ahí y aún más cuando mi familia se fue a vivir por esos lados… Cuando fui creciendo se me despertó la curiosidad del por qué se le llamaba ahí “Barranca de la Sierpe”, y como en esa época yo ya era un estudiante y leía algunos poemas de los griegos en los que se encuentran expresiones mitológicos que describen a la sierpe como un animal grande, feo y feroz, naturalmente, fue suficiente para que yo le tuviera miedo a la barranca, y prefiriera pasar por el camino a la Laguna Verde para ver a mi familia.

A Don Chente Burgos, le pregunté una vez ¿Qué hay de esa Barranca de la Sierpe? y él me contestó: «Mire joven a mí me contaron que ahí encontraron hace muchísimos años el esqueleto de un animal grandote, que si hubiera tenido sus carnitas y todo lo demás, se hubiera parecido a un ciempiés de esos chiquititos y sin patas, pero con la capacidad de tragarse entero a un caballo. Dicen que los restos se los llevaron a saber pa donde y desde entonces le empezaron a llamar así al lugar». Yo solo me quedé pensando que de ser cierto, debió ser un animal terrible como los que narran las historias de los griegos.

A Don Lalo Peña, también le pregunté lo mismo y su respuesta fue casi igual, por cuanto que se habían llevado los huesos encontrados, por lo demás dijo: «Es bueno que usted ande preguntando porque ya pocos sabemos de esa historia, quizá solo yo voy quedando. A mí me contaron que ese animal era como una iguana gigante, que a lo mejor con el tiempo, desde hace miles de años, se fue haciendo más chiquita, porque así como dicen que eran los huesos de grandotes, si era vegetariana, necesitaría una tarea de monte cada tiempo de comida».

Yo siempre anduve preguntándole a todos los viejitos sobre el asunto, porque para mí se volvió interesante, pero muchos me decían que no sabían nada.

Don Chencho Vargas, me dijo que él sabía que ese animal era como una culebra común, pero gigante, al igual que otros animales de su misma época, y que a lo mejor hay otros huesos enterrados por ahí, que como están muy profundos no los podemos ver.

Al Padre Toño Linares una vez le pregunté sobre el por qué creía él que le habían puesto así a la barranca y me dijo: «Yo creo que esos huesos es cierto que los encontraron y deben de estar en algún museo. A la barranca le pusieron así porque son o se parecen a los de una serpiente…»

La serpiente se ha convertido en un animal mitológico; su nombre viene del latín que quiere decir Serpens o culebra grandota, ponzoñosa y fea.

A lo mejor aquí no hubieron tales huesos, y como los mitos así son, los inventa la gente y finalmente, producen miedo.

 

LAZAU

 

UN JOVEN TRAVIESO

Esto que les voy a contar fue una experiencia personal. Voy a tratar primero de hacer una descripción del escenario… Mi papá tenía su finquita a la orilla del pueblo, ahí estaba la casa donde vivíamos en la 5º Avenida. La finquita se extendía hacia el Poniente y se confundía con la montañita que alberga la fuente de San Andrés… Yo muchas veces me internaba en ella para disfrutar de la frescura. Al otro lado, o sea siempre al Poniente de la montañita, lindaba con la calle o camino de la finca Albania, el que sigue hacia otras fincas vecinas a la Barranca del Paso. Pues yo conocía muy bien la montañita que está cubierta de árboles grandes pero también debajo de estos está tupida de arbustos, bejucos por todos lados y naturalmente espeso de humus cubierto de hojas.

Un día se me ocurrió armar una trampa para tacuazín porque habían señales de abundancia y nosotros estábamos escasos de carne en la comida… yo tuve que pásarme al otro lado de la barranca porque ahí estaba el lugar óptimo para ello… La hice tal cual… Una casita cónica con baritas, su puertecita, el disparador y un guineo jugoso como señuelo.

El primer día feliz porque cayó un hermoso animal ¡Gordo! El segundo día igual… Y así varios cayeron; un día hasta una comadreja cayó. Pero un día la hazaña terminó cuando preparaba la trampa como a las seis de la tarde, hora que en la montañita ya era de noche y apenas se miraba. Cuando inesperadamente salió de la nada un animal del tamaño de una vaca e iba haciendo brecha entre los matorrales del otro lado donde yo tenía que pasar para salir a la propiedad de mi familia. Yo no vi el animal porque estaba de espaldas…Y… cuando me di la vuelta y me paré para ver el animal, solo vi la señal por donde había pasado… Todo sucedió en cuestión de segundos y me encontré en un callejón sin salida… Si me iba para arriba a salir a la calle de la Finca Albania, hacía tres días que se había ahorcado un señor que yo conocía en un árbol de tatascamite de la misma montañita y yo lo vi cuando estaba colgado…Tuve gran miedo… Entonces en cuestión de segundos tomé la decisión… Me santigüé… Tomé  el corvo que andaba… y salí no se ni como a contarle el cuento a mi padre. No volví jamás a ese sitio.

LAZAU

EL SEPELIO DE LA MEDIA NOCHE

Parece que los Apanecos estamos olvidando las leyendas que de esa manera nos obligábamos a dormir temprano. Esta historia yo la recibí de la Chilita Calderón, un día de tantos que hablábamos  del tema. Esto que te voy a contar sucedió en la 3ª Avenida, a lo mejor,  desde la Cruz del Barrio El Calvario o mejor dicho de otro modo donde está el rastro municipal, hasta la Cruz de Barrio Las Flores, en donde antes había una ceiba enorme, para luego doblar al cementerio.

Don Belarmino Hidalgo vivía en esa Avenida; su casa como se acostumbraba en esa época de paredes viejas de adobe un tanto deterioradas que permitía espiar de adentro hacia afuera y darse cuenta de muchas cosas que pasaban.

Don Mino, como lo llamaba la gente, le contó a la Chilita que los días viernes de cada mes a las doce de la noche pasaba sonando una campanita y un ruido de pasos de algunas personas como que van marchando con pasos lentos pero lentísimos marcados por un tambor que asusta  y una rezadera que no se entiende lo que rezan. Todo esto provoca miedo pues y no queda más que meter toda la cabeza bajo las chivas.

Esa vez que les cuento como mi mujer ya iba a parir no me dormía, cuando de repente oí la campanita y me dije, voy a ver que es esta mierda… Quité un terroncito que me hacía estorbo y pude ver qué pasaba… ¡Arrepentido porque lo vi todo!.. Estaba tieso y no me podía mover… Con la respiración levantaba polvo de los adobes que me estaban sirviendo de soporte y sentía que nunca terminaban de pasar… La campanita tilín, tilín y el tambor pon, pon, y otra vez tilín, tilín tilín y después pon, pon, pon, y a mejor no terminó hasta llegar al cementerio.

Fijese Chilita que el cajón era negro de lujo bien barnizado a muñeca… Iban cargando cuatro que no se les veía la cabeza porque iban encapuchados con túnica o vestido largo… ¡Y con sandalias Chilita!… a ambos lados iban dos con un candelero encendido cada uno, encabezando dos filas de gente con vestidos diferentes  de color café o negro, desteñido tal vez… Y así el sepelio se fue supongo yo por toda la Avenida hasta llegar a la Cruz y luego al cementerio…. ¡Mire chilita! esto que le conté, le ha de haber pasado a muchos; lo que sucede es que no quieren contar porque no quieren vivir el pasado… Fíjese que esa noche para poderme tranquilizar tomé un vaso grande y me serví una cuarta del alcohol 90 que tenía para atender a mi mujer en el parto, le puse agüita y ¡Me sampé el talegazo de un solo como se dice!

 

LAZAU

LA CARRETA BRUJA

Por lo que contaba la gente, la carreta bruja rodó por todas las calles de Apaneca; todos la oyeron pero quizá unos pocos mentirosos dicen que la vieron; yo a veces creo que fue una historia inventada por las mamás que tenían adolescentes y evitar así los peligros y los vicios de la calle; o por las señoras celosas que no querían que sus esposos no se les fueran a otros brazos a deshoras de la noche… Así es que yo voy a narrar lo que me contaron.

Doña Toyita Membreño, un día me dijo – “¿Usted cree que existió la carreta bruja? – Inmediatamente le dije que no… – Y ella dijo – “Fíjese que sí, porque yo la he oído a las doce de la noche allá a lo lejos y otras veces aquí pasando enfrente de mi casa haciendo unos rechinidos que me destiemplan los dientes y sin poder hacer nada… Lo único que he hecho es embocicarme más entre las chivas… La Niña Toyita, que vivía al final de la Avenida Central Sur –  agregó – al llegar a la esquina de Toño Baires, la carreta chillona agarra para el cementerio… aquí se oye fuerte y a medida que se aleja se oye poquito… Para allá va”.

Don Chendo Martínez, que vivía en la 2da. Avenida Norte, allá por la clínica, una vez que nos pusimos a platicar, salió lo de la carreta bruja y él me dijo – “No niño, porque así me decía él, ni acordarse porque cuando esa mierda empezaba a rechinar a mí se me fruncía el culo, es insoportable por el miedo que da”-  ¡Cuénteme!  ¡Cuénteme! Le dije yo – “Yo cuando me acuerdo me pongo erizo; fíjese que no es una carreta común. Una vez que empezó a rechinar allá a lo lejos yo tomé la decisión de desengañarme y por una rendija de la pared pude ver que era un cajón con ruedas y todo, pero no llevaba boyero, sino con una palanca en vez de yugo y dos personas vestidas de negro y encapuchadas la iban jalando… ¿Y encima sabe que llevaba la carreta?.. Iba repleta de esqueletos todos parados cada quién con su guadaña… Esto… Cuando yo lo vi ¡Puta! No era yo de asustado; pero como soy previsor tenía por hay un medio litro de Cuatro Ases y de un solo le llegué a la mitad… solo así me sentí vergón y me dormí. La mentada carreta bruja se fue recto a topar a la cruz del calvario para luego doblar hacia el cementerio.

Don Rubén Bolaños, que vivía en la 3ª Avenida Norte cerca de la iglesia, también contó que la curiosidad le rebalsó un día y se puso a ver si lograba ver a la carreta y como se sentía muy hombre y se jactaba de tener temperamento fuerte, hizo con anterioridad una rendija en la pared, pero también se preparó con su trago y un crucifijo. Él contó que no solo rechina, sino que por ratitos se oye como que las ruedas circulares se vuelven cuadradas y por eso se oye un tableteo sordo, lento y se escucha polóngón… Polongón… Polongó… pero luego por ratitos rechina. Sabe joven que lo espeluznante es que no participan bueyes, sino va cargada de demonios todos cachudos y en sus manos cada quien lleva un palo que parece tridente y para que avance se bajan dos y la halan con el pecho mediante un palo de apoyo y cuando caminan en la oscurana se ven como que van en una burbuja colorada… ¡Horrible joven!

Don Rubén ese día que logró su objetivo se puso a riata, dice que tomó el Cristo pero como no lo había llevado a bendecir, cuando pasó frente a su casa la carreta se detuvo y giró de frente hacia su puerta… – Ese ratito joven por poco me cago… la carreta siguió su camino sin duda hacia el cementerio como decían, esa era su morada y de ahí salía a las 12 de la noche.

LAZAU

EL PADRE SIN CABEZA

En todos los pueblos del país se habla del padre sin cabeza y el nuestro no es la excepción; mi tía abuela Serafina Arévalo Avelar decía: “Esos son puros cuentos del Chema (papá de Don Chemita Rivas hijo)…Que dicho sea de paso Don José María Rivas (padre), toda su vida fue entregada al servicio de Dios; ahora tengo la oportunidad de enaltecer su nombre y estoy seguro está en la gloria. El hijo, que también se llamaba igual, hizo de su vida lo mismo… Mi respeto para él.

“Lo que pasa – continuó diciendo mi tía abuela Serafina – que si el Chema no inventa eso, la puerta del campanario siempre va a estar botada… ¿Qué no ven que Chema la repara y a los pocos días está en el suelo otra vez?… Y es que los cipotes curiosos y traviesos para desengañarse de cómo se ve alrededor estando arriba en lo alto, la botan una y muchas veces… la gente ignorante piensa que de ahí sale el Padre sin cabeza” terminó diciendo.

Mi otra tía abuela que se llamaba Chus, hermana de la tía Sera, salió al paso y le replicó diciéndole: “Yo más creo Sera, que el que sale no es sin cabeza, sino de cuerpo entero ¿Porque acaso no te acordás que mi abuela, que en paz descanse, nos contaba que aquí vino un padre que no era muy santo y que se escurría por las noches a hacer sus travesuras?.. ¿Que no te acordás que nos contó que una vez se fue hasta Ataco de noche empantalonado, porque se iba montado en el caballo para pasar la noche “chiviando” con amigos que tenía allá?…”

Esa vez que la abuela nos contó le fue muy mal porque les ganó a sus amigos haciendo chanchuyos, lo agarraron a trompones y uno de ellos terriblemente enojado sacó el bastón en el que había adaptado un verduguillo con el que le traspasó las tripas… El Padre logró montarse en el caballo y salió en tropel para Apaneca y apenas logró llegar… Al día siguiente ya no hubo misa, mucho menos el domingo y al sospechar fueron a buscarlo y lo encontraron muerto.

En esa época el Arzobispado castigó a esta parroquia del Apaneca y a la de Ataco también… Las dos se quedaron sin párroco porque éste también atendía la de allá. Desde entonces la gente decía que había visto al Padre rondar por las noches el territorio de la casa parroquial.

Don Chico Morán, un señor sesentón y “tunantón”, contaba que el Padre ofrecía misa pero a las doce de la noche y el que asistiera se hacía rico… y agregaba que la iglesia estaba llena de señoras todas sentadas vestidas de negro y cada una tenía una candelita encendida en la mano, todas agachadas y no se le veía la cara; que cuando algún interesado o interesada se paraba en la puerta veía al cura vestido de negro allá en el fondo del altar, pero no tenía cabeza; cuando eso sucedía una de las señoras se paraba y venía a la puerta para atender la visita, le proporcionaba la ropa negra, se vestía y ya era de la grey. Los hombres se quedaban parados como era costumbre.

La abuela también nos contó que una vez le preguntó: “Y vos Chico, ¿Has visto todo eso que contás?”-  y él contestó – “¡Puta, si eso quiere huevos! Ni de loco”.

Esa noche que mis tías abuelas tertuliaban les costó conciliar el sueño a causa del recuerdo de la historia que una vez les contó su abuela.

LAZAU