Los chanchullos: Don Chico Serpas

Yo conocí a Don Chico Serpas, hombre con mucho dinero que se la llevó de prestamista, pero no así fácilmente “de que te voy a prestar tanto y luego me lo venís a pagar”, sino que pedía las escrituras originales de la propiedad y un documento firmado que hiciera constar el compromiso del prestador; si éste no cumplía, ya tenía un abogado sinvergüenza que le hacía el trabajito de embargarle la propiedad y hasta con ribete porque había que pagarle al sinvergüenza; a estas alturas Don Chico, ya había conseguido testigos falsos por si el asunto se le complicaba.

Así trabajaba Don Chico Serpas; yo lo conocí, de estatura pequeña, gordito, pantalones ajustados detenido por un cincho bien usado, cubierto con su camisita manga larga que le inspiraba seguridad a sí mismo… su tez blanca, chapudito quizá por sus movimientos rápidos; su sombrero de palma nunca lo dejaba y su pelona nunca la vi porque ni estando dentro de su casa se lo quitaba. Eso sí, no daban ganas de pedirle un favor a Don Chico porque en todo caso iba a buscar su ganancia. Lo que me interesa decir de Don Chico, es que tenía finquitas chiquititas por todos lados, todas con café, guineos y uno que otro naranjo.

Para entonces mi familia se había trasladado al campo y cerca de algunas propiedades de Don Chico.

Don Chico, viajaba y pasaba por la casa de mis padres; en el patio había una mesita de madera debajo de un arbolito de limón que daba sombra al pequeño espacio, colocaba su alforja en un gancho y sacaba de ahí un tanate que sin duda él había preparado, unos aguacatitos de mico que había rellenado con un huevito duro y un pedacito de queso y le decía a mi madre: “Véndame dos tortillas calientes, un poquito de sal y un vaso de agua”, mi madre ni le cobraba las tortillas porque decía ella que le daba lástima el viejito.

Don Chico siempre decía que estaban malos los negocios, pero yo diría estaban malos los chanchullos, que por cierto son dañinos, porque se juega con la dignidad de nuestros semejantes. Y saben una cosa, Don Chico murió, según cuentan, de un tetuntazo que le dieron en la sien derecha cuando viajaba para Ahuachapán, sin duda por la misma razón. La gente dice que todo se paga en esta vida, quizá es cierto porque en este lamentable caso aparecieron muchos familiares lejanos que lograron su finquita todo por el milagro de “San Chanchullo”.

Para escribir sobre los chanchullos no alcanzarían las bodegas de papel de todo el mundo. Cada ser humano alguna vez hizo un chanchullo. Las que más oportunidad tienen de hacerlos son los políticos que, dicho sea de paso, es lamentable pues son los ejemplos a seguir de toda la sociedad; muchísimo más lamentable es porque le ponen salsita a la mentira.

Creo que es mejor que no siga porque en este campo es donde más chanchullos hay y hasta chanchullos públicos y por esto puedo conseguirme mi tetuntazo.

LAZAU

Los chanchullos: Don Mario Ponce, Don Chepe Santos y Juan Pirringa

Complicado debe ser para Don Mario Poncio que tiene un bus, “La Baraja” se llama y le caben cuarenta y ocho pasajeros sentados y va de pueblo en pueblo; pero el caso que quiero contarles es que quien maneja es Don Chepe Santos, un señor que en su boca no entre mosca alguna; Juan Pirringa es el cobrador que cobra parejo a chiquitos y grandes. El bus siempre va y viene y va lleno; eso si tiene, que cuando uno se queda varado sin comer y sin cuartillo se le ablanda el corazón cuando uno le cuenta la verdad ¡Santas pascuas pue… canchules! le dice a uno, pero con cariño. A los viejitos y viejitas que considera que no son de caché, Pirringa no les cobra tampoco. Juan Pirringa era muy honrado y cuidadoso con La Baraja, nunca se quedaba sin gasolina ni aceite y la tenía muy limpita y hasta la mantenía olorosa; diariamente le exigía a don Chepe que le revisara el motor y las llantas antes de partir. Yo recuerdo que junto con él hacían la maniobra y golpeaban las llantas con un hierro.

De lo económico nadie sabe nada, solo daba vueltos y que usaba una bolsita muy usada y sucia; lo que sí sabemos es que vivía solo, y como dicen que las paredes oyen y que los resultados hablan, Juan pirringa no era cualquier barato… en la esquina de su cuarto en la cabecera de su cama había hecho un boquete como de medio metro de hondo y una boca del tamaño de un ladrillo, el que quitaba y ponía con disimulo… como en esa época los EE UU nos había prestado al país la moneda de a $0.10 a El Salvador, y como esa monedita era de plata pura, era bonito ahorrar pues aquí la teníamos como de 0.25 centavos… Juan Pirringa, iba ahorrando echando moneditas de plata en su alcancía clandestina… cuando aparecía por el barrio vendiendo su casita algún cristiano porque estaba en aprietos, Juan Pirringa estaba preparado para hacer de las suyas. Arrecho, decimos unos porque supo pensar como Don Mario Ponce, que lo felicitaba cada vez que su empleado progresaba; Don Chepe Santos también se alegraba y le decía ¡Ojalá que logres mucho más!… el tal Pirringa le decía ¡Gracias! “Usted debería hacer lo mismo para tener su propia casa” y … Don Chepe le contestaba “Si no tuviera esa recua de hijos que mantener, otra suerte me cantara, pero aun así me siento feliz con lo que Dios me regala todos los días, principalmente la salud y el bienestar de mi familia”.

La historia cuenta que Juan Pirringa repitió la misma hazaña; era contento amigo de todo el mundo; ayudaba a sus familiares principalmente a su madre; el único defecto es que no era responsable con las mujeres que conquistaba, por ende, dejó varios hijos abandonados; pero sí, antes que su fin le llegara fue dejando una casita a cada hijo que lo buscó como papá. Esta es una historia bonita, juzgue usted si no fue por causa de chanchuyos.

Estas no son costumbres solo de la ciudad, sino también del campo y de todas partes y en todo tiempo, porque yo me acuerdo que muchas veces le hice chanchullos a mi papá; los niños de meses de nacido, ya hacen chanchullos para que la mamá les dé su chiche o teta, no digamos cuando ya están grandecitos que se tiran al piso cuando quieren un juguete. Muchas veces el niño hace cualquier berrinche para evitar que el papá abrace a su mamá, porque se siente celoso y cree que le van a robar a su mamá; no digamos las personas mayores que han atesorado mucha riqueza piensan que lo van a perder todo, pues aquello que tienen lo han obtenido a base de chanchullos.

LAZAU

Los chanchullos: Don Chevo y Perla

Acabo de ayudar en la cocina a lavar los trastos, y me doy cuenta que hay variedad de ellos… digo, aparte de los que con seguridad son propiamente de la casa y que son de la misma marca y serie; quiero decir que los trastos a los que me refiero, han llegado del vecindario a mi casa con alguna comidita buena para agradarnos, a menudo con una sopita rica en un plato hondo, otras veces con un pollito encebollado en uno plano, a menudo no falta también un dulcito de fruta, principalmente de manzanilla… Pero lo que me ocupa es que los trastos no regresan inmediatamente, sino que se quedan en casa largo tiempo; lo mismo pasa con los nuestros que se van por todo el vecindario y allá después de largos meses aparecen por de nuevo. A esto yo no sé cómo decirle y solo se me ocurre llamarlo como “chanchullo”.

Don Chebo tiene una hija como de veintidós años, ella tiene un hijito de dos, que jode y jode, pero es muy inteligente; lo más bello del cipote es que baila reguetón y a su temprana edad lo hace perfecto porque lleva los compases y ritmos que se requiere, y como es moreno los ruidos horrendos del tambor le fascinan pues quizá por ahí la sangre se manifiesta.

El caso es que la hija de Don Chebo, que se llama Perla, estudia en la Universidad Nacional; esto implica grandes gastos que aunque su hermana le ayuda, a Don Chebo se le canosea más el pelo y se le quiebran las uñas cada fin de mes, porque hay que comprar de todo para la comida y los pagos por los servicios esenciales, como la luz, agua y todo lo demás. Pero el caso que me ocupa es que todos los días Don Chebo tiene que darle para el pasaje, comida en la universidad, para los papeles que le dan en clase, contribuciones y hasta gustitos además.

Cuando a Perla se le da un encargo lo hace bien, pero los vueltos nunca llegan. Ella es muy trabajadora porque en la casa barre, lava la ropa, es una buena decoradora y cocina muy bien… pero cuando Don Chebo deja colgado su pantalón por allí, le cuenta los dineritos que tiene en la bolsa, y cuando le toca pagar las tortillas o algún otro menjurje, el dinero está desajustado.

Cuando Don Chebo manda a Perla al banco, porque él ya no puede caminar bien y le duele la rabadilla, cuando regresa le da cuentas del dinero en sus manos, pero al final le dice: “Aquí faltan diez dólares”, porque tuvo la necesidad de comprarse algo en pago por el viaje y tal vez “ese algo” no vale la pena. A pesar de que Don Chebo se enoja y refunfuña, ella le dice: “Antes de ayer fui al banco y sin que vos me dijeras saqué treinta dólares, pero esos te los voy a pagar” al pasar ocho días saca otros treinta, al día siguiente le dice “Te voy a pagar quince dólares y ya te voy a deber poquito”…y ese poquito nunca llega.

Un día de estos entrevisté a Don Chebo y me contó todo, me dijo: “Eso no es nada señor, si a veces cuando estoy dormido, de una forma quedita, Perla me saca que cinco dólares, que dos, que cincuenta centavos, que veinticinco, y así… muchas veces no me doy ni cuenta…Ahora yo le pregunto a usted señor ¿Cómo se le puede llamar a esto? y yo le contesto: “Solo encuentro una palabra Don Chebo: Chanchullo”.

En el caso de Perla lo del chanchullo lo compensa con infinidad de cosas buenas que hace.

LAZAU

Historia sobre la intromisión del café y el descalabro del orden social y económico de nuestros habitantes, específicamente de la población nativa de Apaneca

Yo siempre he pensado que Apaneca, o mejor dicho los apanecos, hemos vivido desde 1881 a esta época, una esclavitud solapada. Todo lo que quiero manifestar no es en contra de la semilla del café, sino en contra de mentes vacías y corazones perversos… Lo bueno es que no hubo derramamientos de sangre, solo ignorancia revuelta con felicidad mientras los llevaron con mentiras a perder su tierra que los vio nacer, crecer y hasta morir… ¿Qué quiero decir con todo esto? que a nuestros nativos cuando les iban a quitar las tierras ejidales y comunales, les manifestaron que esas tierras iban a ser trabajadas de otro modo, es decir, que los patrones les  iban a dar un dinerito cada fin de semana y con el podrían comprar lo que quisieran… que de la producción, de lo que fuera (leña, guineos, aguacates, naranjas, etc., hasta libre acceso a donde hubiera agua potable), podrían llevar a sus casas sin contratiempos.

Claro nuestro nativo se la creyó y dejó de ser dueño de su parcela en donde antes trabajaba a su gusto para convertirse en jornalero… Bonito sintieron los primeros días la nueva vida, jamás se imaginaron que habían perdido para siempre sus tierras y sus descendientes peor, porque ni cuenta se dieron. Estos acontecimientos sucedieron en todo el país, pero donde se sintió con mayor impacto fue donde la tierra, la altura y el clima favorecían el cultivo del café.

Apaneca con sus hermosas montañas y con espacios suficientes para suplir con sus cultivos a la población, no tenía necesidad de participar en la venenosa Reforma Agraria para sembrar café con fines comerciales que solo iba a beneficiar a gente poderosa y, yéndonos al otro lado, a empobrecer a las grandes mayorías… y por ende a quitarle la alegría y la belleza a los pueblos… Además, se despertó la ambición de los mismos y empezaron a destruir los bosques para hacer espacio y sembrar más café, mientras que otros provocaron incendios sin que nadie les dijera nada… y ahora esas acciones nos están pasando factura; acciones que están perjudicando a nuestros habitantes de hoy y para siempre …Yo fui testigo en pleno siglo XX, cuando apenas tenía 10 años… pasó que el nieto, quizá de uno de esos forasteros que vinieron a saber de dónde y dueño ya de grandes territorios, durante un incendio llegó a ver y se carcajeaba de ver las grandes llamaradas y troncos quemándose que se deslizaban, mientras los pájaros volaban alrededor de las llamas como queriendo decir ¡Malditos, nos están quemando la vivienda y mis hijos están dentro!.. Bien pude notar – a pesar de mi corta edad – que él había mandado a provocar ese incendio… A los años, en una de sus borracheras junto con otros en casa de mi abuelo dijo que él tenía el mejor café del mundo y habló de las plantillas más altas al pie de la montaña que un día quemó… Viene la reflexión, si este intruso actuó así en pleno siglo XX, qué destrozos no habrán hecho aquellos nuevos dueños del siglo XIX.

En todo este pasaje negro de la historia de El Salvador, ¿Habrá culpables? ¡Claro que los hay! el Capitán General Gerardo Barrios pudo haber sido uno por haber consentido sembrar café “desordenadamente” como decía la gente; mas creo yo que el verdadero culpable fue Rafael Zaldívar, por haber provocado años después su malévola Reforma Agraria.

Veamos entonces cómo sucedieron estos acontecimientos, porque es bueno que nosotros los apanecos sepamos el origen de nuestra situación desamorada que nos tocó vivir, ya que teníamos el derecho a heredar una mejor situación económica y social que nos permitiera ser felices… Aunque muchos son felices cortando y pepenando café durante tres meses (noviembre, diciembre y enero) mientras el resto del año viven del fiado y comer salteado.

El café es un producto sabroso que se ha convertido en parte de nuestra dieta diaria; desde que yo era pequeño mi madre me daba una tacita con café y un pan francés… y eso era todo antes de irme a la escuela… bueno… a otros les permitió en cambio tener casa propia, carro de lujo y todas las comodidades.

Con el ejemplo anterior pretendo plantear el problema de la movilidad económica y social que se volvió pétrea o inamovible, pues es entonces que nacen costumbres inapropiadas como alquilar la casa para vivir, porque nadie tiene necesidad de vender, más bien comprar para hacer más grande su negocio y dar origen así a los mesones… Aparecen también los prestamistas inmisericordes para luego embargar… No podía faltar la perversa costumbre de robar… La arriesgada maña de vender licor adulterado y las chicherías, y hasta la alta sociedad que ya se había formado también, se volvió corrupta… El padre procuraba casar a sus hijas con varones que tuvieran casa donde vivir y tierra para trabajar, lo malo estuvo en que no fue por amor… el papá le decía a la hija… “No hija, con ese no, porque no tiene ni petate en que caerse muerto”.

Yo recuerdo que algunos apanecos labiosos, inconsiderados diría y0; “coyotes” les llamaba la gente, llegando al colmo estos sinvergüenzas, como uno que yo conocí llamado Chindo que hasta caminaba por el pueblo para preguntarle a alguna persona si conocía de alguien que necesitara dinero… pues él ya sabía por díceres de la gente quien podría ser esa persona… Gran interés que ponían esos mañosos para ganarse un porcentaje de la venta de común acuerdo con el comprador. Mientras todos estos acontecimientos sucedían, los ricos se hacían más ricos y los pobres más pobres. Muchos apanecos antes de caer en el abismo social, saltaron y se fueron a donde no había cultivos de café y distintas oportunidades de trabajo. En Apaneca se hizo difícil vivir, aún para el obrero, porque se volvió ocasional… Daban ganas de llorar al oír a los chuchos callejeros ladrar, porque era señal segura que a alguien le habían pedido desocupar su casa e iban con sus chunches a eso de la media noche para otro alquiler… Todos estos sucesos, quedamos claros, que fueron ocasionados por la ingrata y desatinada Reforma Agraria en la que fueron entregadas las tierras en bandejas de oro por el Sr. Zaldívar, a los ya poderosos oligarcas salvadoreños y a los que vinieron de otros países a hacer su fortuna.

Mi abuelo Antonio Saz  me contó que dos amigos suyos de Ahuachapán, lo invitaron a viajar a puro lomo de caballo a las montañas del sur de Méjico porque se decía que allí ya había café. Estando en camino alcanzaron a llegar la primera noche a Jutiapa, ciudad de la hermana República de Guatemala para descansar… Ahí encontraron una posada para dormir y zacatear las bestias… Por la mañana cuando se disponían a prepararse para continuar el viaje hacia Méjico como se lo habían propuesto, el señor dueño de la posada los abordó para preguntarles para dónde iban y a qué …a lo que ellos contestaron con detalles lo que se proponían, y ya para montar los caballos, él inmediatamente les dijo “¿Para qué van a ir tan lejos, si aquí ya hay?” Fueron al lugar que el Señor les indicó y ahí había de todo… Los amigos trajeron semillas de café y dos palitos en pilón… Mi abuelo también encontró lo suyo: pacaya, cuiliote, aguacate y güisquil duro… Mi abuelito que era adicto a la agricultura también trajo semillitas de café… sembró sus pacayas y sus cuiliotes y con gran suerte porque el café pudo vivir con las pacayas, los cuiliotes y los güisquiles… con los aguacates no porque se crecían mucho, yo conocí los troncos muy altos por cierto ya podridos… Los que regaló a sus amistades, si tuve la oportunidad de verlos vivos y probarlos… muy ricos y de sabor diferente a los nuestros que llamamos de «mico» … uno se lo regaló a don Tan Puente y lo sembró donde hoy hay un poblado llamado El Regalo de Dios; otro se lo dio a don Toño Sánchez, que lo sembró en su propiedad cerca de la Piedra de Afilar; y el otro lo llevo a sembrar a la finquita de las Niñas Arévalo Avelar camino a la Lagunita de las Ninfas.

También conocí los arbustos de los descendientes, talvez de las mismas semillas que mi abuelo trajo de Jutiapa, pero no me lo van a creer porque eran arbustos tan grandes que había que cortarles el café con “chuspa” en vez de canasto y con auxilio de escalera. Un hombre pasaba dos días cortando un solo palo y en el día hacía de 6 a 7 arrobas en total; cada árbol producía hasta 14 arrobas … ¡Increible! claro estoy hablando del cafeto que más producía.

El General Barrios no trajo ni introdujo el café en El Salvador, solamente permitió que la gente con su justo esfuerzo sembrara sus palitos de café…

Pequeño apunte del Capitán General José Gerardo Barrios Espinoza:

La historia dice que fue militar, estadista y político… Nació en Cacahuatique ahora Ciudad Barrios del Departamento de San Miguel. Mientras fue senador ocupó la Presidencia de la República desde 1859 hasta 1863… El general Barrios viajaba mucho a Honduras y Costa Rica queriendo seguir los ideales de Francisco Morazán, que era ver unida a Centroamérica otra vez; por eso colaboró algunas veces con los ejércitos hondureños y nicaragüenses que aspiraban a la unión centroamericana… En una de esas llegadas a acá para ver a su familia, fue capturado por orden del entonces presidente Francisco Dueñas, quien lo acusó de corrupción por haber comprado un pequeño barco con fondos del Estado cuando fue presidente… La gente dice que fue revanchismo y desconfianza porque Barrios podría volver a la presidencia. Pero también cuando el poder estaba en sus manos lo hizo morder el polvo metiéndolo preso en una cárcel inmunda… Dueñas siendo esta vez Presidente, ordenó que lo juzgaran rápido; todo había sido preparado por él, pero los juzgadores pensaron en liberarlo… Dueñas se dio cuenta y encendió en cólera… irrumpió el local e hizo apresurar el proceso… y le declararon pena de muerte la noche del 28 de agosto… El siguiente día, el 29 en la madrugada, lo fusilaron bajo la ceiba del cementerio de los ilustres. Al final de cuentas el General Barrios NUNCA FUE CULPABLE de haber provocado el desorden social y económico en nuestro país.

Muchos años atrás, el verdadero origen del café fue Etiopía, en una aldea llamada Kaffa al Este del continente africano… De aquí medró a Yemen… Aquí cuentan que un pastor llamado Káldi, quien observó que sus ovejas quedaban sustentas dándoles zacate y alfalfa revuelta con café maduro; desde la primera vez que comieron de ese modo, las ovejas saltaban de forma no acostumbrada con gran fuerza… Desde esa fecha Káldi probó tostar café maduro y hacer una bebida y le gustó porque corría con gran ánimo tras las ovejas cuando se le desviaban del camino… Luego de aquí, el café fue llevado al Cairo. Luego unos holandeses lo llevaron a su país y abrieron cafeterías; se hizo una bebida popular y se diseminó por todo Europa… Le llegó al papa y tuvo que tomarlo con sal porque ahí no había azúcar… Los islámicos lo prohibieron porque lo asemejaron al alcohol… Algún comerciante holandés lo trajo a las Antillas y las Guyanas… De las Antillas entró por Veracruz a  las montañas del Sur de Méjico de donde se diseminó hasta llegar a Jutiapa (Guatemala) y luego a El Salvador por Ahuachapán.

La fiebre del café

Comenzó a mediados de siglo XIX, época en la que gobierna Rafael Zaldivar Lazo, nacido en San Alejo del departamento de la Unión… Gobernó en dos periodos, de 1876 a 1884 uno, y el otro muy corto de 1884 a 1885… Fue médico y político, estuvo algún tiempo en Francia en donde sin duda observó que el café era un gran negocio. Habiéndose convertido en el presidente de la República de El Salvador se dio cuenta que acá las tierras ejidales y comunales estaban siendo utilizadas por nuestra gente nativa y, a sabiendas de su sencillez e ignorancia, inventó llevar a cabo una reforma agraria para favorecer nada menos que a los oligarcas salvadoreños, y promocionó en Europa que en El Salvador existía la gran oportunidad de su vida; para dar un ejemplo de la torpeza, bastaba con sembrar once palitos de café y cuidarlos para que crecieran bien para ser dueño de la tierra… pero a veces habían  europeos corruptos que no traían nada para invertir, atenidos nada más al “braguetazo” como decía mi abuelo… Esto fue lo más oprobioso que decretó el presidente Rafael Zaldivar al extinguir las leyes que regían las tierras ejidales y comunales entre 1881 y 1882… ¡ESTE SI QUE FUE EL VERDADERO CULPABLE! …Y ahora a sufrir las consecuencias porque lo hecho, hecho está; Apaneca vivirá mucho tiempo estancado hasta que las mentalidades de todos los habitantes del campo y la ciudad, cambien el rumbo con lo que les corresponde por derecho divino. ..Ojalá entiendan esto las futuras generaciones.

La historia que voy contar es de un extranjero que vino de Constantinopla o Estambul, y si le gusta mejor de Turquía, pero vino tarde, porque la noticia del reparto de tierra para sembrar café fue en el siglo XIX, pero él vino en pleno siglo XX… Esta historia me la contó mi madre Angelina.

El caso es que mi abuelo ya había terminado la cosecha parental con mi abuela, fueron ocho. Las tres primeras hijas tuvieron educación esmerada de parte de sus tías Las Niñas Arévalo Avelar; las otras tres recibieron educación esmerada también de parte de su madre; los dos varones atendían tareas de la casa junto al padre… Pero a lo que quiero llegar, es que la tercera hija que se llamaba Hortensia, a los doce años ya era maestra y comenzó su labor en el cantón Shucutitan, y su primer sueldo fue de 12 colones. Todas las mañanas mi abuelo la montaba en las ancas de su mulita y por la tarde la iba traer. Los fines de semana iba a parar donde sus tías donde ahí cerquita estaban sus mejores amigas, las Posadas decía ella (Enma, Zoila y Evita). Estando ahí aprendía buenas costumbres que sacaban de un su libro llamado De Carreño. Aprendió además otras cosas, desde hacer diferentes clases de pan, candelas, dulces, adornos, flores, bordados y hasta tocar la guitarra.

En esos tiempos mi abuelo perdió sus tierras, o sea Don Antonio Saz (padre) y Doña Angelina Herrera de Saz (madre) que vivieron en el tope de la 1ª. Av. Norte y el resto de territorio al lado izquierdo del camino que llamamos Chiquito, dejaron todas sus propiedades para que al faltar ellos Francisco, al que ellos consideraron más ilustrado, les entregara a los otros siete lo que por herencia les correspondía… Los Borgia, una de las familias devoradoras protegidas por el Estado que vinieron de España, le infundieron a Francisco que se lanzara para candidato a la alcaldía y que para ello le prestarían el dinero necesario para pagarlo cuando fuera elegido… y como no quedó, le embargaron llevándoselo todo… dejando a sus hermanos sin nada. A mi abuelo le dejaron una sexta parte de lo que le correspondía allí donde vivía como una dádiva… Pero en lo que quiero darme a entender es que a mi abuelo solo le quedó la fama de adinerado.

Volviendo a la historia de mi tía, que por cierto era la más pequeña de todas, era muy bonita, además con sobresalientes dotes espirituales… Mi madre me contaba muchas historias, pero no como ésta… Decía ella que la Tenchita seguía con su rutina: los viajes hacia su trabajo y en el tiempo libre donde sus tías… En una de tantas, aparece en la escena con su flamante novio…el turco… muy guapo dijo ella, alto, tez blanca, pelo amarillo, con cara bien hecha y ojos cafés que parecían caracolitos… bien parecido como dice la gente, que dicho sea de paso yo lo conocí en una foto vieja. Raúl Dari se llamaba… no  sabemos de dónde salió, ni cómo, ni cuándo, y a lo mejor llegó primero donde sus amigas y ahí se enamoró de ella o quizá ella de él… creo que el turco se equivocó, vino tarde porque mi abuelo solo tenía la fama y el “braguetazo” ya no tenía razón de ser.

Así con todas esas circunstancias se casaron y naturalmente se fueron a la luna de miel, y luego supimos que llegaron a San miguel de Oriente… Mi madre iba con ellos por recomendación de mi abuelo… Según mi tía iban a ir descansar a un hotel o algo por el estilo, pero no fue así, sino que las llevó al parque y les dijo “Aquí se me quedan sentaditas, mientras yo voy a arreglar unos asuntos…  Paso una hora, paso otra, y cuando ya habían pasado cuatro horas apareció… Ellas sin conocer y sin comer ni beber, afligidas se fueron con él… y la sorpresa fue tal que era una casa vieja llena de cucas, arañas, ratones y cientos de bichos que suele tener una casa sin habitar… no pudieron dormir… el turco salió y les trajo un café y un pan, ese fue su desayuno… Ellas limpiaron un poco con escobas viejas y trapos que encontraron en el patio, mientras el hombre volvió a salir… Sorpresa tras sorpresas… Pasadas las horas, el turco venía con un señor que parecía trabajador del campo, guiando una carreta con bueyes cargada con costales de productos de primera necesidad… maíz, frijol, azúcar, arroz, manteca, jabón y todo lo demás un poquito de cada cosa, y allá bien arriba de la carga una cama y unos manojos de leña, etc… Eso indicaba que mi mamá dormiría otra vez en el suelo y su función era cocinar… la Tenchita lo interpeló y ya no pudo mentir, todo lo que había llevado lo había conseguido fiado para pagarlo pronto… también confesó que él era muy rico en Ahuachapán … que el dinero del café entregado se lo pagarían dentro de seis meses… Así platicando y dándose a conocer… hacía un rótulo para colgarlo en la puerta…VENTA DE CEREALES Y OTROS… A PRECIOS JUSTOS… Mi tía Tencha estaba asombrada y a solas lloraba… El Turco, con todo esto le había caído requeteeee mal y para siempre.

Para no cansarlos, las dos mujeres a escondidas se prepararon para huir… el plan estaba hecho… Abandonaron el lugar, y preguntando y repreguntando, llegaron a Sonsonate y después a Apaneca… comieron y bebieron donde las tías y se fueron para informar a su papá de lo sucedido… Claro se alegró de ver a sus hijas… pero solo él sabía lo que sentía por dentro… si hubiera sido fácil tener al turco cerca en ese momento, le aplicaría un su plomazo.

La primera medida que mi abuelo tomó fue esconder a su hija… quizá cuando el turco, logró hacer funcionar el negocio, si es que se le puede llamar así, puso ayudantes y de ese modo pudo viajar aquí; se aparece en casa de mi abuelo y se enfrenta con él… Lo advierte y le dice que en esa casa no es bien venido, que se vaya y no vuelva porque ni él ni ella lo soportan; le dice también que no va a volver a platicar con él y que, si aparece otra vez va tener que platicar con su escopeta… El intruso se fue, pero con el tiempo volvió a aparecer por ahí, pero ya mi abuelo se había llevado a su hija más lejos donde unos amigos que tenía en  Guaymango… cerca del mar.

Tal como se lo había advertido mi abuelo, bajó la escopeta, la preparó sin perdigón y en vez de balines le puso semillitas del árbol conocido como espino negro, que por cierto parecen balines… cuando el hombre llegó, escondiéndose entre los matorrales como espía para tratar de ver a mi tía, mi abuelo le disparó rociándole la copa del sombrero, a modo de no matarlo… con ese susto el Turco ya no volvió. Años más tarde, supieron que el susodicho, había montado en San Miguel un almacén de ropa.

A los años, el Ministerio de Educación al conocer sus dones como maestra, a la Tía Tenchita le otorgó el nombramiento oficial… Años más tarde fue trasladada al Cantón San Gerónimo de Metapán del Departamento de Santa Ana… Luego a Atiquisaya, departamento de Ahuachapán en donde se especializó en kindergarten… Al final se radicó en Soyapango en donde fundó su propio Kínder en donde trabajó hasta el último día de su vida.

LAZAU

Don Manuel el fontanero

Siempre en Apaneca hemos tenido la bendición de Dios y nos ha mandado a alguien para suplir alguna necesidad, pero que esté dentro de los parámetros de lo correcto. La naturaleza nos ha azotado con desastres naturales… pero con su ayuda hemos salido adelante… hemos tenido epidemias y lo mismo, también hemos logrado la cura… En su desarrollo ambiental, hemos tenido dificultades con la obtención del agua potable…Veamos si es posible explicarlo: Vivimos en la cúspide de la saturación de agua ambiental… todos los pueblos vecinos han sido beneficiados con esa agua abundante que les llega por inercia, mientras que nosotros, hemos tenido que acarrearla por cañerías de abajo hacia arriba por bombeo, con motores potentes que han resultado caros… y el agua en nuestras casas deficiente.

Después de este preámbulo, quiero destacar la participación de don Manuel Sigüenza en la vida de nuestro querido pueblo… Este señor es la persona que en una época determinada mandó Dios para forjar metales, y de ese modo hizo cuchillos para la cocina, corbos, machetes, azadones, piochas, chuzos o picos, y toda herramienta que nuestros trabajadores han necesitado… por eso, en esa época le llamaron Don Manuel el herrero.

Un día escuché una conversación entre la Toñita Morales y una vecina que acaba de llegar del campo y ésta le pregunta: “¿Sabe usted quién me puede vender un cuchillo? –  y la Toñita le contesta- “Aquí no hay quién venda esas cosas, pero Manuel el herrero se lo puede hacer rapidito…” “¿Y él quien es? – preguntó de nuevo la vecina – y Toñita le explica “Aquel señor que pasa por aquí con una toallita en el lomo y que renquea …” “¡Aaaa!  -dice la vecina – es aquel que cuando da un paso arrastra una pata mientras avanza con la otra… y dónde vive – vuelvió a preguntar – la Toñita desganada ya le dice “Vive en la 2ª Avenida Norte… aquí cerquita… de aquí se ve la casa… está pegadito de donde la niña Chenda y la niña Tulita Padilla” “Mañana tempranito voy a ir – dijo la mujer – adiós”.

Cuando uno pasaba por allí, se oía fuertemente cuando don Manuel golpeaba los hierros que recién había comprado. A veces la niña Chave, su esposa, viajaba a Ahuachapán para comprarle y traerle la materia prima; ella era su baluarte, le decía la gente. Una vez, que por curiosidad me asomé por la puerta que estaba abierta…don Manuel me gritó: “Adelante niño no tenga pena” y yo ni cuto ni perezoso corrí a ver más que todo la fragua; ahí me di cuenta que la niña Chave era la que le daba vuelta a la manivela para calentar los metales, para que don Manuel los pudiera forjar … Ese día satisfice mi curiosidad, cuando la niña Chave me dijo: “Tome niño…tome, dele vuelta a la manivela…pruebe…”  y probé… el ruido peculiar que antes había oído como un volcán que retumba, ahora lo oí en mi propia nariz.

Cuando el señor Alcalde municipal tuvo la brillante idea de traer por cañerías el agua de la Lagunita de las Ninfas, que en ese tiempo hasta rebalsaba, especialistas de la época hicieron un horno colador de aguas, del cual pendía el caño madre que traería las aguas por inercia a la Aldea Santa Clara. Aquí se hizo una pila grande para servicio de esta comunidad y además para que los ganaderos le dieron de beber a sus bovinos y equinos… El caño madre continuó hacia el pueblo y llegó atrás de la iglesia, contiguo a la Alcaldía y la oficina de Telecom, donde se hizo una pila para el beneficio de la gente pobre… El caño madre, siguió hasta el final de la Avenida 15 de abril Sur y la calle que va al Plan de San Antonio; aquí se hizo la otra pila también para la gente pobre. Luego la alcaldía le fue dando “paja de agua” a gente que podía pagar un impuesto.

Cuando todo esto estuvo terminado, el señor Alcalde mandó a llamar a Manuel y le pidió que se hiciera cargo del mantenimiento del proyecto… y él como tenia conocimiento de ese oficio, no vaciló en decir que sí… desde entonces, la gente le cambió el título de don Manuel el herrero a don Manuel el fontanero… No obstante, siguió con su viejo oficio que lo vio crecer.

Don Manuel el fontanero se dio a querer con la gente porque fue muy atento y respetuoso, pero más que todo porque con él el problema del agua mejoró.

Yo en lo personal me entusiasmé con ese oficio, porque vi que a don Manuel no le faltaba el trabajo, pero me di cuenta que ellos siendo de tez blanquitos, permanecían negros por el humo de la fragua y tostaditos por el calor… y por eso ya me dije que no.

LAZAU

Don Chendo Arriola

Don Rosendo Arriola quizá se llamaba; lo conocí por la amistad que tenía con mi abuelo Antonio Saz, que vivía en su finca la Bellota en el cantón Quezalapa… Como don Chendo lo conocían en Shucutitan lugar donde vivía, también en Quezalapa y Apaneca… Y lo traigo a mis apuntes porque era una persona única, que hacía cosas importantes que los demás no podían hacer y lo poco que sé es obra de mi abuelo… En esa época, me contaba él que no era fácil viajar a Ahuachapán o a Sonsonate para que le hicieran una herradura, porque a veces era necesario llevar al animal y talvez tenía enferma esa pata… entonces, era más sencillo que Chendo viniera aquí para tomarle la medida y se la hiciera; además, a veces no era una sino las cuatro… En otras ocasiones se le descalzaban las ruedas de la carreta, lo mismo, era más fácil darle trabajo a don Chendo… Este señor hacía también bisagras para las puertas, peroles y cántaros de hierro… Pero este señor Arriola no solo a mi abuelo le trabajaba, sino que a toda la gente de Apaneca y hasta de lejos venían a buscarlo.

Dos detalles se me olvidaban apuntar, y es que mi abuelo practicaba por encargo la castración de bovinos, por la demanda de bueyes y cerdos para el engorde que había. Un día Don Rosendo lo vio que lo hacía muy rudimentario, fue entonces que le preparó un aparatito que lo bautizaron con el nombre de “kalaka” y que consistía en dos tablitas de madera unidas por una bisagrita metálica… a la hora de la operación en lugar de agarrarle los testículos del animal con las manos, y si el animal no los escondía, lo hacía con la kalaka. Un recuerdo tengo yo de esto… que una vez probé testículos picaditos con cebolla y tomate, preparados por mi abuela.

Un día vino de visita don Chendo y traía una botella de licor especial… En esa ocasión observó que a mi abuelo le costó agarrar a la gallina que se iban a almorzar. Cuando celebraron otra vez el día de su santo, le trajo un fusilito que parecía de juguete, era pequeñito y de un solo tiro “U” corto … Cuando ya estaban un poco a “tranca”, mi abuelo le dijo a don Chendo “Mirá, ¿por qué no te hacés unos cuantos para vender?” “¡No jodás! – contestó don Chendo – Si las autoridades ignorantes de aquí se dan cuenta, le avisan a los de Estados Unidos y luego estos cabrones me zanpan a la chironda”.

Ahora ya teníamos cómo comer gallina más seguido… eran tantas, que muchas no venían ni a comer porque estaban empollando a escondidas, eran mañosas decía mi abuelito y por eso quedaban señaladas como sinvergüenzas… cuando les pasaba la cloquera y dejaban los pollitos, mi abuelo me daba la oportunidad  de practicar la puntería… algo que hasta hoy lo lamento porque una vez maté a una coneja que llegaba al sembradillo a comerse las matitas de frijol… otra vez un cheje carpintero pelón que picoteaba todas las naranjas… me da mucha pena este hecho porque hasta hoy en día no he vuelta a ver a otro… me siento culpable todavía.

¿Cuántos servicios habrá prestado a esta comunidad este señor Arriola?… No se sabe porque solo he contado los correspondientes a mi abuelo Antonio… Una vez me contó que siempre que le dolían algunas piezas dentales fue donde él y sin anestesia ni nada y solo le decía a uno “¿Y..y…y… ya la tenés floja? –  y mi abuelo contestaba que sí – entonces manos a la obra… tomate la anestesia que vos trajiste…” y de un solo afuera muela.

En esa época se puso de moda “el diente de oro” … a mucha gente él se los puso. Los que tenían facilidad y dinero se fueron lejos a ponérselos. Los sepultureros de esa época contaban que se habían hallado un su diente … y yo digo ¿Cuántas personas habrá en el mundo que andan con su arito de oro que ya pasó por un cementerio?

LAZAU

 

 

Don Chano Lima

Feliciano Lima creo que era su nombre de pila. Vivió en la 3ª Avenida Norte, entre la 2ª y la 4ª calles, exactamente donde vive la familia de don Salvador Aguilar; allí vivía con su esposa y un hijo que se llamaba Chico Lima, quien le ayudaba en el oficio. La casa era de adobe, toda carcomida por el tiempo, pero ahí ejercía su trabajo.

Don Chano se convirtió en una persona única, importante por la época que se vivía, ya que en las casas no había agua y el cántaro fue símbolo esencial para cubrir esa necesidad primordial… porque todos sabemos que sin agua nadie puede vivir.

Apaneca creció como todos los asentamientos humanos del mundo, cerca de una fuente de agua y nosotros tenemos una que más tarde se llamó San Andrés. Es de imaginar que en sus orígenes el agua se acarreaba en cántaros de barro; don Chendo Arriola hizo muchos de hierro, pero pesaban mucho y por eso no le gustó a la gente, y porque además también se oxidaban. Hasta que apareció don Chano Lima y su hijo Chico que fueron la solución haciéndolos de lámina; no obstante que empezaron a venir de otros lados, don Chano no solo hacía nuevos por encargo, sino que también los reparaba.

Cerrando un poquito los ojos podemos fantasear como si estuviéramos soñando, y ver la gran cola de mujeres de todas las edades, cipotas y cipotes, en el acarreo de agua desde donde se llenaba hasta la salida de la vereda amplia que se había formado con el pateo de la gente … luego se dispersaban cada quien a sus viviendas… A veces los hombres aparecían en ese afán con doble objetivo, “la consiga” decían ellos.

En un principio debió la gente haber llenado sus cántaros en pocitos, pero cuando la población creció, las autoridades mandaron a construir formalmente de acuerdo a las necesidades como se ven ahora esos lugares: depósito grande para juntar el agua y el chorrito para llenar; adyacente al depósito una pila grande para almacenar agua, donde también en el entorno se bañaba la gente a pura guacalada. Aquí también hay, o había, lavaderos de ropa… Este fue un buen proyecto.

Últimamente uno de esos alcaldes que no halló en qué gastar el dinero de los contribuyentes, mandó a hacer una piscina y sacó agua a saber de dónde, lo que pasó es que se convirtió en un charco productor de zancudos; fue un mal proyecto, como aquel político que ofrece un puente donde no hay río…

No siempre el panorama fue halagador, porque las mujeres que cargaban el cántaro en la cabeza, muchas veces resbalaban cuando estaba liso y el cántaro se destrozaba. Otras veces, se empujaban unas con otras por la ligereza de llenar… y no faltaban las riñas por conflictos amorosos que resultaban un tanto divertidos, porque el arma era cántaro en mano…

El alcalde había hecho una cárcel de mujeres con reglitas de madera exactamente donde hoy esta la dirección de la Escuela cuando la alcaldía antigua estaba ahí; pues por supuesto guardaba ahí a la que el policía municipal consideraba culpable y a la otra, la dejaban sentadita en una silla mientras llegaba el señor Juez. Cuando el problema era leve, el alcalde lo resolvía. A veces, el beneficiado de todos estos problemas fue don Chano Lima porque los cántaros rotos ahí le llegaban donde él.

Años más tarde el trabajo de Don Chano disminuyó porque se inventó traer agua de la Lagunita de las Ninfas por cañerías metálicas, que llagaron primero a la Aldea Santa Clara, en donde se hizo una pila grande y bajita para dar de beber agua al ganado vacuno y equino… Luego se continuó la cañería hacia el pueblo, a dos pilas para aliviar el acarreo de agua de la gente pobre; una, ubicada atrás de la Iglesia contiguo a la Alcaldía frente al telégrafo; la otra, estuvo al final de la Avenida 15 de abril Sur y la calle que va al Plan de San Antonio. Como en todo pueblo hay personas más poderosas que otras, también les pusieron “paja de agua”, así le llamaba la gente… Pero el acarreo de agua de la fuente de San Andrés continuó porque el agua era pura y servía para tomar.

La fuente de trabajo de Don Chano continuó porque siempre viajó a Ahuachapán para traer la lámina y el estaño que siempre fueron su matera prima… y nosotros seguimos escuchando el martilleo, haciendo obedecer la lámina con sus herramientas de trabajo.

LAZAU

La Chilita Calderón

La Chilita Calderón fue hija única de mi tía Cándida Calderón, familiares y grandes amigas también de Tanchito e Isabel Villafuerte, que debo mencionarlas porque hablar de una es como hablar de las tres, pues eran inseparables… y juntas están ya en el cielo con nuestro Señor Jesucristo; pero dejaron muy buenos recuerdos.

En la iglesia rezaban y cantaban, lo mismo cuando don Napo Asencio o Memo Vides, no estaban disponibles para la santa misa; ellas se atrevieron a contestarle al mismísimo Ministro cantando y como en ese tiempo la misa era en latín, hasta mejor se oía. Pero lo divertido del caso es que ninguno entendía, ni los presentes ni ellas… pero Dios recibía con agrado su inocencia.

Eran tiempos maravillosos, aunque había defectos de carácter social, como es el caso de que los reclinatorios de adelante tenían el nombre de “la Doña” y que solamente ella podía ocuparlo mientras que su marido se quedaba atrás parado junto a los demás. Yo me acuerdo que cuando iba a misa con mi papá, me quedaba atrás con él… mala crianza para mí. Las personas comunes se sentaban en las demás bancas. Era notorio cuando las señoras de la alta sociedad no habían llegado… En los rezos del pueblo y en los cantones, su participación fue igual; importantes ellas porque las esperaban con gran ahínco y cuando llegaban, las recibían con aplausos.

Una vez cuando yo era un cipotillo, me llevaron en diciembre a un rezo de los Tres Patrones a Quezalapa, allá donde mama Chenta de Gallardo, dicho sea de paso, es familia de los Villafuerte y de los Calderón, fue entonces que me di cuenta de la alegría que acarreaban la Chili, la Chave y la Tanchi. La tarea cabal de la noche, se completaban con tres rezos de calidad y con cohetes en cada intervalo, y con música de cuerdas, y con baile también.

Hay cosas que a uno de niño lo impresionan y no se olvidan, como haber visto a don Toño Gallardo haciendo girar como trompo el contrabajo y sonándolo al mismo tiempo; lo mismo ver bailar a su edad a la niña Tencha, hija de mama Chenta… Por la mañana había muchos bailarines botados porque la chicha estuvo buena… Nosotros ya nos veníamos cuando vino corriendo el tío Beto Calderón con la tanatada de tamales y le dijo a la Chilita “Haceme el favor de llevármele esto a la Anita porque yo tengo que quedarme, ya que hoy salimos para Shucutitan y el rezo será donde la niña Juana Calderón de Saz”.

Hasta aquí he contado un ejemplo bonito en el que participaron estas tres mujeres. A excepción de la Chilita, quiso la suerte que las otras dos fueran más hogareñas, mientras que la Chilita fue más liberal y eso le valió servir no solo cantando y rezando, sino también demostrando tener gran espíritu de servicio en favor de los demás, sobre todo en los más desposeídos o todos aquellos que en un momento dado se lo pidieron. Yo me acuerdo una vez que un preso, en son de broma, le pidió ayuda, y como se necesitaba dinero ella anduvo pidiendo a familiares y amigos y para ajustar, hasta yo caí con cien colones y… ¿Qué pasó?   pues lo sacó libre… Ella me contó que cuando fue a darle la noticia y que alistara sus cosas para salir, el hombre se puso bravo…  ¡No quería salir! Pero, ¿Por qué sería? pues el hombre tenía un gran negocio dentro del penal, donde vendía desde churros y dulces, hasta cigarros… y a saber que más.

Cuando en el pueblo o en el campo había una persona enferma, los familiares casi por tradición decían “Vayan a llamar a la Chilita, solo ella nos puede ayudar o decirnos qué hacer”. Ella, tardaban más en expresarle el mandado, cuando ya había tomado su chal y su bolso donde tenía el instrumento para inyectar alguna ampolla para quitar el dolor o pastillas comunes para cualquier emergencia… Su carisma era tal, que con su presencia y los montes medicinales que no faltaban en los patios de las casas o en los bordos de los caminos, el enfermito o enfermita se componía. Ella propia que conocía los montesitos, preparaba los menjurjes y enseñaba a los familiares a cómo administrárselos al enfermito o enfermita, y les decía “Te voy a dar esta tomita en el nombre de Jesús y de la Santísima Virgen María para que te compongás, y mañana cuando te levantés les des las gracias… y ustedes familia pasen poniéndole estos trapitos en la frente con agua serenada hasta que le baje la calentura… y también ésta aguita a cada ratito para que orine bastante y el mal se vaya”… Y no me van a creer, al día siguiente que fuimos para ver el resultado, el enfermito ya andaba caminando como nuevo.

En otra ocasión que fui con ella para ver a un señor con enfermedad terminal, por el lado de Tizapa, yo no quería ir porque tenía que viajar para ver a mi familia en San Salvador; pero al ver que ella sola no podía con las cosas que llevaría, me vi obligado a quedarme y colaborar con ella. ¿Saben qué estuvo haciendo? Pues compró una colchoneta y la estuvo trabajando días antes. Como ya había visto las dificultades de los familiares para manejar al enfermo, ella ya sabía cuál era la solución, pues la enfermedad era cólera (diarrea) y cuando el señor excretaba, atascaba toda la cama, las cobijas y hasta las almohada… Ya verán lo que la niña Chilita estuvo trabajando… Pues le hizo a la colchoneta un corte circular tanteando las nalgas del enfermo, y así cuando el señor excretara el líquido caiga en un valde que colocaron debajo de la cama, facilitando así el manejo del aquejado… Además, ese mismo día la Chilita llevó dos baldes plásticos, una almohada, bastante papel higiénico y un par de cobijas… El dueño de la finca donde vivía y trabajó toda la vida ni cuenta se dio, hasta el día de su entierro cuatro meses después que yo acompañé a la Chilita a ese lugar.

En un año que yo viví cerca de ella, en la misma casa, fui testigo de cientos de acciones relevantes que en este espacio escrito no cabrían. Ella procreó dos hijos y una hija que al final se fueron lejos, pero siempre estuvieron pendientes de ella, principalmente de su salud; pero sucedía algo raro… y es que al final del mes ya no tenía nada de lo que le mandaban ellos… ¿Y saben el por qué? pues cuando tenía centavitos, como decía ella, se iba a visitar a sus amistades o familiares pobres, y cuando ya se iba les quería dar un dinerito… y como se negaban a recibirlo, al rato volvía y en un descuido ponía el dinerito debajo del plato o de una tasa… y entonces se iba… nadie le podía decir nada, pues era su gusto… Una vez que uno de sus hijos me llamó para preguntarme sobre el caso, tuve que decirle la verdad… ella se enojó terriblemente conmigo… y no se contentó hasta que le pedí perdón.

Hubo una época que yo me fui lejos a Metapán por razones de trabajo, pero siempre cuando venía al pueblo la visitaba. Lo bueno es que ella nunca perdía el buen humor, me contaba con gracia todo lo que le había sucedido. En esa ocasión, entre tantas cosas me contó que al hijo mayor se le metió en la cabeza aprender a manejar y para ello compraron un pick-up viejo, pero caminaba y con el acarreaba de todo. Una vez que lo contrataron para acarrear leña bofa – que más parecían chiriviscos – para que le ayudaran a cargar invitó a Nando Orantes, amigo suyo; se fueron al cafetal cerca de El Rosario y subieron la leña, y Nando por gusto propio se vino encima del vehículo… Al llegar a la altura del bosquecito de cipreses, cerca del camino del paso, al lado derecho hay o había un barranquito… ¡Ahí volcó el camioncito!… La gente que por ahí transitaba a esa hora corrieron a avisarle a la Chilita que vivía cerca en la Aldea Santa Clara… Entonces sale ella apresurada también, encontrando a su hijo todo atarantado y llorando que decía ¡Ay mamá le di vuelta al camión! ¡Ay mamá el culito! …y repetía y repetía lo mismo… y la Chilita le tocaba las nalgas y le decía “Si en el culo no tenés nada” Y él le decía “No mamá si el Nando Culito venía conmigo y está ahí bajo la leña” … El montón de gente que ya había llegado conmovidos, movieron la leña y revivieron a Nando que estaba todo dundo y rayado por los chiriviscos que le cayeron encima.

De Ercilia Calderón cuántas cosas buenas sabrá nuestro querido pueblo, cosas que se saben y no se dicen, y que son ejemplos de vida para aprender a amarnos los unos con los otros como buenos cristianos. Ella nunca se quejó por no tener dinero, creo que era su hobby; pero cuando lo tenía, se iba a la calle a visitar a los familiares y amistades para encontrarse con alguien que la necesitara para así servirle.

Su modo de llevar la vida terminó cuando quizá se influenció por las costumbres de algunos familiares y amigos que dejaron de asistir a la iglesia católica, por abrazar otras creencias, aunque en esencia son iguales. Compró su biblia y pasaba leyendo horas enteras… Iba a su nueva iglesia y hacía sus visitas a las casas de siempre… Creo que la alegría ya había terminado… La muchacha que gentilmente la visitaba todas las mañanas para ayudarle en sus necesidades, la encontró sin vida con su biblia en las manos.

LAZAU

 

 

 

 

Filomena Calderón

De Filomena se podría decir muchas cosas, pero que yo no sé; pero si puedo expresar mi agradecimiento en este espacio por una acción inolvidable de ella la primera vez que me enfermé gravemente de lumbago.

Fuimos a un paseo con los alumnos del Instituto Diocesano San Andrés… estábamos celebrando el final del año escolar; estando allí ya sentí un pequeño dolor. Regresamos… pero cuando eran las doce de la noche, me llegó un dolor insoportable, tanto que nadie me podía tocar y pegaba bufidos como de toro. Mi madre que estaba conmigo corrió a buscar a Filomena, y junto con uno de mis hermanos y otros miembros de la Cruz Roja me subieron a la ambulancia que ya habían llamado; no se podía de otro modo… y Filomena y mi madre en ningún momento me dejaron solo.

Traigo a cuentas esta historia porque yo fui el principal testigo, pero si nos preguntamos ¿Cuántos casos iguales atendió Filomena? … pues la respuesta la tienen los beneficiarios y beneficiarias de las buenas acciones que hizo estando ella como voluntaria de la Cruz Roja.

Su madre fue la señora Narcisa Calderón y su padre don Saúl Morales, y por supuesto, es nieta de mama Chenta Calderón, a quién todo el tiempo acompañó a sus actividades cuando era pequeña; en las fiestas, en los bautizos, en los casamientos y hasta en los velorios, Filomena siempre estuvo con su abuela… Dicen que el espíritu de servicio ya lo traía en la sangre … otros dicen que la junta con mama Chenta le despertó el interés por servir al prójimo… sea por herencia o por imitación da lo mismo.

Filomena ya envejeció y el otro día vi la noticia por las redes sociales que está enferma y necesita un marcapasos y yo desde aquí no puedo hacer nada ya que estoy igual. Varias personas han querido colaborar y algunas me comentaban que ya era tiempo que en Apaneca hubiera un comité que velara por las necesidades de las personas mayores, quienes ya dieron su vida útil en beneficio a la comunidad y que no tienen quién por ellos ahora… y que no sea una organización “pegada con saliva” como decimos por aquí, sino una sólida y hasta con personería jurídica… Ojalá aparezcan unos cuantos jóvenes con nuevas ideas por aquí para que hagan realidad lo que los mayores ya no podemos hacer.

LAZAU

La niña Chañita Asencio de Carias

Niña Chanita le llamaba la gente, me imagino que su nombre de pila era Susana. Yo la conocí como una persona común trabajadora, que iba y venía entre muchas mujeres señalándoles a cada una sus funciones dentro de su negocio; por supuesto, lo poco que yo vi cuando iba a comprar algunas golosinas o cuando mis papás me mandaban a comprar la rica y llenadora semita alta, o la sabrosa shashama que solo en Apaneca han sido conocidas.

La niña Chanita fue una famosa emprendedora exitosa. Yo recuerdo que la alegría cundía a medio año, para ser preciso, una semana antes del siete de agosto. Muchos nos hemos preguntado cuál fue el verdadero origen de las fiestas de San Cayetano porque la niña Chanita las organizó al estilo de las fiestas patronales. El pueblo “tronaba” como decían los viejitos de aquella época; solo baile de gala no había, por lo demás era igualito: música de banda, cohetes a cada rato o cuando las “entradas” que venían de los cantones traían su propia música, limosna y flores para San Cayetanito, el que estaba en una sala grande. Las entradas de los barrios del pueblo eran acompañados también por la banda, pues había un horario para cada cual. Nosotros los cipotes después de la escuela no faltábamos a la fiesta.

Investigando encontré que San Cayetano era un clérigo que nació en un pueblo muy lejano llamado Vizenza, Italia, en el año de 1480. Unos clérigos Teotinos viajaron a Argentina y llevaron una espiga de trigo que se supone que Cayetano envió como un reconocimiento a los clérigos que ya habían fundado un convento. Estos sin duda sembraron la semilla y luego hicieron pan. Por este gesto le empezaron a llamar a San Cayetano “Patrono del pan y del trabajo”. Yo me imagino que como la niña Chanita desde que inició su negocio fue “hacer pan y dar trabajo”, algún sacerdote que conocía la historia de la vida de San Cayetano le sugirió que celebrara su Día, para que así su negocio creciera mucho más. Valga la observación que la niña Chanita sola no podía hacer nada y que, para llevar adelante el proyecto siempre tuvo como brazo derecho a Esperancita Nájera.

Yo recuerdo muy bien esos días antes del 7 de agosto cuando comenzaban a poner ramadas alrededor de la casa de esquina que queda entre la Avenida central y la 3ª calle oriente. Esa sombra se hacía para protegerse del sol cuando llegaban las “entradas” y la gente se sentaba a oír la música de la banda, y hasta los chichipates descansaban ahí a esperar una bendición.

Ese día siete de agosto es el mero día de San Cayetano, quizá en esa fecha, cuenta la historia, se le apareció Jesús cuando oraba en una capilla y le entregó un bebé para que le buscara un buen destino; ese día, en Apaneca se le llevaba a la iglesia para celebrarle su misita de “tres ministros”, como decían los feligreses, cuetería y música de banda al salir en procesión hacia su casa.

LAZAU